¡MUY BUENOS DÍAS!
Hojas perdidas,
estanque has de tener.
Camino, vuelve.
El otoño sigue haciendo sus estragos de frío, las hojas se han de perder y pronto llegará el invierno, la nieve se ha de ver y hasta entonces… Abrimos la rotativa de esta revista digital con una obra de pintura impregnada de sentimientos.
Hoy además cuento con la participación de Francisco Gómez Valencia amigo y colaborador habitual de La Paseata, politólogo y sobre todo buena persona. ¿Qué más podemos pedir? Que nos leáis.
Hamlet Shougrakpam. Manipur, India. Desde niño tenía pasión por pintar, rodeado de naturaleza, se inspiraba en los paisajes que tenía alrededor. Se formó en la Universidad Visva Bharati (Santiniketan, Bengala Occidental) para obtener la licenciatura y maestría en Bellas Artes. Artista autodidacta. Ha participado en infinidad de exposiciones individuales y colectivas. Su arte se puede ver en vídeo.

«Estanque del amanecer» Por Francisco Gómez Valencia
Transcurro fluyendo como el destino me escribe
aunque hubo quien me contó lo que la suerte me trajo
cierto será que fui porque dicen que aún insiste
pero aquí bajo con cierta calma, ya no busco atajo.
De mi descanso, medito, aprendo y disfruto
de mi existencia escribí las curvas con sapiencia
no hay rencor, no hay pesar, pues en ello me ocupo
ya conozco mi final y agradezco toda mi vivencia.
Con alegría y fulgor voy tirando pues solo soy parte
de un lejano torrente fuerte, grande y poderoso.
Cansado me acomodo pues no me falta cierto arte
no tengo ninguna prisa, espero, todo es hermoso.
Atrás quedaron los nervios por querer llegar
total, que más da, en algún lugar habría que parar.
Podrás intentar dar todas las vueltas que tú prefieras
pero yo aquí me paro y me quedo: ya no hay más.
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«Estanque del amanecer: Por Mila Soyyo
Se acumuló el agua de lluvia,
dio un giro sin yo querer,
a ver el pequeño estanque
un otoño, entre árboles con sed.
Allí se hallaba un libro,
un tomo roto de fe,
sabiendo que nadie busca
aun así, me lo encontré.
El cielo de azul intenso
anaranjado también
donde escuché un aullido
del lobo que imaginé.
Y la esperanza se cruza,
con miedo a no tener,
un rincón para el olvido,
una luz para volver.
No tomé el libro del agua
dejé respirar su piel,
hay hallazgos que sobreviven
si no los quieres poseer.
El lobo calló en el cielo,
la nube empezó a caer,
y el estanque guardó su espejo
como guarda un viejo ayer.
Me fui sin romper el otoño,
sin aprender a entender,
con la fe aún hecha pedazos
andando de nuevo sobre mis pies.
A veces no se regresa,
a veces tocar es volver,
y aquel rincón sigue latiendo
cada vez que dudo de mí también.
***
Expreso mi agradecimiento a Francisco Gómez por su interés y estar a mi lado en esta ocasión, y a Manuel Artero por la confianza depositada y la publicación de este artículo
Desde vuestra revista digital La Paseata os deseamos a todos que tengáis un maravilloso día. Recordar que cada uno de nosotros tenemos una historia que materializar.
¡Feliz jueves!
MMB

