Rebeca Argudo: la entrevistadora entrevistada. Por Diego Pardos 

Rebeca Argudo: la entrevistadora entrevistada. Fotografía de ©Jeosm

 A Rebeca Argudo le gustan los jerseys a rayas, como a los Hombres G. Que le dan un aire adolescente o de universitaria como si estuviera haciendo las prácticas. (¡Si don Torcuato Luca de Tena levantara la cabeza!) Es una de las periodistas más gamberras del ajetreado y borde oficio. Columnista y entrevistadora en el ABC, responde hoy a nuestras preguntas. 

  

-Rebeca Argudo. ¿Una mallorquina en Madrid? 

 

-En realidad, ni soy mallorquina ni estoy en Madrid. Nací en Valencia, vivo en Mallorca, en un pequeño pueblo de la Tramuntana, y paso la vida a caballo entre la isla y Madrid por cuestiones laborales. Así que, atendiendo a lo que decía Max Aub (uno es de donde hizo el bachillerato) y a dónde paso más tiempo, lo ajustado sería decir que soy una valenciana viviendo en un avión.  

 

-Lo diría Max Aub, pero también Antonio Mingote, que hizo el bachillerato en Teruel. 

 

-Es que Teruel existe, sí, y tiene un museo paleontológico bien chulo. Pero si tengo que elegir entre Aub y Mingote, me quedo con Aub.  

 

-¿El cazador cazado? 

 

-Pues eso parece, pero el mundo es de los valientes. Así que dispara.  

 

-Cuando eras pequeñita, ¿se leía el ABC en tu casa? 

 

-No, en mi casa se leía El País. Tanto mi padre como mi abuelo eran lectores habituales de prensa, así que lo normal era encontrártelos por la mañana en la mesa de la cocina leyendo el diario mientras tomaban el café. Pero estoy segura que de trasladar a aquel momento eso en lo que se ha convertido hoy El País y lo que es ABC hoy en día, serían lectores de ABC 

 

-¿No te da vergüenza hacer entrevistas sobre los siete pecados capitales en un periódico tan pío? 

 

Para nada! A mí no me da vergüenza hacer nada de lo que hago porque solo hago cosas en las que creo y de las que estoy convencida. Por eso puedo defenderlas. Otra cosa ya es que a los demás les pueda gustar o interesar más o menos lo que hago, pero nunca haría nada en mi trabajo en lo que no creyese. También te diré que algunos lectores escribieron a la defensora del lector de ABC a protestar por la sección. Pero ahí sigue, lo que demuestra el compromiso de este periódico con la libertad de expresión y la pluralidad.  

 

-Tampoco hay que enfadarse, no he dicho nada. 

 

-No me he enfadado, hombre. Casi nunca me enfado porque hay muy poca gente que me importe tanto lo que dice o lo que hace como para eso. Eso sí, cuando lo hago soy terrible. Si algún día me enfado, no lo dudes, lo notarás.  

Cuando me enfadado soy terrible… Fotografía de ©Jeosm

-Estuviste también en La Razón. Lo que no me explico es que colabores en una revista como El Batracio Amarillo, que tiene un nombre tan feo. 

 

-Estoy orgullosísima de escribir en El Batracio, que a mí me parece tiene un nombre genial y que es una publicación fantástica que recomiendo a todo el mundo. Los conocí escribiendo un reportaje para La Razón sobre el papel de las revistas satíricas durante la transición, que es la tradición donde hunde sus raíces El Batracio. Y me enamoré de ellos. Desde entonces, en la medida de mis posibilidades porque no tengo demasiado tiempo, colaboro de un modo u otro con ellos y estoy muy agradecida de que me permitan chapotear en todos los charcos que les propongo junto a firmas a las que respeto y admiro del humor gráfico.  

 

-Como Nieto. Por cierto, acaba de morir Alfonso Ussía. ¿Muere con él el gran humorismo escrito?  

 

-A Nieto le adoro y le admiro a partes iguales. Y sí, lamentablemente, nos ha dejado Ussía, un grande del columnismo con un sentido del humor envidiable y padre, además, de otro gran columnista y compañero en ABC. No creo que muera con él el humor escrito pero sí creo que es una gran pérdida que lo deja tocado.  

 

-¿A ti te parece serio ir de flor en flor por las tertulias, sin rumbo fijo? 

 

-Me parece serio porque solo colaboro con aquellas tertulias que me parece que aportan algo a la conversación pública y me alejo de todas aquellas que confunden (y tratan de confundir al espectador) entretenimiento e información. Me parece fenomenal que existan y que acudan otros compañeros, pero yo no. No es mi ámbito.  

 

-Últimamente, una serie de periodistas y colaboradores de prensa han salido algo protestones e indisciplinados. ¿Temes acabar en Soto del Real? 

 

-A mí, tal como están las cosas, ya no me sorprendería ni una demanda ni una hostia a mano abierta. Me entristece que así sea, pero ha calado la idea entre el público de que hay cosas que no se deben decir y asuntos que no se deben abordar. La noticia buena es que algunos lo seguimos haciendo, luego no está todo perdido. La mala es que otros que lo harían no pueden permitírselo, por miedo a un despido, al desprecio público o al reproche de amigos y familiares, y no se pueden pedir heroísmos a nadie. Estamos a punto de que llegue ese momento del que nos advertía Chesterton en que nos veremos obligados a desenvainar sables para defender que el prado es verde.  

 

-¿Por qué te expresas con tantas palabrotas y dices tantos tacos? Con la gente hay que ser amable. 

 

-Yo soy muy amable con la gente y también hablo muy mal. Hay a quien le molesta, pero a mí me molesta que se mastique con la boca abierta, que no se hable de usted a los mayores, que se conjugue mal el imperativo o que se abuse de las anáforas. Y me aguanto. Lo bueno es que nadie está obligado ni a leerme ni a escucharme, así que yo puedo seguir expresándome libremente y el resto de ciudadanos puede elegir si me presta atención porque le gusta o prefiere atender a otros profesionales que se expresen de otro modo, que los hay y son estupendos.  

 

-¿Te atreves a desvelar el nombre de un colega con el que coincidas en casi todo y otro al que no soportes? 

 

-Con Juan Soto Ivars y con Alberto Olmos coincido en casi todo. De hecho, me alegra mucho cuando no lo hago, que no recuerdo ahora la última vez, porque eso les humaniza. 

 

No soporto a Pedro Simón, por mucho que me interese el tema que trata, ni a Lucía Méndez. No les conozco de nada y seguramente son estupendísimas personas y muy amigos de sus amigos, yo hablo de sus textos. Y, de conocerles algún día, estoy segura de que podríamos tener largas conversaciones interesantísimas y tomar cañas (invitaría yo), y reírnos mucho. Pero seguiría sin leerles porque no lo soporto.  

Me iría de cañas, si le dejaran salir un rato de Soto del Real, con Ábalos. Le dejaría hablar a él… Foto de ©Jeosm

-¿Queda algún político con sentido del humor? ¿Te irías de cañas con alguno? 

 

-Yo no tengo mucho trato con políticos. Es más, no tengo ninguno. Pero supongo que sí quedará alguno con sentido del humor. Otra cosa es si es un sentido del humor compatible con el mío. Pero tenerlo, seguro que lo tienen.  

 

Me iría de cañas con Jaime de los Santos, con Borja Sémper o con  Aurora Nacarino-Brabo. Pero no hablaríamos de política, hablaríamos de libros. También me iría, si le dejaran salir un rato de Soto del Real, con Ábalos. Le dejaría hablar a él.  

 

-Recomiéndame un libro y una película. 

 

-Te voy a recomendar el último libro que he leído y la última película que he visto. 

 

El último libro que me he leído es “Periodistas en tiempos de oscuridad”, de Fernando Belzunce. Es un libro imprescindible porque traza, a través de entrevistas a relevantes periodistas de todo el mundo, el estado actual de nuestra profesión. Muy recomendable, no solo para periodistas.  

 

La última película que he visto es “La Navidad está servida”. Es terrible.  Pero es que yo el día 1 de diciembre empiezo a ver todas las películas malas de navidad que encuentro en todas las plataformas de cine y ya no paro hasta después de la noche de reyes.  

 

-Las llamadas redes sociales, ¿son un tostón o una oportunidad? 

 

-Para mí las redes sociales son como una máquina del café brutalista en una oficina. Como escribo en el bar, porque necesito ruido para concentrarme, y no tengo compañeros cerca, solo parroquianos con los que no voy a comentar la actualidad, pues cuando hago un descansito o tengo un minuto, echo un ojo rápido, contesto algo a alguien que me cae bien, comento una noticia… Y con las mismas sigo a lo mío, a otra cosa. No presto atención a polémicas ni a trolls, ni haters, tengo silenciadas las notificaciones y solo leo a quien me interesa. Así que para mí es una herramienta para echar un ojo al mundo desde mi imperturbable y cotidiana tranquilidad. Y, cuando cierro el ordenador ahí, se quedan los gritos y no interfieren en mi vida para nada. A veces estoy ahí, en el jardín, con mi café con leche, mirando lontananza, y recibo un mensaje de alguien preguntándome qué ha pasado y si estoy bien. Y yo: pues no sé, cuéntame tú. Y cuando me dicen que la que he liado, yo no me he enterado de nada. A veces no se lo creen, pero es verdad: yo no leo los comentarios más que los de los amigos y ni siquiera todos ni siempre, así que como para enterarme de lo que dice gente que no conozco. No leo ni los comentarios que hacen a mis columnas en el periódico. Creo que las redes pueden ser una cosa o la otra dependiendo del uso  que se les dé. Y el uso que yo les doy es totalmente lúdico.  

 

 

-A mí me gusta leer el periódico en papel, pero… ¡vaya precios! 

 

Vaya precios y qué complicado es encontrar un quiosco ahora. En el centro de Madrid se han convertido casi todos en tiendas de souvenirs. Es un horror. Con lo agradable que es llegar paseando hasta el quiosco, saludar al quiosquero, comprar el periódico en papel y sentarse en una terraza al solete a leerlo de arriba a abajo sin que nadie te moleste… 

 

 

-¿Cuál es para ti el mejor columnista de España? ¿Y el mejor vicecolumnista? 

 

-Es muy difícil elegir solo uno, pero creo que el mejor ahora mismo es Alberto Olmos. Y vicecolumnista, pues no sé, diría Soto Ivars. Aunque podría decirlo al revés y también estaría de acuerdo conmigo misma. Pero me dejo fuera a muchos que me parecen muy buenos y a los que leo siempre y que también podrían serlo perfectamente: Rubén Arranz, Maite Rico, Cristian Campos, David Mejía, José Ignacio Wert, Jesús Lillo, Ramón Palomar, Jorge Bustos, Rafa Latorre, Iñaki Ellakuria, Berta G. De Vega, Chapu Apaolaza… Tenías que haberme preguntado que, de ser jefa de opinión en ABC y tener cheque en blanco para fichajes, cual sería mi equipo ideal.  

 

-Tú te lo has buscado. De ser jefa de opinión en ABC, ¿a quién echarías? 

 

Jajajajajaja, eres malvado. No te puedo decir a quién echaría, que los hay, porque me parece una desconsideración decir eso de compañeros de mi propio periódico y, sobre todo, porque imagínate que lo digo y luego son ellos los que acaban siendo jefes de opinión. ¡Me tocaría buscar trabajo! Lo que sí te puedo decir es algunos a los que seguro no echaría y que, de no estar ya, llamaría para hacerles una oferta irresistible: Ramón Palomar, Jesús Lillo, Ignacio Camacho, Pedro Cuartango, Juan Manuel de Prada, Alfonso J. Ussía, Alberto García Reyes, Chapu Apaolaza, Berta G. de Vega o María José Solano no podría faltar en mi equipo.   

Me encanta cuando me llaman por el apellido… Foto de ©Jeosm

-Oye, Rebeca. Se confunden mucho con tu apellido. ¿No has pensado en cambiarlo, por ejemplo por un Pérez-Castejón, que es más facilito? 

 

-Pues la verdad es que no. Me gusta. Pero es verdad que esa R ahí despista. Una vez una funcionaria me quería convencer de que mi apellido era Agudo y que lo pronunciaba mal. Pero al final ganamos mi dni, el registro civil y yo. Como además no hay muchos Argudo, no es como un Pérez o un García, pues no hay mucha equivocación. Además, me encanta cuando me llaman por el apellido, como si me fuesen a amonestar.  

 

-Cambiando de tema: ¿Has comprado ya la baliza para el coche? 

 

-No tengo baliza, ni coche, ni carné.  

 

-Por último: ¿Eres entusiasta del Madrid Central, como Martínez-Almeida? 

 

-Soy entusiasta de Madrid en general. Es una ciudad que me encanta, me parece preciosa, acogedora en su justa medida e inabarcable al mismo tiempo, y me pone de muy buen humor. Yo a Madrid lo elevaría a los altares, lo santificaría. Y Madrid Central me parece una buena idea pero mal ejecutada: no veo mal preservar el centro frente a un trafico insufrible pero me da rabia que al final esas medidas acaben afectando siempre a los mismos. También te digo que, en Madrid, el coche es un poco coñazo. Pero claro, una cosa es que tú optes por no cogerlo para ir al centro y otra que te lo impidan. Si me pides ir al grano, me gusta que se protejan y peatonalicen los centros de las ciudades. ¿Qué le voy a hacer? Me gusta callejearlos tranquilamente. Ni siquiera es por cuidar el medio ambiente.  

 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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