
«¿A cuántas pobrecillas se han pasado por la piedra? Nunca lo sabremos, lo que si sabemos es que a Yolanda Díaz y al resto de mujeres ministros les importan un carajo»
Dicen los expertos que el feminismo que padecemos, nació en un tugurio de Malasaña a la luz del canuto de un abusador compulsivo. El asunto era como vivir de las mujeres, sin que se notara demasiado, es decir, como hacen los proxenetas, pero sin que sus chicas hicieran la calle.
Hasta este momento, y después de lo que ha salido en prensa, todas y cada una de las voceras del feminismo, han callado, tampoco han denunciado a los abusadores, ni han roto con el marrano que lo consintió y amparó. Quiénes callan otorgan, quiénes lo silencian son cómplices, quiénes lo perpetraron unos guarros. ¿Han visto a la Montero y a la Yoli como balbuceaban frases inconexas? ¿Han visto a la izquierda bolivariana abrir sus bocazas? La sombra del fumeta de Malasaña es alargada, y ostensiblemente chepuda.
Qué mejor final para este capítulo, que recordar el penúltimo escándalo del sanchismo, o como quieran llamar este pastiche mugroso donde altos cargos socialistas participaron en corridas, y alguna que otra novillada toreando vaquillas previamente anestesiadas.
Que mejor anestesia que el dinero, que mejor silencio que el que genera el miedo a la falta de trabajo. Ante tales disyuntivas solo cabe la denuncia, o la perpetua desesperación por haber callado. Con Sánchez en el poder las cosas no son como tendrían que ser, si no como Sánchez quiere que sean, o dicte a su fiscalía.
La fiscalía actúa de oficio cuando la jauría mugrosa lo exige, pero cuando se trata de ellos, dan la callada por respuesta haciendo de la omertá la mejor defensa del cabrón abusador. ¿De quién depende la fiscalía?
Ser mujer y estar cerca del poder zurdo es peligroso, sobre todo cuando los lobos tienen el poder, y el amo del caladero es el puto amo de la manada. Magnífico ejemplo el que exhibe esta izquierda rancia y liberticida, donde lujuria lascivia y saqueo prologan su ideario.
Sobre este particular cabe subrayar que, durante la presidencia de Sánchez, las acciones más relevantes de su gobierno fueron planeadas en tugurios y paradores, por sus primeros espadas, ellos sentaron cátedra a base de bajonazos, y algún que otro descabello previa ingesta de viagra. Que el presidente de la plaza fuera Sánchez, nadie lo duda, no por presencia regalando orejas y rabos, sí por continuo consentimiento mascullando después que no sabía nada.
Casualidades de la vida, o no tanto, si atendemos a los antecedentes que de ello obran en todos los sumarios hasta ahora conocidos, donde el común denominador era la afición de los prebostes sociatas a frecuentar prostíbulos, o vivir de ellos. ¿Se es socialista porque se es feminista? O se es progresista porque también se es putero.
En este año que termina, la corrupción del gobierno ha superado todos los rankings habidos y por haber, emergiendo erguida e inhiesta la esencia misma del sanchismo. Deberían abolir el puño y la rosa, y poner en su lugar un enorme pene de bronce a lomos de una yegua catalana, o vasca, más que nada por reafirmarse en sus principios.
Las mismas hienas que pedían galeras para Rubiales por el beso a Jennifer Hermoso, guarrean impertérritas y silentes como cerdas en porqueriza ante los continuados abusos del esbirriato de Sánchez.
Se nota y mucho la impunidad en que se movían, tanto era así que a su secretario general le pareció magnífica la idea de ir por los pasillos de la Moncloa con la bragueta bajada. ¿Para qué perder tiempo en farragosos preámbulos?
De repente las féminas de la siniestra no hablan, no opinan, no braman, no mugen, no balan, no se atreven a señalar a sus amigos los golfos, no piden a la fiscalía lo que exigieron para otros abusadores. Lo dicho, guarrean como gochas en porqueriza. Antes muertas, que dejar de percibir el salario de la vergüenza, cómo muestra de sus principios, basta.
Se puede ser guarra en la más amplia acepción del término, pero vivir de serlo no solo es de guarras, sino de gentuza cuya procedencia política procede de una cochiquera. Miren ustedes, los asuntos desagradables, los más duros y repugnantes, se tratan de la forma más dura posible, como no podría ser de otra manera.
En una sociedad donde los remilgos la cobardía, las mentiras oficiales son parte del paisaje, la dureza del lenguaje a emplear en estos casos no debería ser criticada por vulgar, si no repetida hasta la saciedad como lema ante la injusticia ejercida desde la presidencia del gobierno.
¿Dónde están aquellas modorras que pedían largas condenas para Rubiales? La desfachatez de estas idiotas enfurruñadas cabalga tantas contradicciones, que nunca sabremos si siguen relamiendo sudorosas detumescencias, o hacen como que no saben lo que acaban de hacer.
Largo muy largo el camino del socialismo ladronazo y puteril. Desde aquellos “vales al portador por un polvo”, textual, expedidos por los comisarios políticos del frente popular durante la guerra civil, hasta el magreo lascivo y sistemático de los amigotes de Pedro a las jóvenes que trabajan en la arcadia de Ferraz.
¿Cuántas mujeres han sido víctimas de estos golfos? ¿A cuántas pobrecillas se han pasado por la piedra? Nunca lo sabremos, lo que si sabemos con rotundidad es que a Yolanda Díaz y al resto de mujeres ministros les importan un carajo, es decir, tres cojones y el mango.
El tirano dirá que no le consta, que no lo sabía, que ni siquiera conocía a los cerdos que abusaban a la sombra de su poder, pero nunca podrá negar que eran sus más estrechos colaboradores.
Corrupción sin tapujos, abusos sin freno, tan a las claras que produce sonrojo. Sin temor a nadie, amparados en la misma impunidad que exhibe el que lo permitió, Sánchez. Decir que no conocía las hazañas de burdel de sus acólitos, o el desfile de braguetas a veinte pasos de su despacho, es otra de sus patéticas patrañas. ¡Qué asco dais reputísimos guarros!
(Próximo y último capítulo del año, Apocalipsis, la traca final)
¡VIVA LA LIBERTAD!
¡VIVA ESPAÑA!

