Conversaciones en el andamio: Sobre Santos Cerdán. Por Francisco Gómez Valencia

Sobre Santos Cerdán.

«Santos nunca ha sido de los que se esconden pero iba detrás, me juego caña y pincho que estará encantado llegado el caso de llevarse a unos cuantos por delante»

No me pone nada este personaje pues su mero aspecto denota lo que provoca. Dijeron que su profesión es la de manitas y bien largas (por los indicios presentados) se ve que las tiene. Dudo que la idea primigenia fuera suya, no le pega, sin embargo lo que sí y mucho, es el hecho de haber permitido que su Señora, la Paqui achicharrara mensualmente la tarjeta de crédito en el Corte Inglés sin miramientos y pudor. La mi pobre no pasará a la Historia entre las esposas de los Secretarios Generales del PSOE por su constricción, pues a la vista de sus compras parece que se olvidó de controlar los cuartos que se pulía.

Que esa empresa navarra de la que ahora reniegan le recargara una y otra vez la tarjeta a tutiplén  debió ser magnífico y es que esa consideración, la de gastadora (y no de La Legión precisamente), explica la condición.

La empresa Servinabar

Yo a Santos, me lo imagino como cualquier ugetista sin fular de los raza Duroc que tienen las pezuñas de oficinista, pequeñas, regordetas y con las uñas grandes y blanquecinas. Imagino también que será de esos que te ofrece la mano blanda y ni te mira al hacerlo. De minga corta pero chorro gordo, de pedorreta fácil y consistente fruto del buen comer y del mejor beber, de risa contraída, de verso inverso, de lengua corta y andares rechonchos, pies hinchados, rodillas quebradizas por el sobrepeso y paquete ya no tan prieto, un Sancho Panza español de toda la vida, escudero y mercenario, de navaja en ristre, aspirante eterno, virrey de su casa y hasta se su propia ínsula ¿Por qué no? Es más, puestos a divagar, es que supongo que el mono que más cerca ha visto en su vida debe ser Amedio (el del pobrecito Marco) por la tele y por la edad que tiene quiero decir.

La trama pintaba bien, de hecho ha pintado bien y es probable que pese a todo, siga pintando bien. Estos tipos van de frente y a por todas porque nadie les ha regalado nada. Les da igual ocho que ochenta, lo cogen y punto. La lían sí y, se fuman un puro con la legislación vigente. Las normas preestablecidas las marcan ellos y además se jactan de hacerlo con un par. Sus allegados del partido (los que ahora no le miran a la cara) decían que era un tipo austero pero la realidad es que es un embustero. Desde aquí arriba no logramos atisbar el horizonte del gallito aunque no pinta bien. Seguramente servirá como chivo expiatorio, pues los partidos cada cierto tiempo se fabrican uno de gran calado, caza mayor, para después cuando la cosa se calme y quien sabe vuelvan a tocar pelo, (aunque todavía se tienen que ir), les sirva como parte del argumentario. Y se le citará y recordará como a ese apestado al que se expulsó, gracias a la contundencia con la que el PSOE dice que hace las cosas, pues el partido siempre está por encima de las personas.

La otra mañana se pasó por el Senado porque no se puede negar. Seguramente su abogado, el cual también dicen que es un tipo siniestro, le debió recomendar que se limitara a soltar el discurso tal y como habrían entrenado la tarde noche del día antes y que después, se limitara a tragar y a meterse la lengua en el culo pero…

El desafiante Cerdán.

Santos es un tío del norte pues. De esos que seguramente ha repartido de joven hostias como panes. Probablemente en su pueblo natal tendrá mote y su familia paterna también y dudo, que tenga que ver con la electricidad. Santos nunca ha sido de los que se esconden pero iba detrás, me juego caña y pincho que estará encantado llegado el caso de llevarse a unos cuantos por delante. Estoy convencido que si no fuera por “la Paqui”, aquí iba a arder Troya. El juez lo sabe, la UCO lo sabe, Sánchez lo sabe, el PSOE lo sabe, la oposición lo sabe, y él lo sabe. Porque Santos es un insolente con dos cojones. 

De momento se está sujetando. Ya me imagino a “la Paqui”: Santos que te pierdes, controla tu genio, que te pierdes y si te pierdes… ¿Qué será de mi? Es que ando “encagondiosado” cariño, a mi no me toca los cojones ese chuloputos, que eso es lo que es ¡Un chu-lo-pu-tos! Y un caradura y un desagradecido… ¡Santos por favor, que te va a subir el azúcar! ¿Azúcar? Más vale que no me toquen los huevos y me tengan de dulce que como empiece a cantar, aquí se va a liar parda ¡Ay Santos, que me vas a matar a disgustos…! ¡Pues bien que no te quejabas en El Corte Inglés! Eso era por tu culpa ¿Mi culpa? ¡Me cago en las columnas del templo del Señor y en los doce apóstoles y la madre que los parió a todos, hostia ya! 

[silencio sepulcral] 

¡Sí tu culpa! Le contesta la Paqui. Porque… no me hacías caso. A ver cariño, le contesta Santos templando gaitas: es que estaba muy liado con lo del partido y eso. ¡Pues eso, que no estabas a lo que estabas! No, si todavía la vamos a tener… ¡Cagondioro!

Feliz día de Santa Eva. 

Españazuela a 19 de diciembre de 2025.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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