La Tregua de Navidad, fraternidad en un escenario infernal. Por Susana del Pino

Asesinato del archiduque Francisco Fernando, Sarajevo, 1914.

«Ciento once años más tarde, en este diciembre de 2025, la Tregua de Navidad sigue brillando como un emblema sereno de esperanza entre las sombras»

En el verano de 1914 Europa se precipitó al abismo en una mezcla de sentimientos nacionalistas y un optimismo que no contempló las dificultades reales. El asesinato del archiduque Francisco Fernando (1863-1914) en Sarajevo el 28 de junio de ese año, ocasionó una cadena de alianzas que llevó a las grandes potencias europeas a la guerra; Alemania apoyando a Viena, el Imperio Austro-húngaro enfrentado a Serbia, Francia aliada con Rusia y Gran Bretaña con Bélgica. Comenzó la Gran Guerra o la también llamada Primera Guerra Mundial.

En un principio se pensó que el enfrentamiento no duraría mucho, acabando en pocos meses, sin embargo, se convertiría en un conflicto devastador que en poco tiempo, desde el Mar del Norte hasta Suiza, se extendió por cientos de kilómetros de zanjas de fango y alambres, testigos de episodios sangrientos en una lucha constante contra el enemigo, situación agravada por el duro clima europeo ya entrando el invierno, que convertiría al frente de batalla en un  escenario infernal, con aguas estancadas, conviviendo junto a cadáveres devorados por las ratas y un frío insoportable.

Escenas de las trincheras en la Primera Guerra Mundial.

En una guerra de desgaste se intenta vencer al enemigo con constantes ataques con el fin de provocar continuas pérdidas humanas y materiales, y provocar un deterioro moral. En esta situación, los alemanes, franceses y británicos se comunicaban a través de la tierra de nadie, el espacio que los separaba, no mayor a doscientos metros. Esa proximidad provocó una camaradería entre ellos que, en el conflicto diario con el horror y atrapados en el sufrimiento y la incertidumbre, hizo que se sintieran irremediablemente unidos, pues, al fin y al cabo, todos eran iguales ante el frío y la muerte.

El papa Benedicto XV (1854-1922) solicitó el 7 de diciembre el cese de los ataques durante la noche santa, sin embargo, el llamamiento papal fue ignorado por los altos mandos considerándolo “impracticable”, pero el mensaje ya era conocido por las tropas.

En diciembre, comenzaron a llegar los regalos que pretendían animar a los hombres inmersos en el barro y la espera. Para los soldados británicos, paquetes llenos de chocolates y cigarrillos; para los alemanes, pequeños árboles de Navidad enviados por el káiser Guillermo II (1859-1941), para adornar con velas y guirnaldas, además de generosas raciones de comida y botellas de ron y vino. Todo ello con la noble intención de avivar el ánimo de las tropas y trasladarles el cálido espíritu de la Navidad. 

Soldados alemanes en las trincheras durante la Tregua de Navidad con pequeños árboles adornados.

Así, el 24 de diciembre de 1914, los británicos divisaron luces al otro lado que pronto distinguieron como pequeños abetos adornados con velas y escucharon  el himno Stille Nacht, (Noche de Paz) entonado por los alemanes, los británicos pronto respondieron cantándolo en inglés y los franceses con el Minuit, Chrétiens, todos se iban uniendo a este canto fraterno con villancicos improvisados e intercambios de felicitaciones, Merry Christmas!, Frohe Weihnacher! (Feliz Navidad).

El 25 de diciembre los soldados salieron de sus trincheras con manos en alto convirtiendo el espacio comprendido entre ambos bandos en un lugar donde compartieron felicitaciones e incluso intercambiaron botones de sus uniformes como recuerdos, algún barbero se ofreció a cortar el pelo a los soldados, compartieron charlas con una botella de ron e intercambiaron salchichas por pudding de Navidad.

Soldados en las trincheras durante la Tregua de Navidad.

Estas anécdotas son recogidas en los diarios de algunos soldados y oficiales que han llegado a nuestros días como el del teniente alemán Johann Niemann (1913-1943) que describe con detalle la iniciativa de un soldado británico llamado Tommy cuando retó a jugar al futbol, usando balones improvisados o latas vacías, a los “Fritzes”, como los británicos llamaban a los alemanes, en Ploegsteert (Bélgica), donde una simple cruz y un balón de bronce conmemoran los hechos. El propio Niemann describiría la noche del 24 de diciembre como “…una noche extraordinaria. Historiadores como Malcolm Brown (1930-2017) en su obra Christmas Truce afirma que aproximadamente unos cien mil hombres vivieron esta “curiosa” Tregua de Navidad; en otra de sus obras, Verdún 1916 el autor reflexiona profundamente sobre el sentido de la guerra.

Christmas Truce, Malcolm Brown.

Hombres sencillos atrapados en una guerra que no entendían en la que se sentían unidos en esos días de Navidad compartiendo sus historias personales, sus amores, sus recuerdos y todo aquello que no querían olvidar, algo que nos hace ver las argucias de la propaganda utilizada en la guerra, los alemanes no eran tan hostiles ni tan “bárbaros” como los presentaban en la prensa británica, ni estos eran los abominables imperialistas, tal y como hablaban de ellos en Europa.

Sin embargo, la tregua duró poco, aunque se prolongaría hasta Año Nuevo en algunas zonas más alejadas; sin embargo, los altos mandos no tuvieron una buena reacción ante lo ocurrido, amenazando en algún caso con consejos de guerra y calificando los hechos como traición. En la prensa oficial, la Tregua fue ignorada, sin embargo, no se pudo silenciar al narrar los acontecimientos en cartas a familiares que filtrarían la información a la prensa local.

En la Navidad de 1915 se emitieron órdenes estrictas para que esa Tregua de Navidad no se volviera a repetir, para lo que se programaron bombardeos para el día 24 de diciembre y ataques con gas mostaza y ofensivas continuas.

Película Feliz Navidad (Joyeux Nöel), ( 2005) dirigida por Christian Carion.

La tregua de 1914 ha inspirado a diversos escritores pacifistas como Erich María Remarque (1898-1970) que, en su obra Sin novedad en el frente, publicada en 1929, hace hincapié en lo absurdo de la guerra; poetas como Wilfred Owen (1893-1918), refleja el espíritu frívolo de la guerra en sus versos. En arte, el pintor Otto Dix (1891-1969) plasmaría esta realidad en sus Grabados de trincheras. En el cine, la película Joyeux Noël dirigida por Christian Carion (1963) en 2005 reflejará el drama de una guerra que dejaría dieciséis millones de muertos. 

En definitiva, la Tregua de Navidad en 1914 no acabaría con la Gran Guerra que se prolongaría hasta 1918, dejando una Europa destruida y con los cimientos para un segundo conflicto mundial de grandes proporciones, sin embargo, fue un gesto de fraternidad entre hombres que, a pesar de todo, cumplían con el deber al que habían sido convocados. 

Monumento conmemorativo en Ploegstteert ( Bélgica) en recuerdo de la Tregua de Navidad en 1914.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en el invierno de 1944, en los bosques nevados de las Ardenas durante la ofensiva alemana, algunos soldados estadounidenses y alemanes intentaron evocar la Tregua navideña de 1914, cantando villancicos en un intento de confraternizar con el enemigo, sin embargo, en esa ocasión ese gesto carecía de la espontaneidad que había brotado treinta años antes; además, no hubiera sido posible debido al antagonismo ideológico y a la lucha por la libertad que no admitía treguas del corazón.

Ciento once años más tarde, en este diciembre de 2025, la Tregua de Navidad sigue brillando como un emblema sereno de esperanza entre las sombras. Una lección sobre la capacidad del espíritu humano para encontrar luz, incluso en la más profunda oscuridad.

 

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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