
«Seguiremos con atención si lo ocurrido este domingo en Extremadura marca tendencia para lo que vendrá en febrero próximo en Aragón y poco después en Castilla y León y Andalucía»
Se despejó la incógnita de las elecciones autonómicas en Extremadura y no hubo demasiadas sorpresas sobre lo que adelantaban la mayoría de las encuestas, incluso la del CIS, que acertó en sus horquillas de votos, aunque anduvo menos acertada en cuanto a los porcentajes.
El resultado fue que ganó el Partido Popular de María Guardiola, seguramente con una victoria que se podría calificar de agridulce porque saboreaba la mayoría absoluta de 33 y, al final, se quedó a 4 de alcanzarla y sólo mejoró en uno respecto al resultado de mayo de 2023, pese a que la mayoría de las encuestas le daban 30-31. Así se manifestaba la ganadora al término del recuento de votos: “Que a nadie le quepa ninguna duda de que vamos a seguir liderando el cambio, ese cambio que iniciamos con muchísima ilusión el pasado 2023, hace 2 años y medio. Las urnas han dicho claramente que no se bloquee Extremadura, porque hay un claro ganador de las elecciones y ese es el Partido Popular”.

También respondieron a las encuestas los dos extremos, VOX y Podemos, en su versión Unidas por Extremadura, que se consideraban vencedores morales y ninguneaban cada uno a su manera a la ganadora. Por una parte, el desconocido candidato de VOX, Óscar Fernández, decía en un exceso de euforia, comprensible en su caso, que «VOX es el ganador real de esta noche en Extremadura, VOX ha ganado contra todos y ha ganado al bipartidismo esta noche en Extremadura». Pero claro, considerarse “ganador” cuando el PP casi lo ha triplicado en escaños, 29 frente a 11 y en porcentaje de votos, 43’18% frente a 16’90%, sólo se justifica por esa euforia y no valorando que no se le ha votado a él sino a su presidente nacional, Santiago Abascal, que, como decía Jorge Bustos en COPE, “se ha mudado durante 15 días a vivir a Extremadura, prácticamente no se ha bajado del caballo, vestido de caza todo el día con la boina”, confirmando que VOX es un partido presidencialista, sin cuadros de reconocido nivel.
Por otra parte, la otra “ganadora” moral en representación del, al parecer sexista, partido de Unidas por Extremadura –le recuerdo que el genérico Unidos representaría a todos, pero al utilizar el femenino deja fuera a la mitad más o menos–, Irene de Miguel, que se dirigía así a la clara ganadora: “A la señora Guardiola, yo, ahora mismo, le hago solo una pregunta ¿y ahora qué, señora Guardiola? Usted nos ha llevado a unas elecciones anticipadas que nos han costado 7.000.000 de euros a los extremeños ¿para que usted suba un escaño, no alcance la mayoría absoluta y dependa de un partido de extrema derecha, como es VOX, aún con más fuerza? Yo creo que la gran perdedora hoy ha sido la señora Guardiola”. Todavía más víctima de la euforia que el del otro extremo, ya que en este caso el PP más que cuadruplica a la candidata morada, 29 escaños frente a 7 y el ya citado 43’18% de los votos contra el 10’25% de la señora De Miguel.
A los dos les vale la respuesta que María Guardiola le dio al líder de VOX: “Bueno, lo que le quiero decir al señor Abascal es que el coste que tienen estas elecciones es infinitamente inferior a la pérdida que ha supuesto no tener presupuestos para el año 2026, que eran 600.000.000 de euros. Extremadura perdía sin presupuestos 600.000.000 de euros”.

Y, entre ganadora real y vencedores morales, se manifiesta el indiscutible perdedor de las elecciones que superó a la baja las previsiones, el candidato socialista Miguel Ángel ”Speedy” Gallardo, representante del auténtico perdedor, nuestro todavía presimiente Pedro “Pinóchez Felónez” Sánchez Pérez-Castejón, que en la campaña electoral abrazaba, felicitaba por su gestión –la del enchufe y facilitación de domicilios a su hermano– y daba ánimos al que, seguramente, dentro de unos días dirá que “lo conocía como político pero no en lo personal”. El PSOE extremeño perdió 10 escaños, pasando de los 28 que obtuvo en mayo de 2023, a los18 del domingo, con un exiguo porcentaje de votos del 25’72%, cuando en su peor año desde 1983 nunca había bajado del 39’9%, precisamente en los comicios anteriores, en los que ganó por número de votos, pero no pudo formar gobierno. Lo cierto es que el estrepitoso perdedor que el domingo por la noche decía “Lo que menos me preocupa, créase, es mi futuro político, lo que más me ocupa es que el Partido Socialista tome la mejor decisión”, dimitía ante la ejecutiva regional menos de veinte horas después como secretario general del PSOE extremeño, pero sin dejar el escaño “para no defraudar a los que lo habían votado”, ha dicho. Es decir, para continuar aforado y tratar de exprimir esa condición a la hora del inminente juicio que lo sentará más pronto que tarde en el banquillo junto a su empleado musical y otros ocho o nueve imputados.
¿Y qué va a pasar ahora en Extremadura al no conseguir el PP la mayoría absoluta? Lo veremos en unas semanas, pero lo paradójico es que, pese al crecimiento notable de VOX hasta los 11 escaños, la realidad es que da la sensación de que tiene menos capacidad de presión que con los 4 que obtuvo en las elecciones anteriores, porque el hecho de que Guardiola haya conseguido más escaños que la suma de los dos partidos de izquierda (39’97%), deja al partido de Abascal en una situación complicada, porque, o se abstiene para que gobierne el PP en solitario o vota con la izquierda en contra de la investidura, obligando a una repetición de elecciones que, seguramente, le pasaría factura y puede que ayudara a lo que no se dio esta vez, la ansiada mayoría absoluta. Dudo mucho que el mandado de Abascal –porque creo que dejará que sea él quien negocie con Guardiola– exija a la presidente en funciones entrar en el nuevo gobierno después de haberlo abandonado en la legislatura anterior y de haber forzado las elecciones anticipadas por su negativa a aprobar los presupuestos. Puede que se conforme con la presidencia de la asamblea extremeña, porque lo de gobernar no le gusta mucho a los de Abascal, ya que exige responsabilidad y eso le da cierto repelús al amigo Santiago. Siempre es más fácil criticar y ofrecer en un toreo de salón –que no desgasta mucho– que enfrentarse al morlaco popular en el coso, que le puede exigir o pedir explicaciones de ese “prometer hasta meter…” que tan bien se le da al eterno aspirante al servicio público, que nunca ejerció de verdad desde ningún puesto de responsabilidad de gestión.
Como en tantas cosas, el tiempo dirá lo que pase, que seguiremos con atención, a fin de comprobar si lo ocurrido este domingo pasado en Extremadura marca tendencia para lo que vendrá en febrero próximo en Aragón y poco después en Castilla y León y Andalucía.
Mientras tanto, el verdadero perdedor anunciaba el domingo por la noche, con las urnas aún calientes, una comparecencia institucional que los más optimistas y desconocedores del personaje pudieron pensar que sería para hacer algo de autocrítica, pero, una vez más, el monte parió un ratón, y se limitó a anunciar la sustitución de una ignota ministra de Educación, Cultura y Deporte y pésima portavoz del desgobierno, Pilar Alegría “de la huerta”, para correr –previsiblemente– la suerte de su, hasta este lunes, colega extremeño, por dos que no me atrevería a asegurar que sean mucho mejor, la también ministra, de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, que tampoco ha dejado nada notable desde su nombramiento en 2023, y la hasta ahora delegada del gobierno en Castilla-La Mancha y exalcaldesa de Toledo, Milagros Tolón, de la que lo más destacable parece que es su manifiesta falta de sintonía con el presidente castellanomanchego Emiliano García Page, lo que acredita su nombramiento por parte de Fray Perico.
