
Cuando me preguntan que tal estoy, siempre contesto lo mismo: ¡vivo!
Aquellos que hemos cumplido muchos años, aquellos que disfrutamos del “segmento de plata”, -o quizás de “cartón piedra”-, valoramos especialmente la llegada de un nuevo año. Detrás quedan muchas veces en las que hemos transmitido a todos, nuestros deseos de un “feliz y prospero año nuevo”. Y recordamos especialmente a los que se han quedado por el camino. Esperamos seguir ¡vivos! por lo menos este año.
Dadas estas circunstancias, me permito cambiar la manida frase de felicitación (ahora a todo se le llama “relato”, especialmente cuando se trata de una mentira flagrante), por la de desear al prójimo y a mí mismo un “feliz año bueno”.
Si miramos hacia atrás con actitud crítica, podremos comprobar que el 2025, en su conjunto, no ha sido especialmente feliz. Las distintas guerras, más o menos cercanas, han volado sobre nuestras cabezas. A lo largo del mismo hemos escuchado hablar sin recato de una posible tercera guerra mundial. Nuestra humanidad está en manos de una serie de iluminados que quieren arreglar el mundo a patadas. Nuestro destino depende del capricho de “servidores de la humanidad y del país”, agarrados como lapas a los sillones y prebendas.
A pesar de todo confío en el género humano. La historia nos dice que, una vez tras otra, las distintas generaciones, como un “ave fénix” que se auto regenera, han podido superar las dificultades y afrontar un futuro mejor. Gracias a Dios siempre aparecen grupos de personas con capacidad de razonar, que consiguen dar con la solución que reconduzca el mundo a un camino adecuado y lleno de esperanza.
El 2026 será bueno para ti si consigues sacarle el jugo a la larga o corta vida que te quede. Se trata de vivir con el propósito de hacer realidad la frase: “solo por hoy voy a intentar ser feliz”. Con metas a corto plazo. No es cuestión solo de dinero o de salud. La felicidad se alcanza cuando uno se acepta a sí mismo y acepta a los demás tal como son.
Acabo de leer que anoche se celebraron cenas de Nochevieja en las que se “acoquinaron” hasta 1200 euros por cabeza. Lo que ganan muchos padres de familia al mes. Con su champán y su caviar se lo coman. En mi casa hubo lleno hasta la bandera y, por muchísimo menos, nos pusimos tibios de sopa de mariscos, sanjacobos, delicias navideñas y sidra. No es necesario derrochar para ser felices.
En el 2026 seguiremos siendo tan pobres o tan ricos como la fortuna nos depare. Pero el que sea un año bueno, pero bueno de verdad, depende de nuestro espíritu. Feliz 2026 para todos.

