La belleza de Paolina Borghese y el Neoclasicismo. Por Susana del Pino

La belleza de Paolina Borghese y el Neoclasicismo

«La figura semidesnuda de Paolina, cargada de una sensualidad refinada y un delicado erotismo, desató un auténtico escándalo en su tiempo»

El neoclasicismo irrumpió en Europa en el siglo XVIII como una reacción serena contra el exceso ornamental del Barroco y el Rococó. Se inspiró en la Antigüedad clásica, Grecia y Roma, aunque también hizo suyos los ideales de la Ilustración, la razón sobre la emoción, lo simple sobre lo recargado y la belleza ideal sobre la realidad cruda.

Aunque el movimiento abarcó varias disciplinas como arquitectura, pintura o literatura, fue en la escultura donde el neoclasicismo abarcó su expresión más pura.

Un hecho decisivo para este renacer de lo clásico será el descubrimiento de las ciudades de Herculano y Pompeya a mediados del siglo XVIII, sepultadas tras la erupción del Vesubio en el año 79, un hallazgo patrocinado por el rey Carlos III (1716-1788) de España, que supuso un auténtico tesoro y que aún hoy en día sigue interesando y sorprendiendo a todos.

Mosaicos encontrados en una casa de Pompeya

El descubrimiento de estas ciudades supuso un hito fundamental en la historia de la arqueología, entendiéndose a partir de entonces como una disciplina independiente, el nacimiento de lo que denominamos Arqueología Clásica que proporcionó una visión única y con detalle de la vida en la Roma del siglo I.

La popularidad de estos hallazgos pronto se hizo notable en toda Europa, publicaciones y grabados dieron difusión a los extraordinarios mosaicos, pinturas y edificaciones que avivaron el interés por lo clásico en todas sus facetas, convirtiéndose en un destino deseado para los viajeros.

Descubrimiento de una casa en Pompeya, 1893.

El historiador alemán Johann Joachim Winckelmann (1717-1768) desempeñó un papel decisivo en esa apasionada “vuelta al pasado clásico”. Su obra más significativa, Historia del Arte en la Antigüedad, publicada en 1764, ejerció una profunda influencia en la época, en ella criticaba al barroco considerándolo aberrante y exaltaba la belleza y la simplicidad de las formas clásicas. Las ideas sobre lo apropiado y auténtico de esta estética que imitaba a la Antigüedad pronto se extenderían por toda Europa.

El contexto histórico-social en el que se enmarca el neoclasicismo es un periodo difícil y complejo en el que la crisis es patente. El fin del Antiguo Régimen y el avance de los nuevos tiempos modernos trae consigo el auge de una burguesía ilustrada que simboliza los ideales de la Revolución Francesa, Libertad, Igualdad y Fraternidad, espíritu plasmado en el arte como en el Juramento de los Horacios, del pintor francés Jacques- Louis David (1748-1825).

El Juramento de los Horacios, Jacques- Louis David (1748-1825).

Roma, siempre fascinante para los estudiantes de arte, ejercía una gran atracción para los jóvenes  que acudían a la ciudad para absorber la grandeza de la Antigüedad Clásica, entre ellos el escultor italiano Antonio Canova (1757-1822), que se convertiría en una de las figuras más representativas del movimiento neoclásico.

Como he citado anteriormente, la escultura será la disciplina donde la nueva visión del arte se plasma con mayor intensidad. Surge como una depuración formal, abandonando las formas retorcidas y exageradas del periodo anterior, buscando poses y actitudes armónicas y, serenas inspiradas en obras clásicas tan conocidas como La Venus de Milo.

En Francia el nuevo movimiento se extendió con rapidez contando con el apoyo de la Academia Real, que servirá de inspiración para la creación de otras posteriores en el resto de países europeos; en Italia se difundió por los numerosos talleres en la ciudad, al igual que en Inglaterra; los coleccionistas privados, cada vez más numerosos, ayudaron a difundir el nuevo estilo recuperado de la Antigüedad.

La búsqueda de la armonía y el retorno a los cánones clásicos con composiciones equilibradas, el especial interés en la proporción y la perfecta anatomía siguiendo el canon de Policleto (480 a. C.-420 a. C.) con la proporción 1:7 (cabeza y cuerpo), serán esenciales para conseguir la perfecta consonancia deseada.

El canon de Policleto

Los temas mitológicos y alegóricos serán una buena elección por los artistas y compradores; en cuanto a los materiales, el mármol de Carrara era el más utilizado ya que evocaba las esculturas griegas y romanas. La técnica seguía varios pasos como el modelado en arcilla, el vaciado en yeso, el tallado de manera meticulosa para crear detalles extraordinarios y finalmente el pulido.

A diferencia del barroco donde las figuras muestran una expresividad exagerada, la escultura neoclásica busca expresiones serenas y contenidas en un entorno sencillo y vacío para no distraer la atención, es en realidad un reflejo del espíritu ilustrado en el que se valora mayormente la mente sobre los sentidos.

El arte neoclásico, inspirado fundamentalmente en la admiración por la Antigüedad grecorromana y su ideal de  armonía, no se limitó solo a esa fuente. Sobre esa base clásica se sumaron otras influencias que enriquecieron su espíritu, como la obra de pintores como Rafael Sanzio (1483-1520) caracterizada el equilibrio o de Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) con su fuerza y dramatismo característicos; o la recuperación de los tratados renacentistas de Leon Battista Alberti (1404-1472), que resultaron decisivos especialmente para la escultura. La arquitectura de Andrea  Palladio (1508-1580) influenció notablemente llegando incluso hasta América.

A ello se unieron corrientes filosóficas y estéticas contemporáneas, algunas anteriores como las ideas de John Locke (1632-1704), que ponían el acento en la observación de la naturaleza como fuente de verdad o la visión del enciclopedista francés Denis Diderot (1713-1784), quien defendía un arte comprometido con la educación moral y cívica del espectador; de hecho, el neoclasicismo influyó en el urbanismo con monumentos, bustos y esculturas conmemorativas. En definitiva, un deseo compartido de volver a la razón, la claridad y la virtud, alejándose de los excesos del Barroco y el Rococó. Así, el neoclasicismo se convirtió en un movimiento elegante, reflexivo y profundamente humanista.  

Antonio Canova (1757-1822)

El escultor italiano Antonio Canova (1757–1822) es considerado, en opinión de la mayoría de los historiadores, el máximo exponente de la escultura neoclásica. De origen véneto, sintió gran admiración e interés por el arte, comenzando a trabajar desde muy joven en los talleres locales, aunque pronto sintió la atracción del ambiente artístico de Roma donde contactó con intelectuales, artistas y arqueólogos que influirían enormemente en su trayectoria.

En los bellos jardines de la maravillosa Villa Borghese en Roma, se encuentra uno de los primeros edificios del mundo creados para la exposición de obras de arte. Realizado a principios dl siglo XVII para el cardenal Scipione Borghese (1577-1633), fue también residencia familiar; hoy en día alberga una extraordinaria colección de arte admirada en todo el mundo.

Villa Borghese en Roma

Entre estas magníficas piezas se encuentra la escultura de Antonio Canova, Paolina Borghese Bonaparte como Venus Victrix, una obra maestra encargada por el marido de la hermana de Napoleón, Camillo Borghese (1775-1832). La escultura tiene una longitud de dos metros y representa a la hermana de Napoleón reclinada en un diván sosteniendo una manzana dorada.

La obra constituye un auténtico prodigio de elegancia neoclásica en cuanto a la técnica. Tallada en mármol, revela la maestría del artista al lograr, con una precisión exquisita, una superficie de extraordinaria delicadeza que cautiva la mirada al instante. Mediante un manejo sutil del claroscuro, el escultor crea un delicado juego de luces y sombras que realza de manera magistral los pliegues de los tejidos y las venas apenas insinuadas bajo la piel, logrando así una serenidad luminosa que contrasta profundamente con el dramatismo exaltado del Barroco. Esta contención refinada invita al espectador a una contemplación serena, donde la belleza reside precisamente en la moderación y la armonía.

Paolina Borghese Bonaparte como Venus Victrix, Antonio Canova (1759-1822).

Paolina Borghese (1780-1825) reposa sobre un elegante diván, con el torso erguido en una pose con refinada sensualidad. Su brazo izquierdo se apoya sobre mullidos cojines, mientras que con la mano derecha sostiene la manzana delicadamente, símbolo de su identificación con Venus victoriosa. 

Entre los detalles que convierten esta escultura en una joya del neoclasicismo destacan el exquisito contraste entre el pulido brillante de la piel y el acabado mate de los tejidos que la cubren; las profundas y naturales arrugas de los cojines, realizadas con una precisión extraordinaria o el suntuoso diván de madera dorada que Canova añadió para realzar la escena. Todo ello confluye en una obra maestra que cautiva al espectador con su serenidad, su belleza idealizada y su inconfundible esencia eterna.

Detalle de la obra.

Sin embargo, resulta fascinante el profundo significado que encierra esta magnífica obra. Paolina, representada como Venus victoriosa, sostiene en su mano la manzana dorada, símbolo de su triunfo y el poder bonapartista  en una clara alusión al célebre Juicio de Paris, episodio mítico que desencadenó la Guerra de Troya.  

La leyenda narra que Eris, diosa de la discordia, ofendida por no haber sido invitada a las bodas de Peleo y Tetis, lanzó al banquete una manzana con la inscripción «Para la más hermosa». Hera, Atenea y Afrodita reclamaron inmediatamente el premio, desatando una disputa que ni siquiera Zeus osó resolver. El rey de los dioses delegó la decisión en Paris, joven troyano, quien, tentado por la promesa de Afrodita de concederle el amor de la bella Helena, le otorgó la manzana. Esta elección, aparentemente frívola, encendió la chispa que conduciría al largo y trágico conflicto de Troya. Canova, al transformar a Paolina en esta Venus triunfante, no solo exaltó su belleza, sino que envolvió su figura en un aura de mito eterno, dotándola de una seducción serena y victoriosa que trasciende el tiempo.

Juicio de Paris,Jean- François de Troy (1679-1752).

La figura semidesnuda de Paolina, cargada de una sensualidad refinada y un delicado erotismo, desató un auténtico escándalo en su tiempo. No solo por su audaz desnudez, sino también por encarnar la libertad indomable de una mujer célebre por sus apasionados amoríos, que desafiaba con naturalidad las convenciones de la época.

En definitiva, esta obra maestra de Canova simboliza el regreso al ideal clásico, la perfección que nace de la sencillez, la serenidad de las formas puras y una belleza que parece desafiar al tiempo. 

Sin duda, vale la pena visitar la Galleria Borghese en Roma tras un placentero paseo por sus magníficos jardines, y quedar fascinado por su belleza al contemplarla.

 

Nördlingen, 2026

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

Artículos recomendados

Deja un comentario