El Flautista de Hamelin. Por Susana del Pino

El flautista con los niños de Hamelin, James Elder Christie, 1881.
Galería Nacional, Edimburgo, (Escocia).

«Las grandes leyendas, como la de el Flautista de Hamelin, no solo cuenta los hechos que sucedieron, sino que nos recuerdan quienes somos y de dónde venimos»

La historia del Flautista de Hamelin tiene su origen en las crónicas medievales procedentes de la ciudad alemana de Hameln, situada en la Baja Sajonia. Fue narrada por los hermanos Grimm, Jacob (1786-1859) y Wilhelm Grimm (1765-1863) en el siglo XIX, formando parte de su obra Leyendas alemanas (Deutsche Sagen), publicadas en dos volúmenes (1816 y 1818), en las que se incluyen hechos y personajes reales.

La historia narrada por los Grimm se remonta al siglo XIII, año 1284, y cuenta los hechos acaecidos en la ciudad alemana de Hameln, en la que una plaga de ratas sacudió la ciudad arrasando cosechas, provocando enfermedades y acabando con la vida de muchos habitantes. 

Hermanos Wilheim y Jacob Grimm.

Todo cambiaría con la llegada de un forastero a la ciudad, vestido con ropas llamativas que se ofreció a acabar con la terrible situación a cambio de un beneficio económico, los ciudadanos aceptaron la propuesta y la plaga desapareció; lo consiguió con el sonido de su flauta que arrastraría a los roedores hasta el río donde acabaron ahogándose. 

Cuando el flautista volvió a cobrar el dinero, los ciudadanos hicieron la vista gorda y no quisieron pagarle lo estipulado una vez solucionado el problema; el forastero, muy enojado, decidió entonces tomar represalias y lo hizo de manera sutil. Comenzó a tocar con su flauta una bonita melodía que atraería a los niños y jóvenes de la ciudad que lo siguieron hasta el Monte Koopenberg quedando atrapados en el interior de una cueva, desapareciendo para siempre. 

De los ciento treinta jóvenes que lo acompañaron se salvaron tres, un joven sordo que cuenta los hechos, otro chico ciego que no pudo ver lo ocurrido, pero sí oírlo y por último un niño con problemas en las piernas que por sus limitaciones no pudo seguir el ritmo de los demás, testigos los tres de lo sucedido. El pueblo quedó completamente desolado ante la desaparición de estos jóvenes. 

El Flautista de Hamelin, (grabado).

Hasta aquí la versión que nos ha llegado de los hermanos Grimm de la célebre leyenda alemana de Hamelin. Sin embargo, la historia ha sido recogida y transformada por otros autores a lo largo de los siglos. Entre las más conocidas, la de Richard Verstegan (1550-1640), publicada a principios del siglo XVII, una de las primeras en lengua inglesa; el famoso poema de Robert Browning (1812-1889), The Pied Piper of Hamelin (1842), en el que el autor cambia el final para que no resulte aterrador para los jóvenes o el poema de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), Der Rattenfänger (El cazador de ratas), que se enfoca en el poder hipnótico y seductor del flautista, dicho poema, a pesar de ser breve es de una gran intensidad. 

Existen por tanto numerosas versiones de la leyenda en diversas lenguas, en las que se modifican el desenlace o algunos episodios de la narración, enriqueciendo así su diversidad y adaptabilidad a lo largo de los siglos.

La historia del flautista ha despertado interrogantes que los historiadores han investigado para averiguar si se trata de un hecho histórico o un relato fabulado, sin embargo, existen varias evidencias históricas sobre la desaparición de los jóvenes y la llegada de un flautista a la ciudad de Hameln en la fecha señalada.

Casa del Cazador de ratas (Rattenfangerhaus) y placa.

Una de ellas, datada en 1602, aparece en la conocida como La Casa del Flautista, (Rattenfängerhaus), donde existe una placa en la que se puede leer “En el año 1284, en el día de Juan y Pablo, que fue el 26 de junio, por un flautista vestido con toda suerte de colores fueron seducidos 130 niños nacidos en Hamelín y se perdieron en el Calvario junto a los Koppen”. (Interpretando el Monte Koppen o Koppenberg, como el lugar del calvario).

Otra de las evidencias se encuentra en un documento aparecido en el archivo local fechado en 1384 en el que se puede leer la frase “Han pasado cien años desde que nuestros niños partieron”.

La tercera de las evidencias la encontramos en la Iglesia de San Nicolás (Marktkirche) de Hameln se instaló alrededor del año 1300 una vidriera en la que aparecía el flautista junto a los niños, lo que representa una clara evidencia de la leyenda. Desafortunadamente fue destruida en el siglo XVII, pero gracias a las descripciones hechas anteriormente a su destrucción y una copia en pintura de 1592 su imagen se ha podido reconstruir fielmente.

Vidriera con la imagen del Flautista de HAMELIN en la Iglesia de San Nicolás, HAMELIN.

El hecho de representar esta imagen en un lugar tan destacado años después de que sucedieran los hechos narrados, nos muestra como la historia fue muy significativa para los habitantes de la ciudad y evidencia que aquella figura del forastero con la flauta fue una historia real y no una invención posterior.

Por otra parte, y como dato curioso, en la calle de Hameln en la que se vieron por última vez los jóvenes junto al flautista está prohibido cantar y bailar.

Sobre la realidad de por qué se produjeron los hechos, han surgido diversas hipótesis a lo largo de los siglos, como que fueron secuestrados por motivos religiosos para convertirlos e ingresarlos en un convento, otra apuntaría a las malas intenciones del flautista y otra teoría intrigante vincula la desaparición de los niños con un fenómeno histórico conocido como La Danza de San Vito, un trastorno colectivo que azotó Europa medieval en varias ocasiones, especialmente en los siglos XIII y XIV, como consecuencia de la difícil situación económica en la que el hambre hacía perder las facultades mentales. Según se atestigua en algunos documentos, las personas podían bailar de forma continua y compulsiva durante días, con alucinaciones y extraños movimientos hasta la extenuación. 

Está documentado que en la localidad cercana de Erfurt en 1237 un grupo de niños llegaron bailando hasta la ciudad de Amstadt, por lo que es posible que ocurriera algo similar en Hamlen, donde los jóvenes guiados por la música envolvente de la flauta del forastero lo siguieran hasta perderse en la montaña. 

Escultura en bronce del Flautista en Hameln, Alemania.

Existe otra teoría que es la más convincente y aceptada de todas ellas y que apunta a un episodio de migración masiva provocado por una profunda crisis económica que llevó a trasladarse a otras tierras. 

Es cierto que Alemania en el siglo XIII atravesaba tiempos de penuria, por lo que muchos jóvenes en esa época se vieron impulsados a partir a otras zonas más prósperas en busca de un futuro mejor. En este contexto surgieron los “reclutadores itinerantes” que prometían prosperidad; así, con juegos, música y envolventes palabras convencían a los jóvenes para abandonar sus tierras y acompañarlos, el citado flautista de Hamelin podría haber sido uno de esos “reclutadores”. Esta es la teoría más aceptada que resulta aún más creíble, al comprobar pocos años más tarde como en una zona cercana a Berlín, aparecieron muchos apellidos originarios de la ciudad de Hameln. Por lo que el flautista forastero protagonista de esta leyenda podría haber sido uno de estos reclutadores de jóvenes.

La Casa del cazador de ratas, donde aparece la inscripción que alude a la desaparición de los niños en 1284. Rattenfangerhaus, Hamelin

La tragedia de Hamelín no se ha desvanecido con el tiempo, permanece viva en las calles de la ciudad como un legado vivo y, curiosamente, atractivo. Las representaciones teatrales llenan las calles de la ciudad cada verano, la historia está presente en espacios museísticos y la figura del Flautista se ha convertido en protagonista indiscutible de los festejos locales.

El dolor profundo de la tragedia vivida, relato transmitido de generación en generación, forma parte del patrimonio de nuestra cultura occidental y es que las grandes leyendas, como la de el Flautista de Hamelin, no solo cuenta los hechos que sucedieron, sino que nos recuerdan quienes somos y de dónde venimos.

Un legado que aún palpita con fuerza, y que, como toda gran historia, nunca deja de enseñarnos.

 

Grenoble (FR), 2026

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

Artículos recomendados

Deja un comentario