Del salón en el ángulo oscuro: Solidaridad. Por Teresita Ávila

«No se puede luchar por la libertad si no tienes fe en ti mismo y en tus propias habilidades».

«La solidaridad es el arma más poderosa que tenemos para enfrentar cualquier injusticia».

«La verdad es el arma más peligrosa contra la opresión y la tiranía».

«El verdadero líder no es aquel que impone su voluntad, sino aquel que inspira a los demás a actuar por sí mismos».

«No debemos permitir que nuestras diferencias nos dividan, sino que debemos aprender a encontrar y celebrar nuestra unidad en la diversidad».

Lech Walesa
Lech Walesa

«La solidaridad que ayudó a derribar un sistema opresivo exigía madurez, responsabilidad y sentido del deber. La que hoy se invoca con frecuencia parece orientada a evitar el conflicto»

En tiempos de desmemoria, suelo decir que conviene acudir a modelos y circunstancias que han tenido un impacto indiscutible en su época y propiciado acontecimientos significativos cuya repercusión aún perdura. Lech Walesa [1] es uno de ellos. Hagamos, en primer lugar, un repaso por los momentos relevantes que culminaron en la liberación de su país del yugo comunista.

El sindicato Solidarność (Solidaridad) surgió en un momento crítico de la Polonia que se hallaba bajo el dominio del Partido Obrero Unificado Polaco (PZPR), un satélite de la Unión Soviética. El movimiento no fue un hecho aislado, sino el resultado de una acumulación de tensiones económicas, sociales y políticas que se venían gestando desde la posguerra. Polonia, como parte del Bloque del Este, sufría un sistema económico centralizado ineficiente. Hubo crisis recurrentes: protestas obreras en 1956 (Poznań), de estudiantes e intelectuales en 1968, y en 1970,  en la costa báltica, con masacres en Gdańsk y Szczecin que dejaron decenas de muertos. Estas revueltas fueron reprimidas, pero expusieron el descontento con el régimen. Lech Walesa –alma y líder del movimiento– se granjeó la admiración y el respeto dentro y fuera de su país, al promover la «revolución autolimitada» [2] inspirándose tanto en las figuras de Gandhi y Martin Luther King como en los valores morales que le proporcionaban la fe católica y el humanismo. De este modo, evitó confrontaciones directas que pudieran justificar intervenciones soviéticas. Fueron su inteligencia y mesura las que lograron avances paulatinos y salvaron vidas, sin lugar a dudas. Su recompensa fue patente: obtuvo el Nobel de la Paz en 1983 por su defensa de los derechos humanos. Representó la lucha polaca en foros internacionales, atrayendo el apoyo de Reagan, Thatcher, y sindicatos como la AFL-CIO. Asimismo, su impacto ha sido duradero: como presidente de Polonia (1990-1995), impulsó la transición a la democracia y el capitalismo. Su papel en la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría lo convirtieron en un prohombre. Indiscutiblemente, su liderazgo en el nacimiento de Solidarność y su rol en el derrumbe del sistema comunista en Europa del Este elevaron a Walesa a la categoría de un símbolo que encarnaba los valores y las aspiraciones colectivas de millones: la libertad obrera y de expresión, así como el fin de la opresión sin violencia, cambios profundos pero pacíficos.

Solidaridad.

Como sucede con toda personalidad histórica, las sombras también hicieron acto de presencia: fue acusado de colaboración con la policía secreta comunista en los años 70 [3] –posiblemente bajo coacciones o amenazas–; de beneficiarse personalmente del movimiento, y de autoritarismo en sus años presidenciales (1990-1995), puesto que sus intenciones de transición democrática y económica chocaron con la realidad: reformas duras que generaron desempleo y desigualdad, alejándolo de parte de sus bases obreras. Hoy es objeto de interpretaciones encontradas y de una memoria politizada, aunque sigue encarnando —para bien o para mal— una idea de compromiso colectivo que trasciende al personaje [4].

Ahora bien, después de esta disertación, podemos preguntarnos ¿qué era la «solidaridad»?

Solidarność no fue solo un sindicato ni un movimiento político: fue, ante todo, una ética compartida. La solidaridad que allí se practicó no se basaba en la comodidad, ni en la ausencia de conflicto, ni en la supresión de la exigenciaAl contrario, implicaba asumir costes personales, aceptar la disciplina colectiva, tolerar la frustración… y sostener al otro incluso cuando el camino era arduo. Fue aquella una solidaridad adulta —como indican las citas escogidas para este artículo—, orientada al conjunto de la sociedad, en absoluto a la satisfacción inmediata del individuo.

Maitland Jones

Resulta inevitable preguntarse entonces ¿qué ha sido de esa noción de solidaridad en nuestras sociedades actuales? ¿Cuál es el criterio, el baremo, que aplican hoy los jóvenes?… Un ejemplo revelador ha sido el caso del profesor de química Maitland Jones, apartado de la docencia tras décadas de solvencia académica indiscutible por ser considerado «demasiado duro» por sus propios alumnos [5]. Jamás se le reprochó incompetencia, ni arbitrariedad, ni abuso, sino el hecho mismo de exigir. La presión colectiva no se ejerció para proteger el conocimiento, el rigor o la transmisión responsable del saber, sino para eliminar aquello que generaba incomodidad.

La comparación entre Walesa y Jones no pretende equiparar figuras ni contextos históricos, sino señalar un desplazamiento moral profundo ante el que hemos claudicado, del que somos cómplices porque callamos. Y las consecuencias son bien visibles, por desgracia. La solidaridad que ayudó a derribar un sistema opresivo exigía madurez, responsabilidad y sentido del deber. Tristemente, la que hoy se invoca con frecuencia parece orientada a evitar el conflicto, diluir la exigencia y confundir empatía con indulgencia. En definitiva, hacerle un flaco favor a la construcción de un modelo social humano que se haga cargo de los retos con altura de miras. Tal vez el problema no sea la dureza de ciertos maestros, sino nuestra creciente incapacidad para decir alto y claro que aprender —como ser libres— nunca ha sido fácil.

NOTAS_____

[1] Wałęsa, L., & Rybicki, A. (1992). The Struggle and the Triumph: An Autobiography. Arcade Publishing. (Autobiografía de Lech Wałęsa, líder de Solidaridad; edición actualizada en 2016 por Arcade.)

 

Burgess, J. (1982). The Solidarity Challenge: Poland 1980-81: An Australian Diary. (Diario personal de un observador australiano durante las huelgas.)

 

[2] Ost, D. (1990). Solidaridad y la política de la antipolítica: oposición y reforma en Polonia desde 1968.Temple University Press.

 

[3] Fuente:Wikipedia,Lech Walesa

El análisis más exhaustivo de la posible colaboración de Wałęsa con la policía secreta se publicó en el libro de 2008 SB a Lech Wałęsa. Przyczynek do biografii  [ pl ] ( SB y Lech Wałęsa. Contribución a la biografía ).

 

Unos documentos acusan a Walesa de colaborar con el régimen comunista polaco

 

[4] Lech Walesa recibe el premio Alma Libre Internacional 2025 en Cracovia

 

[5] Documentos revelan las consecuencias del despido de Maitland Jones

 

Despiden a un prestigioso profesor de una universidad porque los alumnos se quejaban de que sus clases eran muy difíciles

Teresita A.

Mi nombre tiene una historia detrás. La culpa no fue del cha-cha-chá -como cantaba Jaime Urrutia- sino de un "accidente burocrático". Nací en Logroño y pasé mi adolescencia en un lugar de cuyo nombre siempre me acordaré. Mis banderas son el humor cervantino y la retranca de Miguel Delibes -a quien tuve el honor de conocer, ya que soy autora de un libro cuya fuente exclusiva es su obra: Fórmulas de tratamiento en la narrativa de Miguel Delibes-. Las vocaciones -al contrario que las casualidades- existen y se persiguen, como los sueños. Y los míos siempre tuvieron en el foco darle a la tecla y escribir. Además, ejerzo como profesora en un instituto vallisoletano.

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