
«El progreso consiste y está resultando ser un vulgar proceso de borrado, por eso los historiadores del futuro lo tendrán crudo a la hora de descubrir la basura generada por este Gobierno»
Llámalo olfato de periodista, tedio por tener ciertos conocimientos, espíritu cívico por la edad, o crítico por la gracia de Dios pero con sentido común, aunque del muy radical y labrado a base de golpetazos, el hecho es que necesitaban una historia para sustituir a la verdadera. Adoptaron una posición proactiva, se rodearon de sus cargos empesebrados de máxima confianza, todos inútiles y soberbios, y salieron a la palestra, y pusieron el corazón porque siempre ponen el corazón pero solo eso porque de trenes y emergencias y de cualquier cosa seria no perjudicial para la salud social, no tienen ni puta idea.
Son peligrosos demagogos sembradores de cizaña, son complejos altavoces propensos a la acción directa militante, en pocas palabras, son y ejercen de activistas. Su discurso sirve para aglutinar las conciencias más defectuosas, esa comunidad de personajes ajenos a la realidad aunque esta los atropelle porque les es propicia por lo que sea y eso, es desconcertante para la mayoría prisionera por castigo y por desidia. Su falta de empatía para con la realidad de las cosas es machaconamente insultante, es más, creen estar unidos ante el desconsuelo como siempre faltando a la verdad.

Sus discursos vienen anunciados ya de muy antes tratando de proyectar cercanía como cualquier fulanito de la calle próximo al espíritu de los trabajadores, los sufridores, el pueblo que viaja gracias a ellos y a los impuestos, y no es que esto sea falso, es que con su condescendencia nos tratan como a desheredados, y como lo recalcan constantemente e insisten tan groseramente, hasta las cosas más auténticas parecen impostadas.
El progreso consiste y está resultando ser un vulgar proceso de borrado, por eso los historiadores del futuro lo tendrán crudo a la hora de descubrir la basura generada por este Gobierno. Casi ocho años lleva poniendo en guardia a los buenos contra los malos y a la vista del destrozo algunos podrán decir: “mi vida cobró sentido fluyendo por la cuneta de la mano de Pedro Sánchez Castejón”, y de verdad os aseguro que pese a todo no serán ajusticiados.
Leyendo un libro progre esta semana me apunté una nota (la misma es de una activista de extrema izquierda) que decía: «por supuesto, las grandes cosas se hacen mediante saltos bruscos. Y los descubrimientos importantes siempre rompen el hilo de la continuidad». El hilo…, supongo que los muy cafeteros se acordarán de las conversaciones del pasado lunes (las cuales últimamente las hago desde el valle) pues…, de esos barros estos lodos.
Esta semana mis neuronas estallaron como cuando el grano de maíz se transforma en palomita dentro del microondas. Mi desesperación era tal que disparé ráfagas de frustración a diestro y siniestro pero, ¿acaso no es licito sentirse así? Estamos siendo atropellados por un convoy ideológico y las vías se rompen. No es la primera vez que nos pasan por encima. Los cuerpos amontonados sin vida son meras anécdotas que relativizan sin inmutarse minusvalorando que su espíritu negligente provoca muerte y destrucción. La pandemia, la DANA, la inmigración ilegal que se ahoga en el mar, las mujeres asesinadas para su promoción personal o esto de ahora, es la gota que al menos ha colmado mi vaso y…, claro, estas fatalidades son reales y sí tienen responsables políticos. Por esto y apelando al mismo libro progre por cierto, muy reivindicativo, destacaré otro pasaje que me viene como anillo al dedo para cerrar el quiosco por hoy: «el país cambia bajo nuestros pies, pero la fantasía lleva botas de montaña».
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Feliz día de San Tito y San Timoteo.
Españazuela a 26 de enero de 2026

