
«La ciudadanía preocupada por la política, flipa a colores mirando absorta cómo la verdad se convierte en un artículo de lujo, inalcanzable»
Asistimos a una de las mayores operaciones de maquillaje institucional y judicial de nuestra democracia reciente. Mientras “el conglomerado Frankenstein” levanta su muro de impunidad, la realidad demuestra que el sistema parece diseñado para que aquí no haya pasado nada.
El Blindaje en la Audiencia Nacional es la noticia y es de tal calibre que en cualquier democracia sana provocaría una dimisión en cadena: al renunciar Ábalos a su escaño, el Tribunal Supremo ha remitido a la Audiencia Nacional la investigación contra Santos Cerdán, el mismo Ábalos y “el gran Koldo” por el presunto amaño de obra pública. Lo grave no es solo el hecho en sí, sino el «empaquetamiento« judicial: todo el expediente de Ábalos (salvo la pieza de las mascarillas) recae en el juez Ismael Moreno, el cual instruirá de facto las tres causas que asfixian al PSOE siendo las anteriores por pagos en metálico y financiación irregular. Esta concentración de poder judicial bajo una mismo juez aquí arriba nos acojona pues parece la culminación de una estrategia de control de daños, donde el foco se estrecha para evitar que la metástasis de la corrupción alcance el corazón de la Moncloa.

Mientras tanto, Acento vende para olvidar y los fontaneros del régimen hacen caja. La venta de la consultora Acento, propiedad de los exministros José Blanco (PSOE) y Alfonso Alonso (PP), al grupo francés Havas por unos 30 millones de euros, no es solo un éxito empresarial, es una operación de borrado histórico y una nueva traición en beneficio de nuestra querida Francia. En un momento en que las sentencias del caso Ábalos-Koldo asoman por el horizonte, deshacerse del lobby estrella de “la corte monclovita” huele a retirada estratégica. Es el «pelotazo« final antes de que los archivos se vuelvan demasiado calientes para ser sostenidos.
Para remate, el teatro del Congreso y la DANA selectiva copan las entradillas de los telediarios demostrándose que la hipocresía gubernamental ha alcanzado su cénit con la comparecencia de Feijóo en la comisión de la DANA. El PSOE y sus socios han forzado su presencia para usarla como escudo humano mientras el propio Gobierno sigue sin dar explicaciones convincentes sobre tragedias más recientes como la de Adamuz o Gélida. Es un insulto a la inteligencia: se juzga la gestión de la oposición mientras el Ejecutivo se parapeta tras una mayoría parlamentaria que premia el silencio y castiga la fiscalización.

Por si fuera poco todo esto, la comparecencia de Cerdán y el secretario de Estado Antonio Hernando ante el juez ayer 2 de febrero de 2026 —citados como testigos en el caso de “la fontanera del PSOE” Leire Díez— completa el cuadro de un Gobierno que se descojona de nosotros casi más desde los juzgados que desde los ministerios. La imagen de Cerdán, arquitecto de los pactos de investidura, bajo investigación judicial es la metáfora perfecta de una legislatura nacida de “la necesidad” de impunidad.
Llegados a estas alturas: ¿Nos merecemos un Gobierno que utiliza las instituciones para limpiar su rastro y la justicia para confinar sus escándalos? Entre ventas de consultoras opacas y jueces que acumulan causas como el que colecciona reliquias, la ciudadanía preocupada por la política, flipa a colores mirando absorta cómo la verdad se convierte en un artículo de lujo, inalcanzable para todos incluidos los que se abstraen de lo que sucede. Pero lo cierto es que los curritos que madrugan, es decir quienes pagan con sus vidas o sus ahorros la negligencia de quienes hoy se ríen desde sus escaños, seguimos inertes sin reaccionar.
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Feliz día de San Blas y San Oscar.
Españazuela a 3 de febrero de 2026.

