Don Dinero y el Gran Teatro de la Globalización. Por Antonio Ibarra

Don Dinero y el Gran Teatro de la Globalización.

«Mientras los políticos juegan al poder, los verdaderos dueños del mundo reparten el festín del Orbe en el tablero de la globalización donde el hombre solo es pieza y mercancía»

El juego de la política, ese juego que llaman globalización. Pero ¿qué es ese palabro tan desgastado?, ¿cuál es su significado real? Para un lego en Ciencias Políticas o Económicas, sin ninguna carrera, pero docto en años y queriendo aplicar todo su sentido común —hoy el menos común de todos los sentidos—, la reflexión le conduce a un juego: el del politi-queo entre dos líderes mundiales, avariciosos de poder y egoístas, que se quieren repartir el mundo y sus riquezas. Uno a cada lado de la mesa, enfrente, pero no enfrentados, como si fueran los únicos comensales con derecho a darse el festín, sin importarles las consecuencias de su juego. Ambos saben que no pueden traspasar la línea roja; ni quieren, ni les interesa. Pero la pregunta del millón es:

¿Les importa realmente traspasarla, o su única ambición es el poder, sin pararse a pensar en las consecuencias de sus actos?

Ambos se olvidan —aunque lo saben— de que en el Orbe hay dos bandos más que tienen mucho que decir al respecto, y que obviamente no tragarán y pretenderán su parte en el festín global. Saben también que dependen, y mucho, del convidado de piedra en la Mesa Geoestratégica Global, ese que realmente mueve los hilos del poder político mundial: Don Dinero.

No, esos bandos no están en la vieja Europa, ni en América del Sur, ni en Oceanía, ni en África. Esas ya forman parte del reparto; ya tienen dueño, les guste o no. El negocio global, con diferentes fines, ya las engulló. Están en Asia.

Hablo de la India y de China, con sus casi 3.000 millones de almas: la mitad —poco les falta— de la población del planeta.

China ya está empezando a pedir su parte del festín global. También quiere ampliar sus fronteras, pretende su zona geográfica de influencia. No olvidemos que es ya una gran potencia comercial, pero lo que quiere no les interesa a los otros dos regalárselo. Aspira a unas aguas donde transita un tercio del comercio mundial, grandes reservas de recursos pesqueros, y tierras donde abundan demasiadas de las riquezas globales. Vuelve Don Dinero al juego.

La India tiene mucho que decir. Su población aumenta a gran ritmo; si no ponen remedio, van camino de los 2.000 millones. Es ya el país más poblado del Orbe y una potencia mundial a tener en cuenta. De hecho, Don Dinero está trabajando mucho en ese mercado, ampliando allí su maquinaria de negocio. Y todos sabemos quién es el amo real de la globalización.

Ambas son, con toda seguridad, la tercera y cuarta potencia mundial: un gran mercado para Don Dinero, que sin duda quiere explotar, y nadie duda de que explotará.

Porque ¿qué está por delante de la ambición política? Sin duda, la ambición desmedida de los amos de la economía global: del dinero, de la explotación de recursos, de las grandes corporaciones globales del globalismo, sin fronteras ni nacionalidad. Ese Poderoso Caballero que pone y quita señor. Y dato curioso: todos tienen sus negocios y nacionalidad, son actores que actúan en todos los rincones del Orbe, con capitales invertidos en negocios globales. Para el dinero no existen fronteras, ni razas, ni religión. Su único afán es la ganancia global que le otorga y le regala la globalización. Dinero llama a dinero, se alía con dinero, y su único amigo es el dinero.

Y aquí intervienen unos hombres: los peores depredadores del hombre. Los dueños y señores de Don Dinero, ese que da y otorga el poder de verdad. Siempre enfrentado y enfrentando al hombre, siempre queriendo tener más. Su ambición desmedida no tiene fin, sin importarles quién es el dueño de lo que ambicionan. Si quieren algo, lo cogen, sin importarles cómo.

Por un lado rezo: Dios quiera que no nos conduzcan a la Tercera, porque la Cuarta será con palos y piedras, para los cuatro gatos que queden, si es que queda alguno.

Y por el otro lado pienso —lo siento, me gusta pensar—: no les interesa. Ellos quieren comprar barato y vender caro. Necesitan, por un lado, coger lo que ambicionan sin más; pero después, para vender, necesitan un gran mercado, muchos tontos, hombres que consuman. Entonces, parece que la jodida globalización solo nos conducirá a la esclavitud del consumo, a ser esclavos del capital, siervos obedientes de Don Dinero.

Es curioso ver a nuestro Okupa, el PresiMiente Sánchez, ese al que nadie escucha ni quiere, dentro y fuera de nuestras fronteras, jugando a líder y estratega mundial. Un pelagatos que no sirve ni para dirigir su pequeña dictadura y pretende erigirse en gran estratega mundial y arreglar el mundo.

Este lego sin carrera —yo, que solo soy un autónomo jodido— se ríe del docto doctorando en Economía, de ese gran paseador de libros por pasillos de uni en los que nunca estuvo y que nunca leyó. Un trilero al que, por azar del destino, algo le regaló su título: el paseo, obviamente, no el estudio. Él y nosotros sabemos por qué y, sobre todo, cómo lo consiguió.

Su aspecto algo desmejorado demuestra hoy las largas discusiones con los que él y nadie se atreve a juzgar, esos que últimamente no le dejan descansar. Clara muestra de que el dinero trincado no da la felicidad, si el regalador de mordidas y comisiones no le otorga la paz ni le concede el don de disfrutar de lo trincado.

Este IaioQuePiensa se pregunta:

¿Hasta dónde llegarán?, ¿qué están dispuestos a hacer todos los políticos con mando en plaza?

Los “elegidos” por listas, los que se han “colocado” sin listas y los que han sido “colocados a dedo”. Unos y otros, todos: los mal llamados líderes del mundo. O más bien: ¿hasta dónde les dejarán hacer los que de verdad tienen el control, los que manejan realmente los hilos de eso que conocemos —y nos quieren vender— como globalismo?

A estas alturas nadie duda de qué es:

El Poderoso Caballero, que puso, pone y pondrá señor; dueño de la sacrosanta economía global, quien decide qué se hace, quién entra y quién sale en su globalización.

Va a resultar que la globalización no es el juego del politi-queo de hombres contra hombres que se dedican a la política, con nombres y apellidos que todos conocemos. Unos con más poder que otros, pero todos con poder regalado, no en propiedad. Su único derecho es el usufructo del bien.

Los propietarios del poder son unos hombres anónimos, dentro de sociedades anónimas, que no luchan entre ellos: se alían. Y juntos, en compañías con nombres que todos conocemos —pero sin dueños conocidos—, globalizan el mundo manejando con sus hilos invisibles el juego del politi-queo: su juego, el de la globalización global del planeta para su beneficio.

Para Don Dinero, el HOMBRE es solo “ALGO” que sirve para ser “EXPLOTADO”, y “ALGO” que sirve para consumir lo que han “EXPLOTADO”.

@lamoscacojondra

Antonio Ibarra P.

Un Autónomo Jodido por LaCastaPoliticaProfesional que nos GoMierda. UnIaioQuéPiensa,y opina con LaMalaFollá qué tenemos de LosIaios que no saben, ni quieren callarse. Un Español Engañado Por LaCasta, sabiendo que ni Al GoMierdo, ni a LaOpoFicción, les gusta que pensemos, y menos aún que opinemos, si es Ellos de quién lo hacemos. Se que debo escribir YAYO, pero a mi gusta más escribirlo así, IAIO. Lo breve mejor, si lo breve es bueno.

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