
«A Coburtasun le cansa el Valle, según sus palabras, y quiere para los monjes un proceso de conversión… a qué, ¿a un parque temático?»
Lamento, como creyente, sentirme avergonzado de un cardenal que ya sólo con la mirada no inspira ninguna confianza y como ministro deja tantísimo que desear en su labor pastoral.
Cobo, con su media barba, nos ha engañado vilmente y ha vendido como un bandido una basílica para que la conviertan en un museo de los horrores ajeno a la reconciliación, finalidad con la que fue edificado a la sombra de la Cruz, la más grande del mundo. Sabiendo de la formación y calidad humana del padre Cantera sorprendieron los audios en su día publicados por Infovaticana en los que el arzobispo de Madrid, José Cobo, conocido como Coburtasun, se refirió a la expulsión del padre Santiago Cantera del Valle de los Caídos con un ambiguo “no sé si se lo había ganado o no”… comentario carente de un mínimo de respeto y sencilla caridad cristiana y que al sembrar dudas sobre la calidad del padre Cantera nos muestra que el comentario del alto prelado no es una frase inocente y ni mucho menos fruto de la improvisación.

Esa frase lapidaria y ambigua dibuja y mancha la púrpura del prelado con el hollín que le tizna como un personaje cínico, calculador, además de profundamente cobarde. Un cardenal, como pastor que es, no se puede permitir la herramienta verbal de la insinuación sin afirmar categoricamente y sembrar la sospecha de forma ladina para luego lavarse las manos como Pilato y abrazarse sonriente al cobarde ministrillo Bolaños. Así queda impune el hecho de que un clérigo ejemplar fuera removido por algún motivo innombrable, razones que cobardemente no se atreve a explicar de forma cristalina, cuando en realidad la único razón de quitarse de en medio al padre Cantera fue exclusivamente por la turbia intención e imposición de unos políticos inmorales y anticristianos.
Coburtasun ha quedado como lo que es, un mentiroso pues ya sabemos que se firmó el hecho de que van a ser violentadas y profanadas todas las capillas. Una traición que afecta a los miles de mártires, muchos religiosos, que murieron a manos de una criminales cuyos herederos quieren imponer una llamada ‘resignificación’ que no es más que una miserable profanación. Profanación de una basílica pontificia, así declarada por Juan XXIII, que podría ser impedida pues hay herramientas legales tanto en el Concordato como en diversos cánones del Derecho Canónico que nos hablan de la inviolabilidad de los templos.

He llegado a maliciar si este gobierno tiene alguna prueba, secretos inconfesables, de altos purpurados dispuestos a callar y tragar con lo que sea ante el posible escándalo. A Cobo le cansa el Valle, según sus palabras, y quiere para los monjes un proceso de conversión… a qué, ¿a un parque temático?
Querría recordar al cobarde Cobo aquello que escribió Luis Araquistáin (1886-1959), tenido por destacado intelectual, periodista y político sectario socialista español, estrecho colaborador y amigo del líder de la UGT y presidente del gobierno durante la II República, Francisco Largo Caballero (1869-1946). Araquistáin actuó como una figura clave en la izquierda socialista, sirviendo como Subsecretario de Trabajo con Largo Caballero y embajador en Berlín y París durante la República. Pues este monaguillo de Largo Caballero, en aquel verano del ’36, lanzó aquella terrible consigna, anuncio de la tormenta del mal que se iba a desatar… «la limpia va a ser terrible. Ya lo está siendo. No va a quedar un fascista ni para un remedio». Aunque, claro, no fue lo mismo cazar curas, abuelos, niños y burgueses indefensos que enfrentarse a la Legión y a los Regulares en los secarrales de Extremadura y Toledo.

Recuerda Coburtasun, a aquellos que por su Fe fueron crucificados por no renegar ni renunciar, castrados y colocados sus geniales colgando de su boca, los templos y archivos eclesiásticos quemados y los niños obligados a ver cómo sobre el altar milicianos se follaban prostitutas cubriendo sus cuerpos y haciendo mofa de las Sagradas Formas… no lo digo a humo de pajas sino por el relato vivo de niños que lo contemplaron, mis padres, que jamás me transmitieron odio, todo lo contrario a lo que hacen los odiadores a sueldo, mediáticos y políticos, ahora empeñados en el ‘reemplazo’ y en la destrucción de España y sus orígenes en el Cristianismo, el derecho romano y la filosofía griega.
A falta de razones Cobo puede recurrir, como este gobierno de mentirosos, al comodín del cambio climático, aunque como todos sabemos el único culpable es Franco por haber evitado que España se convirtiese en una república socialista soviética, el sueño de Largo Caballero, donde por supuesto Cobo no habría podido cumplir actividad pastoral alguna.

