
«La ideología «woke» -moda infame de ‘lo políticamente correcto’ ideada para rebaños y rastreros insectos- les tiene sorbidos los sesos»
(1)
Unos pobres pasteleros tuvieron la desastrosa idea
-en siniestros tiempos de feministas descerebradas-
de confeccionar una enorme ‘Mona de Pascua’
con la figura nada menos que de una mujer negra:
(2)
Les cayó, a los incautos, una denuncia que te cagas
del colectivo ‘Hora Bruixa’. ‘Hora Bruja’, para que se entienda.
¿El motivo? La ‘Mona’ de marras,
¡a las personas negras estigmatizaba!
¡Tócate, Cosme, la entrepierna!
(3)
¿Qué hicieron los pasteleros,
ante tamaño disparate?
¡Pues sí: largarse a otra parte
con su ‘negra de chocolate’!
¡Tócate el trasero, Baldomero!
(4)
¡Ah; trágico milenio: a las peores cabezas
hemos, bochornosamente, decidido tolerar,
a expensas del poco raciocinio que nos queda
y -lo que es peor- de nuestra propia libertad!
Hora va siendo ya de que con tanto desatino alguien acabe.
(5)
¿Algún raro espécimen político
que los tenga bien puestos, quizás?
¡Ja: mucho habría, ello, de extrañarme:
esa mierda de la ideología «woke»
-moda infame de ‘lo políticamente correcto’
ideada para rebaños y rastreros insectos-
6)
les tiene enteramente sorbidos los sesos
y cada día más embotada su humana voluntad!
¡Tanta majadería para mentes blandengues,
tanto cuento para urdir redes de embaucador,
mientras El Mal va achatando la esfera terrestre
y la convierte, toda ella, en un puto colador!

(7)
Pongamos que hablo de Ucrania.
Pongamos que hablo de los soldados muertos
que jamás volverán a ver la luz del sol.
Pongamos que hablo de las mujeres afganas
de las que ya nadie nuevamente se acordó.
Pongamos que hablo de los misiles norcoreanos
que sobrevuelan impunemente los cielos de Japón.
(8)
Pongamos que hablo de los bellos brindis de amistad
entre el ogro Putin, el déspota Xi y la madre que los parió,
en tanto que se espera, del afable chino y de su bondad,
tenga a bien de un ‘sublime tratado de paz’ ser heroico mediador,
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al tiempo que intimida, con su poderío bélico, los pacíficos demócratas de Taiwán.
Y así podríamos seguir durante horas y horas,
al amparo de la ideología «woke» y sus bazofias;
hasta que no nos meta por el mismísimo culo, algún dictador
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-simplemente porque se le hincharon demasiado las pelotas-
cualquiera de esos siniestros artilugios nucleares
de los que a saber quién cumple, o no, debida custodia.
Lo único cierto, sin embargo, y por más
que nos lo pretendamos a nosotros mismos ocultar,
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es que ‘la sangre de los inocentes’, continuamente,
no nos deja, a ninguno, de salpicar.

