Un heroico soldado que sobrevivió a su fusilamiento. Por José Crespo

Un heroico soldado que sobrevivió a su fusilamiento.

«Resultaría merecidamente condecorado y recompensado por las Cortes de Cádiz en sesión plenaria en las Cortes el 16 de febrero de 1813, con el título de El Inmortal»

Antonio García-Monteavaro López, soldado natural de la villa asturiana de Castropol, encarna fielmente el espíritu de resistencia que coronó finalmente con la victoria a la maltrecha España frente a la invasión de las fuerzas napoleónicas a inicio del siglo XIX. Su biografía nos lleva a comprender los motivos que justificaron su sobrenombre como «El Inmortal».

Resultaría merecidamente condecorado y recompensado por las Cortes de Cádiz en sesión plenaria en las Cortes el 16 de febrero de 1813, con el título de «El Inmortal», tratamiento que ganó, con creces, sobre la base de su extensa y azarosa hoja de servicios como combatiente que tuvo el episodio más alucinante cuando cayó prisionero en manos de los invasores franceses y sobrevivió a pesar de ser fusilado.

«Recibió cuatro balazos»… «y permaneció 36 horas tendido, aunque consiguió sobrevivir, siendo recogido por un pastor que le socorrió y curó las heridas».

Al finalizar el fusilamiento, el capitán francés que ordenó la ejecución se acercó al cuerpo tendido de aquel soldado y, por si acaso, le disparó una vez más desde muy cerca como tiro de gracia. Antonio fue dado por muerto pero, 36 horas más tarde, fue rescatado por un pastor que lo recogió al comprobar que aún respiraba.

Posteriormente cuando sanaron sus heridas volvió a alistarse para continuar en primera línea de combate y partió para tratar de encararse con el capitán francés que había dirigido el pelotón de fusilamiento. Localizó el campamento militar donde acampaba el francés y, esa misma noche, enmascarándose entre los soldados enemigos, se infiltró en el campamento francés hasta entrar en su tienda. Imaginamos que aquel capitán que le había disparado a bocajarro y le había pegado un tiro de gracia mientras se desangraba en el suelo, debió de empalidecer como una pared encalada cuando vio la figura de Antonio a los pies de su cama. Aquel momento debió de resultarle como una aparición fantasmal en búsqueda de venganza.

…«Tres meses después de que los franceses lo hubiesen fusilado, Antonio García cogió prisionero al comandante que había mandado arcabucearlo; lo sometió a la misma prueba de fuego, pero el francés murió».

Fue ésta anécdota personal la más visible de las acciones de guerra que le valieron el sobrenombre y el reconocimiento de las Cortes de Cádiz para este castropolense que había sido alumbrado en 1791 en Castañeirúa, parroquia de Piñera.

No se sabe nada de su vida hasta que, en 1808, se alistó en el ejército que la Junta del Principado de Asturias estaba formando para hacer frente a la invasión de Napoleón, tras declarar la guerra «al tirano de Europa«. Ingresó primeramente en el regimiento de Castropol y posteriormente en los húsares de Castilla.

Se convirtió en soldado con la vocación y único objetivo de luchar contra los franceses y a ello se entregó en cuerpo y alma. Se cuenta que, cada vez que llegaba al campo de batalla, corría hasta la primera línea para intentar llevarse por delante a cuantos franceses pudiese, y en ese intercambio de espadazos y mosquetazos, no fueron pocas las ocasiones en las que salió muy mal parado.

Participó, entre otras, en las acciones siguientes: «En la de Balmaseda recibió un balazo; en la de Oviedo, herido de una estocada; en la de Mondoñedo, herido de un balazo; en la batalla de Lugo, donde fue herido de tres estocadas…».

Con esas heridas ya podría haber perdido la vida, pero luego vino una cuchillada en Betanzos, otro balazo en Villafranca del Bierzo y resultó herido en la frente en Santiago de Compostela. Un año después fue capturado en Llerena, Badajoz, y allí mismo es donde fue fusilado, recibiendo tres balazos durante su ejecución, que finalizó con un disparo de gracia cuando ya se encontraba en el suelo. Al año siguiente, recibió dos estocadas y un balazo en Fregenal de la Sierra, una estocada en La Albuera y, por último, un balazo en el pecho y otra estocada más en Sagunto… es decir, si no murió durante la guerra no fue porque los franceses no lo intentasen una y otra vez.

Fue recompensado en enero de 1813 con el ascenso a sargento primero, pero las secuelas de sus heridas provocaron su traslado al Cuerpo de Inválidos. Muchos solicitaron que se le concediese la Cruz de San Fernando, con la que se premiaba el valor, y las Comisiones de Guerra y Premios del Congreso manifestaron que una sola de las acciones heroicas de Antonio era suficiente para concederle la medalla. Se eligió la batalla en Fregenal de la Sierra, ya que en ese combate Antonio peleó él solo contra 17 soldados franceses, hizo prisionero a su comandante y recuperó una bandera española que había sido capturada previamente por los enemigos. Todo esto mientras recibía un balazo y dos estocadas.

Antonio fue homenajeado en sesión plenaria en las Cortes el 16 de febrero de 1813, se propuso que se le ascendiese a alférez de Caballería, que se le reconociese el derecho perpetuo al uso de uniforme y que se le concediese una pensión de 500 reales mensuales. Retirado y homenajeado a la edad de 22 años.

Aún lucharía contra los absolutistas en 1820-1823 y también participó en la primera guerra carlista antes de fallecer en La Coruña en 1841, olvidado ya por la gente y en la más absoluta pobreza. Su muerte nada tuvo que ver con sus antiguas heridas de guerra.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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