
«La estrategia de fabricar enemigos imaginarios oculta la verdadera crisis: la pérdida de principios, y una clase dirigente que vive del poder mientras erosiona la voluntad popular.»
Asistimos al esperpento más grande que ha protagonizado el sanchismo, eso que antes era un partido serio llamado PSOE y que hoy es, en mi opinión, una panda de truhanes que viven de la política. Pretenden convencernos de que sus grandes competidores para desalojarlos de la Moncloa, PP y Vox, son “fachas” y “ultraderecha”. Pero entremos en detalles.
Empecemos por el principio, con una pregunta para Sánchez y sus correveidiles: ¿Dónde están esos “fachas” y esa “ultraderecha” a los que tanto teméis?
Porque saben perfectamente que no están en ningún lado. Estamos ante otra de las grandes mentiras que propagan para meter miedo en el cuerpo a los votantes, sobre todo a quienes ya están votando a PP y Vox. Tienen miedo de lo que ha pasado en Extremadura y Aragón, presagio de lo que puede ocurrir en el resto de España. Siglas-marcas que, sin entusiasmarme, son preferibles a que sigan gobernando con ese conglomerado absurdo y nefasto de socios en los que se apoya el sanchismo.
El sanchismo sabe que está sentado en la Moncloa como okupa gracias a pactos de despacho urdidos por uno de los suyos, nada menos que su secretario de Organización, hoy en manos de la justicia por diversas tropelías, entre ellas meter la mano en la caja de todos. El “conseguidor” que logró —supongo que por orden de Sánchez— pactar con Bildu, con Otegi, exjefe de ETA con casi 900 españoles muertos a sus espaldas, y con Junts, con Puigdemont, prófugo de la justicia por organizar un referéndum para romper España.
Sánchez, pactar con partidos independentistas que no quieren ser españoles para sentarte en la Moncloa es imperdonable. Y lo sabes. Pero no te importó, a pesar de haber dicho una y mil veces que jamás lo harías. Por esa sinrazón serás recordado como un gran mentiroso y peor oportunista, alguien que se erigió en “presimiente” de un país al que, por tus pactos y tus actos, solo quieres para utilizarlo. Utilizar el poder que te has otorgado con maniobras de despacho sin haber ganado realmente jamás unas elecciones. Solo puedo pensar que lo has hecho para medrar, y medrando sigues sin dimitir.
¿Qué pensarán de vosotros esos doce compañeros muertos? ¿Nunca lo habéis pensado? Qué cabeza la mía: no eran compañeros vuestros, ellos eran del PSOE. Vosotros solo utilizáis la marca para vuestro beneficio. Sois sanchistas, estómagos agradecidos del líder.
Este IaioQuePiensa —y piensa mal sabiendo que acierta— sigue cuestionando las formas torcidas de una casta política profesional que carece de lo que más necesita un país de sus mandatarios: dignidad, vergüenza, honradez y voluntad de servicio. De todas estas virtudes, SánchezElPresimiente ni tiene ni tendrá. Y en cuanto a quienes temes que te puedan quitar el chollo de gobernar, un gobierno que okupa y que nunca has merecido, está por ver si las tienen o no. Pero visto lo visto con los presimientes anteriores al JefeDeLaBanda, a los que has superado con matrícula de honor, te has ganado el trono de ser el peor de todos los presimientes que haya tenido España. Eres el número uno, y con mucha diferencia, y eso que Rajoy y Zapatero dejaron el listón muy alto.
Sigo pensando que el cáncer de la política española no son los ideales políticos de las siglas-marcas que conforman el arco parlamentario, porque ninguna tiene ya los ideales que dice defender. El cáncer está en la forma de votarles, con sus listas cerradas, y la metástasis que inunda todos sus órganos es la disciplina de voto. Estos males son la causa de la muerte de nuestra añorada democracia, que ellos, la casta, han convertido en una gran dictadura de partidos.
Y para acabar: en España, a la ultraderecha no se la espera y los “fachas” se acabaron con Mussolini. La ultraizquierda no existe, el socialismo se lo comió el sanchismo, y los centristas y liberales ni están ni se les espera en las listas. Las siglas-marcas están llenas de listos de listas sin ideales políticos. Esos ideales solo los tiene el pueblo soberano, que vota unas siglas: unos porque creen que sí tienen ideología, otros porque son estómagos agradecidos de un sistema que les beneficia, y otros porque, hartos, no votan o votan nulo al no creer en ninguna sigla-marca, muy comerciales y nada políticas.
Y ellos, la casta, los que tienen en sus manos la solución del problema, siguen viviendo como reyes gracias a un problema que no quieren solucionar. Siguen hundiendo al país que gobiernan, pero del que obtienen grandes beneficios personales gracias al sistema que han creado, haciéndonos creer que votar sus listas —y sin permitir libertad de voto a quienes están en ellas— es lo mejor que puede hacer el pueblo soberano.
Su gran mentira del “ajo y agua”, la gran y soberana mentira de una plaga de casta política profesional al pueblo soberano para conseguir, con su voto, meter en las urnas sus listas de listos de las siglas-marcas y así poder seguir chupando del bote per saecula saeculorum.
