Conversaciones en el andamio: En este jodido país. Por Francisco Gómez Valencia

En este jodido país.

«Va a ser cosa del mal de alturas. Son tan altas las expectativas que nosotros mismos nos hemos puesto, que nos hemos terminado creyendo el relato»

Debo agradecer a mi fiel escudero Dimitri las conversaciones de hoy, y así lo voy a hacer pues eso también es una manera de retribución en especie. Y como el gran jefe que soy (pues bien que ha hecho méritos para merecerme), así lo cuento sin miramientos, pues jamás hubo un dirigente con más poder en esta obra que mi persona, al menos…, desde que echamos malamente los pilotes.

Total, que andaba un poco revuelto el patio (por lo de las multiculturalidades más que nada), y mi fiel mastín tuvo que templar gaitas levantando el tono algo más de lo normal para aplacar de raíz los ánimos. Sin lugar a duda creo firmemente que la guerra de Irán los está afectando a todos y claro está, esto no se podía aguantar, y aunque soportan lo que los eche, porque son españoles con diferentes acentos, ante todo son profesionales, y hasta alguno, muy españoles. 

Que si la comida, que si los suministros, que si faltan a estas alturas herramientas porque las han mordido, que si las jornadas son muy largas y las queremos como las que van a poner a los funcionarios, que si la prevención de los riesgos in itinere, que si la primavera la sangre altera y además genera brecha de género, que si esto no me gusta porque tiene alcaloides masculinos, que si tal o pascual total, que terminó aconteciendo lo que tenía que acontecer, y es que los de siempre (los del no al resto), empezaron la guerra sacando a relucir como nos lucía el pelo cuando andábamos subidos al andamio allá por el segundo piso, para justificar la complicada  situación de ahora que andamos por el 26.

El caso es que en la cuadrilla tenemos a un hermano hispanoamericano para más señas de las afueras del Machu Pichu, y es de esos que hay que decirle constantemente que no trabaje tan rápido,  pues su hiperactividad es contagiosa y no nos interesa en absoluto compartir con los demás semejante virus. Nosotros que somos muy de ciencias, creemos que se debe al oxígeno que debió respirar de más siendo niño, así que en fin, que grosso modo, pensamos que ese es el problema. 

Y lo que sucede, es que otro hermano, que dice ser de por detrás de los Cárpatos, como buen extranjero, ha heredado y hasta elevado a la categoría de aseveración, la idea de que los españoles pura sangre y los isabelinos (por lo de la católica majestad que los colonizó), somos unos vagos, y claro, cualquier chispa de la radial, basta para que prenda el sarmiento de las espumas de los aislamientos, y como hay brasas y resquemor desde que levantamos el muro de carga principal, pues de nuevo se armó el taco.

Por respeto a la concurrencia, les voy a evitar los detalles de la trifulca pues lo que hoy deseo destacar es mi capacidad de liderazgo y en mi defecto, el de mi fiel Dimitri. Mi paladín, ejerce como un gran garante del orden, de hecho se comporta como una especie de tremendo embajador (por sus medidas desesperadas) pues ante las grandes crisis, siempre  vislumbra lo que sea y nos soluciona las necesidades de todos, con la exactitud de un anatómico. Dimitri es el número 1 después de mi que soy el todo infinito, y nos tiene inventariados, pues nos cataloga del mismo modo que dice que hace su señora con los paquetes del Amazon donde trabaja. 

Desconozco en qué escuela técnica le habrán enseñado sus vastos conocimientos, aunque al ser de fuera, imagino que será fetén. Ante la gran variedad de máquinas humanas (pues los tenemos altos, bajos, de cabeza gorda y redonda, apepinadas, de viriles barbas prusianas, de ridículas canillas abisinias o hasta de vista rasgada), se mueve como carpa en estanque, simplemente usando una ristra infame de muletillas mal aprendidas y peor interpretadas, que al momento son replicadas por El gallo. Por aclarar, El gallo, es un colombiano que tenemos en la cuadrilla, y que lo apodan así porque su pelo se asemeja a la cresta del ave pero de la variedad americana. En fin, que a lo que nos concierne, nos viene al caso pues las canturrea a todas horas. Como decía, este utiliza las muletillas del otro para sus canciones inventadas, eso sí,  siempre a modo de crítica constructiva,  que para eso somos constructores de ilusiones de 45, 60 y  75 metros con terraza tendedero de protección oficial.

La cuadrilla al completo.

Que Dimitri llama cariñosamente marica” al moro, El gallo, romancea y se marca un tema. El moro jamás se enfada porque se lo prohíbe su religión (ya que dice ser pacifista y progresista), y porque es un ser de luz, o sea que es electricista, eso sí, sin licencia para ello como no podía ser menos, pues de donde viene no gastan en academias, pero como es el último que hemos incorporado medio gratis pues viene subvencionado, nos interesa mucho porque derrocha talento, y además no habla español de España sino de Tánger, lo cual es muy útil en caso de chispazo, pues le atienden antes en urgencias. Que Dimitri ese día le da por repetir en este jodido país, pues El gallo se nos arranca de esta guisa, y así día tras día llevamos casi ocho años con la obra y sin presupuestos para terminar la azotea (que dicen que es para el Secretario de no sé quién en la Diputación), que no sé yo cómo nos las arreglaremos, igual modificando los últimos pliegos aprobados de cuando íbamos por el piso 23…. Bueno, cuando llegue el día, haré de la necesidad virtud, y lo hablaré con mi cuñao.

Yo, como líder absoluto que soy, he reflexionado sobre el asunto de cara a manejar las crisis multilateralmente como dice el rey que se solucionan mejor, y después de descartar la opción del retraso colectivo, he decidido que nos inunda, o invade dependiendo del día y la crisis que nos asole, la tremenda y fértil fatuidad del espíritu ibérico de la tranquila raza española, eso sí, generada por culpa del actual momento que a nivel internacional padece el mundo, pues de pereza no pecamos y de raciocinio tampoco, o al menos eso les digo yo cuando les ofrezco de buena gana mis charlas motivantes por el grupo de WhatsApp los fines de semana.

¿Entonces? Pues entonces va a ser cosa del mal de alturas. Son tan altas las expectativas que nosotros mismos nos hemos puesto, que nos hemos terminado creyendo el relato. Y al comprobar que solo nos queda un piso y medio para acabar la obra (pues el edificio consta de 27 según los planos originales), es tal el vértigo que nos produce la sola idea de acabar la magna faena maestra que estamos ejecutando sin los debidos permisos de obra, que la ansiedad nos impide disfrutar del momento, o sea de este glorioso e histórico pasaje que nos atenaza y enjuta el rostro…, obviamente gracias y bajo mi dirección personal e intransferible, y como soy implacable pero magnánimo, también aceptaré, que la también (pero de talante menor), implacable supervisión de mi querido y estimado Dimitri, tiene algo que ver, porque sí, lo admito, aunque ejerzo como un dictador, solo actúo, pues también soy un gran comediante y hago chanchullos, con el cemento, con los ladrillos, con el hormigón, con el botiquín, con las horas, etc, etc…. En fin, que la tropa es mía así que sí, lo admito, cuando yo no esté, no sé que va a ser de ellos en este jodido país (como dice mi leal Dimitri) y después canturrea El gallo colombiano.

 

Feliz día de San Braulio.

Españistán a 26 de marzo de 2026.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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