Mujer tan aguerrida nunca antes yo vi. Por Guirong Fu

Mujer tan aguerrida nunca antes yo vi.

«Si no es ella quien pone ‘una pica en Flandes’, tendrá que ser Sánchez el que se arremangue; pues mujer tan aguerrida nunca antes yo vi»

(a)
ESTO que ven ustedes aquí,
en la presente fotografía,
es -fíjense- toda una Licenciada
en Medicina y Cirugía.
En efecto, llevan ustedes razón:
«¡Quién lo diría!»
Pero así suelen acabar quienes,
frente a la adusta ciencia, priorizan
las bondades de su tierno corazón
(b)
Y en cualquier caso, ustedes bien lo saben, es, a menudo,
el caótico azar justamente aquello que determina
si, ante los muchos y airados embates de la vida,
vence la profesión o los largos estudios, en uno,
o acaba por salirse con la suya… la auténtica vocación.
(c)
¿Pues se imaginan ustedes,
a semejante criatura,
soltando su rollazo a quienes,
apenas a un paso de la muerte,
esperan, de la docta ciencia médica,
algo más que desearles suerte
mientras en su fláccida espalda sienten
el empujoncito que ha de llevárselos
directo a la sepultura?
(d)
Y es que cuando uno o una tiene, en el fondo,
más vocación para el mal que para el bien,
no puede ‘coser a navajazos’ a un ser humano probo
sin más ambición, acaso, que llegar a envejecer:
siente, por contra, la obligación de enfangarse del todo,
poniendo en ello, como es lógico, TODO SU SER.
(e)
Y, para ello, fuerza es que le mueva alguna ambición,
a fin de irla a buscar, raudo, dondequiera que ella esté.
Y hete aquí, amigos míos, que María Jesús en la política la encontró.
Y, naturalmente, en ella puso, prontamente, toda su fe.
(f)
Una fe que la condujo, final y fatalmente,
a los brazos de Pedro Sánchez Pérez-Castejón.
Y perdónenme ambos si acaso
pudiera malentenderse… la susodicha expresión.
Pues nada tan lejano de la política
como en verdadero sentimiento del amor.
(g)
El caso es que políticamente hicieron buenas migas:
María Jesús como un cohete sanchista prosperó;
sus arrumacos trianeros a Pedro le ponían:
«¡Ay mi Pedro, ay mi Pedro: la madre que te parió!»
Seguiré si ustedes me permiten por otro camino:
este me causa suma vergüenza y gran pudor.
(h)
El caso es que todo lo bueno al fin acaba.
Y, en efecto, Pedro acabó, de ella, hasta los mismísimos:
-¡Ni te figuras, Bego, la tía, qué pesada!
Pero su desfachatez y su descaro de pura charlatana
siempre me resultaron utilísimos:
allí donde yo no metería ni la mano, de puro asco,
(i)
ella se zambulle toda entera, tan tranquila,
como si no hubiera pisado más que un mínimo charco.
Puedes creerme, ‘cari’: ¡tiene un estómago elefantiásico!
Pero ya no me sirve sino de estorbo, la tía.
Hora es d que la mande a tomar por saco:
que se las apañe en las autonómicas de Andalucía.
(j)
Al cabo, ponga a quien ponga de candidato,
habrá de ser un puto fracaso:
por allí abajo, nos odia ya… hasta el Tato!
(A saber, amigos míos, si María Jesús le oyera,
si la cosa le habría sabido, o no, a MALTRATO.
(k)
Cierto es que su ‘optimismo antropológico’
no es precisamente raquítico y escuchimizado.
Y de haber nacido, la criatura, ‘con un par’,
-aunque guste tanto de darle con la lengua al paladar,
más de una y de dos hostias habría dado.
Y no sería yo quien las habría deseado… pillar.
(l)
Cuentan, los bien informados, que ayer soltó
su postrera ‘microdisertación’ en el Congreso.
Luego, de lo que ella dijo ya nadie se acordó:
total, saben que siempre se las da con queso.
Con todo, se repartieron muchos besos,
mientras que como candidata en ciernes ella ya se vio:)
(m)
-Soy la mujer con más poder
que existió jamás en este pedazo de planeta.
Más que Isabel de Castilla y Cleopatra juntas.
Pero si de lo que se trata es de sacrificarse
por mi Andalucía, ¡que se sepa:
habré de ser yo, entre todas, la primera,
así bajo mis pies el suelo se me hunda!
(n)
¡Que más andaluz que yo no conozco a ninguno ni a ninguna!
(Cuentan que, en este punto, a más de uno
y de una les ha dado… la llantera!
Con todo, ella no se inmutó
y prosiguió con su verborrea:)
-Si Andalucía me llama y me reclama, ¡lo dejo todo!
(o)
¡Incluso a mi bien amado Pedro dejo,
que es como un sobrino de sangre, para mí!
Y aunque sé bien que mi pérdida será, para él,
un tema de lo más arduo y espinoso,
consciente es de que amo a Andalucía
con ternura infinita y verdadero frenesí.
(p)
Si ella, pues, imperiosamente me necesita,
mi deber y mi querencia es decirle… QUE SÍ!
Tanto más habida cuenta
de que, en las próximas elecciones,
esta Andalucía del alma mía
«se juega la salud… y la vida!»
(De esta última frase, señores,
¡España entera se enteraría! )
(q)
(¡Pero vamos, vamos,
no la perdamos de vista:)
-Además: «La gestión sanitaria es la especialidad
profesional que más propiamente me compete a mí.»
(Cuentan, los bien informados, que justo ahí
se le iba haciendo la boca agua.
Y, el agua, quién sabe si ron…, ginebra… o anís.)
(r)
-De suerte, pues, que si hay persona alguna
que pueda resucitar o recuperar a la tierra mía
-luego de tantos años peperos de auténtica agonía-,
¡esa no es otra, con su ímpetu y su potra,
que María Jesús Montero; ‘oséase’, YO MISMA!
¡Y no hay más que añadir!
(s)
(¡De verdad, señores, que no faltaba
sino verle una espada blandir!
Decir, al oír a los informantes,
que, al punto, me estremecí, es poco decir:
si no es ella quien pone ‘una pica en Flandes’,
tendrá que ser Sánchez el que se arremangue;
pues mujer tan aguerrida nunca antes yo vi!)

guirong fu

Tengo 60 tacos; es decir, una linda juventud... prolongada.
Catalán y ESPAÑOL de Barcelona, en donde ahora vivo feliz,
pues, TENIENDO SALUD, no me falta de nada.
Guirong Fu, en Twitter, decidí hacerme llamar;
y todos saben que es Nietzsche quien puse en mi avatar.
No hay en mí afán de ocultamiento,
pero va con mi talante el anonimato.
De otra suerte, aunque les pusiera mi retrato,
no habrían de reconocerme ustedes un pimiento.
Den todos por bien seguro, sin embargo,
que, siempre que se trate de defender MI DIGNIDAD
y EL HONOR de quienes me honran con su amistad,
no habré de ocultar de mí ni un solo dato.
¿Mis intereses? Los mismos que siempre tuve:
El humanismo, la buena literatura y el ámbito entero de la psicología.
Y aunque en la política no siempre demasiado me entretuve,
los años me han llevado a querer tomarle la medida:
Me duele su arbitrariedad, su falta de sentido común, sus dislates.
Su ambición soez, su arrogancia, su desvergüenza, su hipocresía.
Me indigna que me deslumbre con sus lindos 'escaparates'
y que cuando entramos a 'comprar' no nos dé más que porquería.

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