Las píldoras del humor. Por Diego Pardos 

Las píldoras del humor. Viñeta de Mingote sacada del libro Mingoterapia (PPC Editores, 1994), procedente de ABC.

«Me voy a permitir por una vez el no coincidir con mi admirado Fernando Vizcaíno Casas cuando hablaba del sentido del humor como una actitud frente a la vida e incluso frente a la muerte»

En tardes como la de hoy no se está para nada. Se para uno a escribir y resulta que sucede precisamente eso: que se para uno antes de escribir. Y recuerda que tiene en su biblioteca un delgado libro verde titulado Mingoterapia. El editor (cuya dirección figura en el número 4 de la madrileña calle de Enrique Jardiel Poncela, lo cual ya es buena señal) lanzaba esta pequeña colección de viñetas de Antonio Mingote “contra cualquier tipo de esclerosis vital”. Y Chumy Chúmez, en el prólogo, que me gusta mucho porque es de una sola página de 26X20, y que es ideal para enmarcar y colgar en la pared para presumir ante las visitas, que nunca se paran a leer nada ni a discurrir mucho, en el prólogo -insisto- dice que el marqués de Daroca “aplica la conveniente anestesia” a sus críticas. Quizá por ello Chumy lo calificó de “monstruo autodomesticado” y para compensar, también de “mini-Velázquez”. 

 

De modo que para esa esclerosis vital se puede aplicar un tratamiento de mingoterapia, pongamos por caso. Pero sucede que en tardes como esta, sentado delante de la máquina de escribir, queda en el ánimo la sensación de derrota de lo acaecido veinticuatro horas antes, con el correspondiente y previo show televisivo de la prensa amarilla. Me refiero a la aplicación de la eutanasia en un hospital de Barcelona a la joven Noelia Castillo por medio de una inyección letal. Y uno se pregunta, ante lo terrible de este caso (cuyas circunstancias se han expuesto insistentemente a la opinión pública), si como decía Blas Piñar (El derecho a vivir, Madrid 1987) estudiando al padre de la criminología moderna Enrico Ferri y su obra L´omicidio-suicidio (Turín, 1892), no habrá sido la muerte de esta pobre criatura un caso de “suicidio con ayuda o cooperación de otro” o un “homicidio con el consentimiento de la víctima”. 

 

Pero en el día de hoy, que es un día deprimente y a uno le gustaría no escribir y casi no leer, arrinconar la máquina de las letras, no darle a la manivela ni siquiera cuerda, ponerse a dieta de tinta y bajar a la farmacia a comprar pastillas para el humor, porque de seguro están ya inventadas, en el día de hoy leo la columna de Irene Villa en La Razón titulada “Comedia y drama”. Y que trata de la necesidad del humor como bálsamo para nuestra convivencia. Irene Villa, que siendo una niña sufrió un horrible atentado terrorista de la banda ETA y en él perdió las piernas, es un buen ejemplo de esa persona que ha sabido vivir con alegría, triunfar en el estudio y el deporte, estimular a los demás, formar una familia… a pesar de que esa España que lloró tanto en ese día de octubre de 1991 ha pasado página a la velocidad del diablo. Pues Irene Villa parece que se ha ido al cine a ver la última entrega de la saga de Torrente, el célebre personaje interpretado por Santiago Segura, para reírse, que es -como dice ella- “algo incompatible con odiar”. 

 

Y como en tu columna (comedia), querida Irene, también tienes espacio para nombrar a esa mala de película de malos que es Anboto (drama) y esto mío de hoy es un poco triste, me voy a permitir por una vez el no coincidir con mi admirado Fernando Vizcaíno Casas cuando hablaba del sentido del humor como “una actitud frente a la vida e incluso frente a la muerte”. Pues no siempre. Hoy no. 

 

 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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