
«En definitiva si no somos inquietos desde nuestra primera hora hasta la última será como si estuviésemos muertos en vida»
Dostoievski meditó y nos ayuda a reflexionar sobre qué hace realmente valiosa una vida cuando sabemos que toca a su fin, momentos en los que poco a poco vamos percibiendo que cada hora hiere hasta que la última mata. Hipólito, protagonista de su obra ‘El idiota’, personaje representado por un joven enfermo obsesionado con la cercanía de la muerte nos lo explica en un razonamiento a través del gran almirante de Castilla que había recibido los títulos de Almirante de la Mar Océana, Virrey y Gobernador General de las islas y tierra firme que descubriera, otorgados por los Reyes Católicos en las Capitulaciones de Santa Fe de 1492, cargos hereditarios le otorgaron amplios derechos económicos y de gobierno sobre el «Nuevo Mundo». La frase es la siguiente: “Colón no fue feliz cuando descubrió América, sino mientras la descubría. Lo que importa es la vida, nada más que la vida: el proceso de descubrimiento, el proceso eterno y perpetuo, y no el descubrimiento en sí mismo».
Ello nos lleva a nuestra principal característica como seres humanos, sin la cual no somos nada y nos convertimos simplemente y de forma inexorable en objetos pasivos o muebles. Característica que apreciamos en cualquier bebé y que debemos mantener hasta nuestro último aliento. Me refiero a la Inquietud y lo describe con maestría la antigua fábula romana que recuerda Ramírez de Maeztu en su Defensa de la Hispanidad y que dice así…
Érase una vez una hermosa joven que paseaba por el bosque. Al encontrar el remanso soleado de un arroyo decidió tomar un descanso y enjuagar sus pies en sus aguas cristalinas. De repente reparó en una orilla arcillosa y feliz se puso a modelar una figura. Al terminar quedó tan satisfecha que invocó a Júpiter a quien mostró su obra y suplicó le infundiera en espíritu de la vida. Júpiter admirado por aquella obra cumplió de buen grado en deseo de la joven. Inquietud, entonces decidió ponerle su nombre, a lo que Júpiter se opuso radicalmente argumentando que si él le infundió el soplo de vida era suyo el derecho a darle un nombre. Mientras discutían, se levantó la propia Tierra que reclamó su derecho a ponerle nombre ya que con un trozo de ella se había modelado esa bella figura. Como no llegaban a un acuerdo llamaron a un juez imparcial, Saturno, que es el tiempo y ciertamente sentenció con justicia… Tú Júpiter porque le has dado el espíritu de la vida te llevarás su alma cuando muera, tú Tierra porque con parte de tí se ha modelado su cuerpo te llevarás su cuerpo cuando muera, pero tú Inquietud porque has sido quien la ha modelado serás su única propietaria mientras viva. Y como hay duda sobre cómo se llamará su nombre será Hombre porque de humus, de tierra negra está hecha.
En definitiva si no somos inquietos desde nuestra primera hora hasta la última será como si estuviésemos muertos en vida.
