
«La cruda realidad del esperpento político en el que sólo nos falta un nuevo Valle Inclán que diera buena forma literaria al desastroso devenir de acontecimientos, a cual peor»
En este Segundo Domingo de Pascua, o de la Divina Misericordia, como lo llamó San Juan Pablo II, y enésimo de la pascua con minúscula que nos lleva haciendo desde hace casi ocho años el nefasto desgobierno Frankenstein, fruto –todo hay que decirlo– del desacertado gobierno “Rajosorayesco” –permítaseme el palabro–, toca volver a la cruda realidad del esperpento político en el que sólo nos falta un nuevo Valle Inclán que diera buena forma literaria al desastroso devenir de acontecimientos, a cual peor.
Por un lado, llegamos ya al mes y medio del conflicto que iba a durar “dos o tres semanas” en Irán y que va a llegar al mes y medio, después de varios ultimátums aplazados y un último para el martes: “El martes será el día de la central eléctrica y el día del puente, todo en uno en Irán. No habrá nada igual. Abran el maldito estrecho, locos cabrones, o vivirán un infierno. Ya verán. Alabado sea Allah. Presidente Donald J. Trump”, que siguió la misma pauta, con un aplazamiento de dos semanas, Pakistán mediante, que parece haberse interrumpido tras una larga reunión de más de veinte horas del vicepresidente J. D. Vance con los representantes iraníes. Algo que no frena el ímpetu del presidente: “Hemos ganado”, aunque, por el momento, no tengo claro el qué.
Por el otro, la primera semana de Pascua empezó con la apertura de dos juicios que llevan al banquillo a exministros y cargos de los dos partidos. El lunes comenzaba en la Audiencia Nacional, después de once años, la vista del conocido como Caso Kitchen, que afecta directamente al Partido Popular de Mariano Rajoy, aunque no a él directamente, por ahora, pero sí a su ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz y a su mano derecha y Secretario de Estado de Seguridad y después diputado, Francisco Martínez, que se enfrentan a 15 años de prisión, junto al famoso excomisario José Manuel Villarejo, para el que la fiscalía pide 19 años de cárcel, por montar un presunto operativo ilegal, sufragado con fondos reservados para espiar al que fuera senador y tesorero del PP, Luis Bárcenas, y a su familia, con el objetivo de sustraerle una documentación comprometedora para el PP, cuando se estaba investigando el caso Gürtel. Curiosamente, el PSOE ejerce en este caso la acusación popular, pese a haber presentado una ley para acabar con ella en nombre de los partidos y ha solicitado reiniciar la causa para poder imputar a María Dolores de Cospedal, mientras los acusados han pedido la nulidad de la causa, alegando que la Audiencia Nacional no es el tribunal competente.

Y el martes arrancaba en el Tribunal Supremo el primero de los, no se sabe cuantos al final, casos que cercan cada día más el limbo sanchista, el famoso Caso Mascarillas, que sienta en el banquillo al exministro de Fomento primero y de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana después, y exsecretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, y a su hombre para todo Koldo García, para los que se piden 24 y 19 años de cárcel, respectivamente, por liderar un grupo organizado para el cobro de mordidas en el suministro de material sanitario durante la “plandemia” mientras nos encerraban a los españoles. Junto a ellos se sienta también el empresario Víctor Gonzalo de Aldama, para el que se piden 7 años por su colaboración con la justicia desde su salida de prisión provisional, en respuesta a “las inventadas” a las que se refería Pedro Pinóchez, que están resultando bastante ciertas: “Si quiere datos, los va a tener”, o algo así, decía Aldama a las puertas de Soto del Real, cuando salía de su prisión provisional en el complejo vacacional que todavía disfrutan los dos primeros y por el que pasó una temporada el segundo secretario de Organización que le salió rana al líder absoluto, Santos Cerdán, que no aparece imputado en este caso, de momento.
Y pese a que hubo un primer intento de jugar al empate culposo por parte de la Moncloa, en esa táctica que tanto les gusta a nuestros políticos, especialmente a los de la izquierda, del “y tú más”, parece que el protagonismo en los medios e informativos se lo está llevando el Supremo pese al inútil intento de la nueva portavoz del gobierno Elma Saiz: “Yo empatizo con el ciudadano que ve dos casos importantes. Quiero recordar también –pero sólo recuerda uno–el caso más importante de corrupción en el Partido Popular que se está juzgando, que es la Kitchen, compartiendo que la corrupción nos hace daño a todos como sociedad”.

Y es que Ábalos –y Cerdán cuando le llegue el turno– era mucho más importante para el doctor Plagio cum Fraude a nivel de gobierno y de partido que lo fueron nunca Fernández Díaz y Bárcenas para el señor registrador. Y también que a éste ya le pasó factura su responsabilidad política, si no aparece otra, con la pérdida del gobierno tras aquella sentencia “amorcillada” que motivó la pintoresca moción de censura del 31 de mayo y 1 de junio de 2018 y el campeón de la selección de personal sigue en la Moncloa y de Falcon en Falcon y vuelo porque me toca, o porque me sale…
Además de que el asunto de la Kitchen, y su conexa Gürtel, no parecen tener nada que ver con Alberto Núñez Feijoo, como le gustaría al PSOE. Recordemos que el principal de los encausados en el Supremo se subía entonces a la tribuna del Congreso para defender la moción y acusar la corrupción del PP: «Una vez conocida la sentencia del caso Gürtel, ya no hay suposiciones, sino certezas. La certeza jurídica de que Gürtel era el PP y el PP era Gürtel. Los principales dirigentes de su partido, el partido del gobierno, lideraban una organización que se financiaba irregularmente y muchos de sus cargos se enriquecían ilícitamente. Mientras familias sufrían la crisis, otros se hacían millonarios. Los españoles no podemos normalizar la corrupción en nuestras vidas ni en las instituciones. La corrupción puede ser algo inevitable, desde luego nunca se podrá evitar, pero no es justificable. Y en ese sentido, la diferencia debe ser algo esencial, no accesorio…» Y lo decía uno de los cuatro de la banda del Peugeot, condenado por los presuntos delitos de organización criminal, cohecho, tráfico de influencias, uso de información privilegiada y malversación de caudales públicos, que parece que ya llegaba corrupto de casa y con toda una trama organizada, como estamos viendo en los últimos cinco años. Y lo remataba admonitoriamente el jefe: “Dimita señor Rajoy y todo terminará, podrá salir de la Presidencia del Gobierno por decisión propia”, tras dedicarle otro exhorto: “¿O va a continuar aferrado al cargo –maldita hemeroteca, ¿verdad, señor Sánchez?–, debilitando la democracia y debilitando y devaluando la calidad institucional de la Presidencia del Gobierno?”. Pero el aludido prefirió transmutarse en bolso y pasó lo que pasó y ahora padecemos.

Viendo lo que está saliendo de corrupción en torno al PSOE, es obligado acordarse del eslogan mitinero del que empezó a acelerar el desastre nacional, el chavista José Luis Rodríguez Zapatero: “Ser socialista es tener poco y estar dispuesto a dar mucho”, que habría que parafrasear cambiando las tres últimas palabras por “…a llevárselo todo” y añadiendo “… y deprisa por si no da tiempo”. Por eso estos llegaron ya con la trama organizada y lista para empezar el “trabajo.
Hasta final de abril, el Supremo interrogará a más de setenta testigos, altos cargos del ministerio, familiares de algunos de los acusados y barones insulares, como Ángel Víctor Torres, que fuera presidente canario y hoy es ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, no sé qué tendrán que ver ambos cometidos, o Francina Armengol, expresidente balear y hoy, incomprensiblemente, tercera autoridad del Estado desde la presidencia del Congreso, que se van a acoger a su privilegio de contestar por escrito. Y por allí ha pasado ya el hijo del exministro, Víctor Ábalos, que, como buen hijo, negó cualquier irregularidad y que hubiera actuado como testaferro. También estuvo otro familiar, en este caso Joseba García, el hermano de Koldo, que dejó clara su condición de “recadero” económico en Ferrazmientras su hermano sonreía: «¿Ha ido usted alguna vez a la sede del partido socialista, en la calle de Ferraz, a recoger algún dinero, algún sobre con dinero en metálico para su hermano o para Patricia o para alguien de su entorno? “Sí, yo subía. Ellos me decían dónde tenía que subir, no me acuerdo de la planta, subo, ella me dice, toma, aquí tienes el dinero, yo cojo el sobre con el dinero…”». Una respuesta comprometida para el PSOE, me parece.

También comparecieron como testigos dos de las “sobrinas” de Ábalos, Jessica Rodríguez, a la que le puso un piso de lujo en la Plaza de España pagado por Aldama en el que vivió dos años y medio y la colocó en la empresa pública de ingeniería INECO sin necesidad de asistir. Tras un duro proceso de selección: “¿Sabes leer y escribir? Sí. Contratada” consiguió derecho a pasaje de avión oficial y otras cosas a cambio de “asistencia personal”. Negó haberse dedicado a ejercer la prostitución y dijo ser “azafata de imagen y dentista colegiada”, con los estudios costeados también por nosotros a través del exministro. La otra, Claudia Montes, ex Miss Asturias +30 –que digo yo que las hay más guapas en Asturias ¿no? Será que no se presentan–, a la que también colocó, aunque declaró que “José Luis Ábalos no me dijo, oye, te enchufo. Nunca me lo ha dicho hasta el día de hoy, que veo todas las pruebas que hay y ustedes me están demostrando por los mensajes que hay, que ellos hicieron algo detrás”. En este caso fue en otra filial de RENFE LogiRail, en la que como no le daban trabajo, dejó de ir y se dedicó a acudir a la biblioteca a leer libros y cuando el magistrado le preguntaba si lo hacía en horario de trabajo, contestó con desparpajo: “En horario de trabajo y eran todos referente a los trenes. Me estaba, o sea, quería saber todo lo que es referente a los trenes”. Al menos, ésta demostró más interés que la otra, que no sabía qué era INECO pese a haber acompañado a Ábalos a Moscú en viaje oficial como delegada de esa empresa.
Declaró también Carmen Pano y su chófer que mantuvieron sus declaraciones: “Soy Carmen Pano y soy la persona que entregó en la calle Ferraz 90.000 € siguiendo instrucciones de Víctor Gonzalo de Aldama. También soy la persona que compró el chalet en La Alcaidesa, por orden de Víctor de Aldama y para el señor Ábalos”. Preguntada por a quién se lo entregó respondió que “Me estaban esperando, nada más salir del ascensor había una persona, era un señor, en la segunda planta y se lo di”, al tiempo que reiteró haberlo recibido de Víctor de Aldama. Poco antes, la hija, Leonor, declaró que cuando era su pareja, Aldama le confesó que acudió con Koldo a casa de Juan José Hidalgo, el dueño de Air Europa, para recoger medio millón de euros, la comisión por haber ayudado a conseguir el rescate de la compañía por 475.000.000 de dinero público.
Y mientras ocurre todo esto y se demuestra que Óscar Puente mintió también al demostrarse que la vía de Adamuz se rompió 22 horas antes del accidente, no “unos minutos o unas horas” como había dicho el ministro y que las oscilaciones en el sistema eléctrico que acabaron en el apagón de España se venían produciendo semanas antes del apagón y que la causa son los desequilibrios que provoca la energía solar, el presimiente sigue viviendo en su mundo paralelo y se vistió con la segunda equipación de la selección española de fútbol para contarnos otra mentira que me hizo revivir aquel antiguo y gran programa “Un, dos, tres” de Chicho Ibáñez Serrador en la entonces decente TVE, cuando aquel simpático Dúo Sacapuntas nos cantaba su “22, 22; 22, 22, 22…”. Y así, con el 22 a la espalda, nos vendió en un nuevo vídeo de TikTok esos veintidós millones de altas en la Seguridad Social, que no son tantos y además no son empleos y no digamos ya si contamos como tales los famosos “fijos discontinuos”.
También nos publicaba otro vídeo en el que nos contaba que comenzaba la jornada en su despacho encendiendo incienso y nos enseñaba algunas figuras del Quijote, por el que parece que siente gran afición. Y para completar la desvergüenza y la nula consideración del personaje, el conductor de la banda del Peugeot se nos va al OXO Museo del Videojuego, para lo que lo que movilizó a media docena de furgonetas y a más de veinte escoltas. Allí, cambiaba de vehículo y remataba su show al volante de un coche montado con piezas de Lego inspirado en Mario Kart.

Y como muestra de su máxima preocupación por sus problemas judiciales y por los de los españoles que no llegan a final de mes ni pueden adquirir una vivienda ni casi alquilarla, nuestro Felónez del Siglo XXI se organiza otra excursión a China, la cuarta ya, en menos de cuatro años, para estrechar lazos con el régimen comunista chino, en compañía de la también imputada por cinco delitos, Begoña Gómez, que vuelve a tener presencia después de varios meses ausente de la escena pública. Y por si le falla lo de Ormuz y no termina de controlar las consecuencias delictivas de sus colegas, se quiere sacar de la chistera una reforma fantasma para meter el aborto en la Constitución, aunque sepa que no va a salir porque necesita 3/5 de la Cámara y el PP ya ha dicho que no. Pero pasen días y caigan dietas en la Moncloa y el Falcon.
La hazaña del Artemis II en la Luna; la corrupción de Forestalia y su conexión con Santos Cerdán; la más que probable relación de Rodríguez Zapatero con el rescate de Plus Ultra a través de su amigo Julio Martínez; la trama de los hidrocarburos y la posible implicación de varios ministerios; el sobre de Delcy Rodríguez y su relación con la financiación irregular del PSOE y de la Internacional Socialista y la catetada del Guernica a Bilbao, que le pide el PNV al dadivoso “Pedlo”, como lo llamaba un conocido comentarista por tanto viaje a China, se tienen que quedar fuera de este análisis, entre otras “minucias” más de las que no le importan al presimiente.

