
«No entiendo como desde el gobierno no se dice nada sobre los aliados electorales de Sánchez que incitan al enfrentamiento»
Cabe preguntarse dónde están tanto la Comisión Antiviolencia, la Secretaría de Estado para el Deporte como el Ministerio del Interior, así como la Delegación del Gobierno en Sevilla, la Fiscalía y la Audiencia Nacional o de quien dependa. También me pregunto dónde está la Real Federación Española de Fútbol. La situación ha sido calificada como de libertad de expresión, pero cuando lo de «musulmán el que no bote» por lo visto fue la comisión de un delito de odio, un hecho racista porque se dice que habrá consecuencias, consecuencias por el calificado como cántico racista en el partido España vs. Egipto celebrado el pasado 31 de marzo de 2026. Sabemos que se han iniciado múltiples procesos sancionadores que afectan tanto a la Federación como a individuos particulares. Dejemos claro que el islam no es una raza sino una, en mi opinión, falsa religión.
En el partido de final de la Copa del Rey se escucharon gritos como el edificante «Somos la banda de Anoeta- ¡ETA!» y también «puta España y puta Selección»… gritos proferidos a sabiendas por unos hijos de puta a menos de cien metros de donde asesinaron a tiros al matrimonio Jiménez Becerril sin que Marlasca ni el ‘saunas’ se hayan inmutado.
El 30 de enero de 1998, la banda terrorista ETA asesinó en Sevilla a Alberto Jiménez-Becerril (37 años), concejal del PP, y a su esposa Ascensión García Ortiz (39 años), procuradora. Fueron tiroteados por la espalda en la nuca en el centro de Sevilla, primero a Alberto y cuando era sostenido agonizante por su esposa Ascensión, el terrorista volvió sobre sus pasos para descerrajarle dos tiros a ella, dejando tres hijos huérfanos y conmocionando a la sociedad española… Hoy gobiernan con Sánchez y sus secuaces.

Esto sucedió después de que el terrorista Otegi, líder de EH Bildu, hiciera un llamamiento directo a la afición ‘txuri-urdin’ para aprovechar este escaparate deportivo y «demostrar que somos vascos, no españoles», subrayando que el encuentro puede ir más allá del fútbol y convertirse en un gesto simbólico colectivo.
Debemos preguntarnos sobre esos dos partidos y sus posibles consecuencias: ¿Habrá sanciones de la FIFA? El máximo organismo del fútbol mundial ha abierto un expediente disciplinario contra la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). ¿Habrá multas económicas elevadas por incumplir los protocolos de «tolerancia cero»… contra el terrorismo? ¿Se procederá al cierre parcial o total de estadios de fútbol? ¿Habrá campañas de sensibilización y mensajes contra el racismo, el terrorismo y el separatismo en futuros encuentros si el gobierno es aliado de esos partidos políticos que mantienen a su pelele Sánchez en el sillón?
Sabemos que en el partido de la selección se han activado varias vías de investigación… ¿y en el partido celebrado en Sevilla? ¿revisando las cámaras de seguridad para identificar a los autores materiales de los gritos contra España, el Rey y a favor de la organización terrorista ETA? Si en un caso de preveen sanciones administrativas basadas en la Ley 19/2007, que pueden incluir multas individuales de hasta 60.000 euros y la prohibición de acceso a recintos deportivos, ¿qué ocurre cuando se ataca España, al jefe del estado y se jalea a una banda terrorista? ¿para qué sirve la Comisión Antiviolencia? ¿Se van a analizar videos para proponer sanciones adicionales a los responsables identificados que incluso han provocado incidentes de tráfico en carretera de regreso al País Vasco intentando sacar de la carretera a algún vehículo de aficionados con la bandera Nacional?
Sin ser aficionado al fútbol, pues sólo veo los partidos de la Selección Nacional, tanto masculina como femenina, he de decir que no entiendo como desde el gobierno no se dice nada sobre los aliados electorales de Sánchez que incitan al enfrentamiento y que consienten ese ataque sin consecuencias la Bandera Nacional, al Rey o a cualquiera de los símbolos de todos los españoles como es el Himno Nacional, que sólo con pitarlo debería provocar la suspensión del partido y cierre del campo de fútbol con consecuencias económicas para el club responsable.

