El erotismo elegante. Por Susana del Pino

“El instinto erótico pertenece a la naturaleza original del hombre. Está relacionado con la más alta forma de espíritu”  

Carl Gustav Jung (1875-1961). Psiquiatra y psicólogo suizo

 

El erotismo ha ocupado siempre en el ámbito de la expresividad artística un lugar relevante, ya que pone de manifiesto los instintos primarios innatos en el ser humano.

Venus de Willendorf y Venus de Laussel.

Desde las primeras manifestaciones artísticas en la Prehistoria aparecen representaciones, fundamentalmente de figuras femeninas, en las que eran especialmente resaltados sus atributos sexuales. La Venus de Willendorf o el bajorrelieve de la Venus de Laussel dan muestra de ello, aunque la representación de órganos masculinos con el falo erecto en las cuevas paleolíticas o el misterioso Gigante de Cerne Abbas, (IV-V milenio a. C.) ponen de manifiesto la concepción dualista en la sociedad prehistórica en la que la idea de fertilidad no puede darse sin considerar el elemento masculino.

Gigante de Cerne Abbas. Condado de Dorset, Inglaterra.

Estas figuras eran símbolos de maternidad y fertilidad y se identifican con la Madre Tierra, con un espíritu benéfico y positivo, aunque hay interpretaciones que ponen en duda el concepto de Diosa madre.

En Mesopotamia y Egipto aparecen igualmente estatuillas femeninas como la diosa Isthar (c.143 a. C.-225 a. C.) no relacionada con la maternidad, se trataba de una sociedad en la que practicar sexo era una actividad completamente natural y en ningún caso ocasionaba problemas de conciencia.

Para los etruscos, el erotismo estaba también presente en la vida cotidiana. En el Sarcófago de los esposos la ternura, el afecto, expresados de forma serena, con la escena representada en la Tumba de los Toros en la necrópolis de Monterozzi (Tarquinia) donde aparecen un hombre y una mujer copulando y una pareja homosexual. 

En Grecia y Roma el arte es particularmente rico en representaciones eróticas, incluso entre personas del mismo sexo y muy explícitas, cada vez más alejadas de cualquier cariz religioso.   

Venus de Cnido, Pracíteles. Roma. El Doríforo, Policleto

La civilización griega constituye un periodo esencial en la representación de figuras desnudas y escenas eróticas, la mayoría de ellas muy explícitas por lo que no es posible reproducirlas en este medio. Para la cultura griega el erotismo y el sexo formaban parte de la vida cotidiana que se expresaban con naturalidad y a la vez ligados a los ritos de fertilidad.

La escultura griega es la fusión de la belleza, la perfección y la virtud. Muchas de ellas desnudas transmiten sensualidad, belleza y armonía. Un auténtico diálogo entre arte y naturaleza en el que el cuerpo transmite sensualidad y emoción con actitud serena.

Frescos De la Villa de los Misterios, Pompeya. (Detalle).

En Roma, los frescos de la Villa de los Misterios en Pompeya (70 a.C.-50 a. C.) son un claro testimonio de las ceremonias místicas ligadas a los ritos de la fertilidad. Las extraordinarias pinturas sobre fondo rojo representan un rito de iniciación dionisíaco en el que se narra la preparación para el matrimonio de una joven pompeyana en una composición con dioses y mortales en la que se unen erotismo y fertilidad.

Lucerna romana con escena erótica.

En numerosos restos encontrados en Herculano y Pompeya aparecen imágenes que muestran un erotismo más lúdico y liberado de significado religioso; no solo pinturas, joyas, inscripciones, monedas utensilios y objetos de todo tipo reproducen escenas eróticas, lo que pone de manifiesto como el amor y el sexo eran importantes en la vida romana. El erotismo se expresaba en el mundo antiguo libremente y sin inhibición.

Sin embargo, con la llegada del cristianismo se asiste a una condena generalizada a la sexualidad y a la manera de practicar sexo. Una nueva ética sexual que se impone en Occidente durante siglos y que dominará la Edad Media, sobre todo entre los siglos X al XV. En este sentido, la representación de los Siete pecados capitales, sobre todo la lujuria, que se personifica en numerosos personajes en las iglesias que muestran la influencia del imaginario medieval con respecto al sexo, el erotismo y la tentación sexual femenina.

El Juicio universal de Giotto di Bondone (fragmento).

El rechazo y la condena a los asuntos carnales por parte de la Iglesia y los futuros castigos que padecerían las almas que se dejaban llevar por estos placeres son visibles en numerosas representaciones como el Juicio universal de Giotto di Bondone (c. 1267-1337), en el que, además personajes que muestran las consecuencias de cometer otros pecados, aparecen mujeres atormentadas por ofrecer su cuerpo a los hombres. Esta obra será un modelo recurrente para otros pintores.

Sin embargo, hay que destacar que, a pesar de las prohibiciones de la Iglesia, el erotismo en este periodo no solo se contempla desde un punto de vista negativo. En literatura El Decamerón de Giovanni Bocaccio (1313-1375), obra narrada por diez jóvenes que se aíslan en una villa florentina durante la epidemia de la Peste Negra, el autor narra en cien relatos, contados en diez jornadas, experiencias sobre el amor, la buena fortuna y la inteligencia, destacando el componente burlesco e irónico.

Memmo di Filippuccio, escenas del Podestá de San Gimignano, Museos cívicos.

Uno de esos relatos Sallabaeto y la siciliana influiría en los frescos realizados por Memmo de Filippuccio (c. 1250-c.1325) en la habitación del podestá de San Gimigniano, en la que se representa a una pareja en una habitación y otra en la que aparecen en una bañera, escena que se muestra como un ritual cargado de significado erótico.

A partir del siglo XII, gracia a la poesía caballeresca y al amor cortés, el tema erótico va asumiendo un nuevo significado en la cultura y arte europeos; un amor espiritualizado que conserva el carácter sensual y erótico.

El jardín del amor, Cristóforo y Ambrogio de Predis.

El jardín es el lugar del amor y del placer por excelencia en el mundo medieval, un espacio alejado del mundanal ruido, donde las flores, los pájaros y las fuentes hacen que no exista nada que no sea acorde con el amor. Son numerosas las representaciones de escenas románticas y eróticas en estos espacios. En el Jardín de las delicias de Jheronimus Bosch, El Bosco (c.1450-c.1516) hombres y mujeres se abandonan al placer en juegos amorosos y perversos, al igual que en la Fuente de la juventud de Giacomo Jaquerio (c. 1375-1453).

El amor por la naturaleza y por la belleza del hombre constituyen la base de una gran parte de la iconografía del Renacimiento que admira la Antigüedad clásica y da paso a la nueva visión humanista, una renovación cultural y artística que afectará a la vida política, la sociedad y sus costumbres y por supuesto al arte.

Con respecto al estudio de textos clásicos y el arte de la Antigüedad, es importante destacar la aportación de la Academia Neoplatónica Florentina promovida por Cosme I El Viejo (1519-1574) y Lorenzo de Médicis (1449-1492), que, con filósofos tan ilustres como Farsilio Ficino (1433-1499), influiría considerablemente en las Artes.

El nacimiento de Venus ( arriba), La primavera, Sandro Boticelli.

En este periodo, la concepción de armonía y belleza tiene su máximo exponente en la figura del pintor Sandro Boticelli (1445-1510). El artista en el Nacimiento de Venus presenta a la diosa con una belleza idealizada y cierto erotismo que representa el equilibrio en la experiencia amorosa, entre la pasión física y la pureza espiritual.

En La Primavera, Boticelli nos transmite esa sensualidad y erotismo a través, no solo de la ninfa Cloris y la diosa Flora, las figuras de las Tres gracias con velos transparentes y sus sugerentes posturas crean un erotismo elegante.

En escultura, con Donatello (1386-1466) y sobre todo con el gran Miguel Ángel Buonarrotiti (1475-1564) se impone un nuevo canon de belleza masculina. El David de Miguel Ángel se aleja de la iconografía tradicional del héroe bíblico. El artista muestra una figura atlética, el cuerpo desnudo, unas proporciones y una anatomía perfecta y una musculatura imponente que expresan la tensión del momento antes de encontrarse con Goliat.

Tiziano Vecellio (c. 1490-1576) en la Venus de Urbino nos muestra un retrato explícitamente erótico en el que la mujer, parece ser una cortesana veneciana, mira al espectador mostrando una actitud cercana; su mano sobre el pubis sugiere aquello que no puede mostrarse. Despierta el deseo, pero de forma elegante e incluso una persona religiosa no se escandaliza, ya que ve su belleza y su esencia como parte de la creación sin ofender su fe.

Venus de Urbino, Tiziano.

El cuadro se ha interpretado como una alegoría neoplatónica de la unión matrimonial, con elementos que hacen alusión a esa unión; en segundo plano las damas de compañía buscan en los arcones de la joven done se guardaba su ajuar o dote, el perro a sus pies como símbolo de fidelidad o la planta de mirto en el ventanal que representa la perseverancia en el matrimonio. La obra inspiraría obras posteriores como la Venus del espejo de Diego Velázquez (1599-1660), la Maja desnuda de Francisco de Goya (1746-1828) o la bella y sugerente Olympia de Edouard Manet (1832-1883).

Olympia , Edouard Manet.

En el Barroco, periodo de la Contrarreforma, el arte responde al protestantismo asumiendo un papel decisivo para difundir las ideas católicas. Se prestó enorme atención a textos surgidos tras el Concilio de Trento (1545-1563) en los que se establecían las normas correctas para representar el arte; un arte que debe ser didáctico, comprensible y que llegue al alma y provoque emoción en los fieles.

En este contexto, durante la segunda mitad del siglo XVI floreció la pintura naturalista con Anibale Carracci (1560-1609) como principal exponente, y el magistral realismo de Caravaggio (1571-1610) que supo capturar imágenes con un dramatismo sin precedentes. 

Amor vencedor, Caravaggio.

En cuanto a la fuerza emocional y los sentimientos que debían provocar en los fieles, supieron transmitir también cierto componente erótico, convenientemente enderezado, como un vehículo para encender el alma de los fieles.

En el siglo XVIII aparece la figura del libertino, alentada por el Marqués de Sade (1740-1814), un hombre dispuesto a sacrificar totalmente los sentimientos ante sus deseos sexuales y justificando la expansión sin límites de sus pasiones basándose en una filosofía naturalista ya apuntada por autores como Denis Diderot (1713-1784) o Jean-Jacques Rousseau (1712-1778). 

Jean Baptiste François Joseph de Sade (1740-1814).

El pensamiento de De Sade, Jean Baptiste François Joseph de Sade (1740-1814), se comprende mejor en relación al gusto por el erotismo como consecución del puro placer que caracteriza a la cultura del siglo XVIII, fundamentalmente en Francia. 

Durante el siglo XVIII se produce paulatinamente un declive de los valores tradicionales sobre los que hasta entonces el clero y la aristocracia habían ejercido una fuerte hegemonía. La burguesía emerge en una sociedad en la que demanda nuevas exigencias artísticas. Con el arte rococó surge una pintura que no desea contar historias, sino comunicar emociones y sensaciones mundanas; el pintor Jean-Honoré Fragonard (1732-1806) será un buen representante de esta tendencia que refleja a la perfección en su obra El columpio en la que la joven es empujada por su marido y observada por su amante, situado frente a ella bajo su vestido desde donde puede disfrutar de la visión de las piernas de la joven, emoción que refleja en su rostro y  al que le tira uno de sus zapatos, un disimulado erotismo y par el autor símbolo del naufragio del vínculo del matrimonio.

El columpio, Jean- Honoré Fragonard.

A pesar de las rigurosas normas del Neoclasicismo que propugna un arte sereno, perfecto y con equilibrio en sus formas, el escultor italiano Antonio Canova (1757-1822) enciende sentimientos pasionales en su obra Amor y Psiche en la que la posición de las figuras y concretamente la mano de Cupido transmiten una gran sensualidad. 

Retrato de Madame Charles Max, Giovanni Boldoni. Detalle.

Giovanni Boldoni (1842-1931) elogiado retratista de la Belle Époque parisina, supo aportar en el Retrato de Madame Charles Max sensualidad y elegancia, algo que el pintor sabe transmitir de manera sutil, provocando una agradable y sugerente atracción en el espectador, lo que consigue con el tirante caído de su vestido,  una leve sonrisa o la pose con gracia de la modelo.

Gustav Klimt (1862-1918) sentía predilección por la mujer, a la que retrató en numerosas ocasiones mostrando un gran interés por la anatomía y la sexualidad femeninas. 

Danae, Gustav Klimt.

En su obra Danae, tema mitológico plasmado por otros grandes pintores como Tiziano, Rubens o Rembrandt, Klimt reduce la narración del mito para centrarse en los temas centrales de su poética, la fertilidad, el misterio de la vida y el erotismo. Presenta a la princesa en posición fetal como si estuviera soñando; los labios entreabiertos y la leve contracción de la mano recrean éxtasis sexual de una manera absolutamente creíble; el triunfo del instinto en ese momento sublime y único. Las transparencias de las telas aportan sensualidad y la lluvia de oro que caen como un torrente entre sus piernas.

En la segunda mitad del siglo XIX y pintores como Gustave Courbet (1819-1877) Henry de Tolousse- Lautrec (1864-1901) o Egon Schiele (1890-1918) a principios del siglo XX tratarán el erotismo en sus obras de forma muy explícita. Con las vanguardias en el siglo XX el erotismo en el arte se convertiría en una auténtica revolución; movimientos como el cubismo, el expresionismo o el futurismo manifestarían lo erótico de forma visceral e indagarían en la sexualidad, a veces mediante lo escandaloso.

En definitiva, a lo largo de los siglos muchos pintores han entendido que, más que la exhibición, es en la insinuación donde radica el erotismo y esa insinuación se plasma en una postura, un gesto, una mirada o incluso a través de los tejidos, la textura de la piel y los contrastes de luces y sombras. Se trata de exaltar la belleza y el deseo innato en el ser humano.

La venus del espejo, Diego Velázquez.

Un cuadro erótico busca despertar, no excitar; busca activar los sentidos del espectador en una experiencia íntima. El arte erótico, sensual y elegante, sugiere y deja volar la imaginación, como se aprecia en muchas obras, entre ellas, La venus del espejo de Velázquez.

Y es que el deseo, elevado a la categoría de arte por manos maestras, se revela como una de las expresiones más profundas, íntimas y bellas de la condición humana.

 

                                                                              

Málaga, 2026

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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