El PNV: poder sin responsabilidad, discurso sin coherencia. Por Javier Ygartua

El PNV: poder sin responsabilidad, discurso sin coherencia.

«Hoy el PNV no es bisagra: es soporte estructural del Gobierno. Y lo sabe. Aunque no lo diga. El problema no es el cambio de alianzas. Es negarlo mientras se ejerce»

El PNV no observa la política española: la condiciona. Las declaraciones de Aitor Esteban sobre el Gobierno de Partido Socialista Obrero Español vuelven a dejar una imagen clara: la de un partido que sostiene al Ejecutivo mientras intenta proyectar una distancia que ya no existe. No existe la “equidistancia” cuando eres decisivo en la mayoría.
El PNV no está al margen. Es imprescindible. Sin sus votos, el Gobierno de Pedro Sánchez no se sostiene con la misma solidez. Todo lo demás es relato.
Se exige en público lo que se garantiza en privado. Crítica verbal para el titular. Apoyo parlamentario para la votación. Esa es la fórmula repetida legislatura tras legislatura.
El “partido exigente” es una construcción retórica, no una realidad política. Porque la exigencia pierde sentido cuando el resultado final es siempre el mismo: sostener al Gobierno en lo esencial.
El poder sin coste es el modelo del PNV. Influir, condicionar, negociar… pero evitar el desgaste de asumir plenamente la responsabilidad de ese poder.
La relación con los no nacionalistas es uno de los puntos más controvertidos de su trayectoria política. El PNV ha sido criticado en múltiples ocasiones por sectores no nacionalistas por una percepción de política institucional orientada principalmente a la agenda nacionalista vasca, con menor sensibilidad hacia las posiciones del electorado no nacionalista dentro de Euskadi.
Esa brecha política no es nueva ni accidental. Forma parte de una dinámica histórica donde el eje nacionalista ha marcado prioridades institucionales, generando una sensación de representación desigual en parte de la ciudadanía no nacionalista.
El problema no es defender una identidad política. Es hacerlo desde la exclusión del otro. La crítica recurrente hacia el PNV no se centra solo en sus posiciones, sino en la forma en que se percibe su relación con quienes no comparten su proyecto nacionalista: una relación a menudo vista como distante, instrumental o secundaria.
La política penitenciaria con ETA sigue siendo una sombra incómoda en su trayectoria. El debate sobre los presos de ETA y la política penitenciaria asociada al final del terrorismo ha sido uno de los terrenos más sensibles del periodo democrático reciente, con interpretaciones políticas muy distintas sobre su papel en ese proceso.
No se trata de pasado cerrado, sino de memoria política activa. Las decisiones y posiciones adoptadas en etapas críticas siguen formando parte del juicio político sobre la coherencia del partido.
Del Pacto de Estella al presente parlamentario: el mismo patrón. Adaptación constante al equilibrio de poder, lectura flexible de los escenarios y maximización de influencia en cada momento histórico.
El alejamiento del PP no fue un matiz: fue un giro de eje político. El distanciamiento del Partido Popular y la consolidación del apoyo al PSOE no son episodios aislados. Son la prueba de una reorientación estratégica clara.
Hoy el PNV no es bisagra: es soporte estructural del Gobierno. Y lo sabe. Aunque no lo diga. El problema no es el cambio de alianzas. Es negarlo mientras se ejerce.
Porque se puede cambiar de socio. Lo que no se puede es pretender que nada ha cambiado. Eso no es matiz político. Es falta de coherencia.
Y la coherencia es la primera víctima cuando el poder se convierte en fin en sí mismo.

Javier Ygartua Ybarra

Ex interesado en la política, siempre interesado en el deporte, ahora prácticamente en forma. Madridista ante todo, futbolero y fan de la Selección Española. Hala Madrid y nada más.

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