¡MUY BUENOS DÍAS!
Hoy os presentamos una obra de pintura sugerente al igual que su título, en donde la oscuridad no sólo se ve externa, sino que también se torna interna. La noche es el momento en que las distracciones desaparecen y los miedos afloran. Para un niño, la «inquietud nocturna» es el miedo al abandono o a la propia identidad; el momento en que se da cuenta de que la máscara de payaso no puede protegerlo de la soledad del mundo adulto. La pintura se puede observar como un espejo transgeneracional, donde el miedo no cambia con la edad, tan sólo cambian las experiencias vividas y la manera en que se oculta.
Cuento con la participación de Julián Huete Hereder, un lector de esta revista y al que profeso un gran cariño.
Kesja Tabaczuk. nacida en Opole, Polonia. Descubrió su pasión por el dibujo y la pintura a temprana edad. Se formó en el instituto «OSSP» de Opole, donde estudió dibujo, pintura, diseño, escultura e historia del arte durante seis años, influyendo significativamente en sus creaciones posteriores. Aun siendo admitida en la Universidad de Arte de Polonia, optó por otro camino, dedicándose a la autoformación para pintar aquello que realmente la inspiraba. Exposiciones individuales y colectivas. Su obra forma parte de numerosas colecciones privadas en todo el mundo, incluido el Museo New Salem en Massachusetts.

«Inquietud nocturna» Por Julián Huete Hereder
Inquietud nocturna
o suspensión ante la espera,
es la imagen de las mil caras,
te puedes proyectar según eres.
Para cada persona será diferente,
unos la alegría de la infancia,
o para otros serenidad
o espectacion ilusionada… o tristeza,
y me conmueve… me trae mi niño herido.
Noches de insomnio recordando mis juguetes,
los amores que dejé pasar,
las palabras que no encuentro,
los versos olvidados.
Hoy atrapado en la necesidad,
huyendo en la fantasía,
cuando perdí mil batallas
te escondes,
te disfrazas de payaso,
de niño herido,
perdiendo la mirada en el vacío,
sabedor de la noche larga.
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«Inquietud nocturna» Por Mila Soyyo
Un lienzo bañado en ceniza,
donde el tiempo parece vacíado.
El niño en la cama se hechiza
con un peso antiguo y reservado.
La noche sigilosa, se aposenta
dueña de la estancia, del vacío.
Un claro se queda en el rostro,
dudando de un alcance contenido.
Un rastro de luz por la ventana
el resto, grises mordiendo el alma.
En esa distancia extraña y en calma
la noche se queda… algo le llama.
El eco fingido en el rostro,
máscara inmóvil sin ser.
Payaso triste, sueño cercado
la oscuridad vuelve a crecer.
Nocturnidad y pesadillas,
cuando la mente es arlequín.
¿Es lo que aún no tiene nombre
o lo que ya vive en ti?
Pelo castaño, leve latido
lo único vivo: resistir;
breve y febril, casi un suspiro
en un vacío por persistir.
«Inquietud nocturna»,
un miedo nacido temprano
en donde el niño ya siente en el hombre
el invierno apretando su mano.
Y ese frío,
sin nombre,
se queda.
***
Expreso mi agradecimiento a Julián Huete y a Manuel Artero.
Desde vuestra revista digital La Paseata os deseamos que tengáis un maravilloso día. ¿Es posible aprender a esconder la tristeza tras una máscara social para no preocupar a los demás o para encajar en una expectativa de alegría perpetua? En la profundidad de la noche, el miedo se siente exactamente igual a los 8 que a los 60 años; es un espacio incoloro donde nos sentimos pequeños.
¡Feliz jueves!
MMB

