
«Cuando la comunicación es interesada deja de ser provechosa para la sociedad. Se convierte en propaganda»
Soy un enamorado de la comunicación. De la buena comunicación. De la que se desprende una respuesta crítica a un hecho o actitud y una enseñanza vital. A este análisis he dedicado gran parte de mi vida.
En Málaga tenemos la suerte de contar con un Obispo que se preocupa mucho de la “buena comunicación”. Y la ejerce. Cada semana nos envía una “carta desde la fe” en la que aborda temas de actualidad. En la de esta semana nos invita a “Comunicar en Cristiano”. Para ello es preciso “Custodiar las voces y los rostros humanos” (una recomendación del Papa León XIV).
En dicha reflexión nos invita a practicar tres actitudes fundamentales, al objeto de realizar una comunicación veraz, en medio de una vorágine de noticias entre las que es difícil reconocer la que se ajusta a los hechos, sin ningún tipo de manipulación o tergiversación interesada. “El barullo acaba imponiéndose a la reflexión serena”.
En primer lugar –lógicamente- nos habla de la Verdad. Tenemos que olvidarnos de la información en la que se falta a la verdad procurando la manipulación de la noticia, o a la descalificación de las personas que no son de nuestra cuerda. Para los cristianos es preceptiva la búsqueda de la verdad, aunque nos perjudique.
Argumenta verdades como puños: “La mentira aunque parezca útil, destruye”; “la verdad aunque resulte incómoda, libera”; “conviene preguntarnos si nuestras palabras fortalecen realmente la esperanza de quienes sufren y la fraternidad entre personas y pueblos”.
Como verán, sus palabras reflejan de lleno la situación actual de un mundo crispado y dividido por dos posturas antagonistas defendidas mediante una cerrazón maniquea.
El Obispo de Málaga, José Antonio Satué, continúa recomendando a los informadores la práctica de la humildad. Manifiesta que no somos dueños de la verdad, sino sus servidores. Analizar la noticia antes de publicarla, no juzgar a tontas y a locas, así como reconocer que no somos los verdaderos poseedores de la verdad, sino una parte subjetiva de ella. Practicar la escucha, paciencia y serenidad antes de juzgar.
Finalmente nos pide Caridad. “La verdad cuando la usamos como un arma arrojadiza, puede herir a nuestro interlocutor e incluso dañar la convivencia”.
Todo un programa y una lección para los buenos comunicadores, que he tomado prestada de nuestro Obispo, al cual le pido perdón por adueñarme en parte de su “Carta desde la fe”, desde la que he sido interpelado como comunicador.
Al fin y al cabo soy un pobre transmisor de “buenas noticias”, que hago llegar a amigos, conocidos y a cuantos me quieren leer desde las redes sociales. Creo que el pertenecer al “segmento de plata” me permite ser un periodista poco beligerante. Pretendo conseguir “una buena comunicación”.

