
«A Borja Sémper solo cabe desearle fuerza, esperanza y una recuperación plena, rodeado del cariño de su familia, de sus amigos y de todos aquellos que le apreciamos de verdad»
Borja Sémper ha vuelto a demostrar que la verdadera fortaleza de una persona no se mide solo en la tribuna política, sino también en la capacidad de afrontar el dolor, la incertidumbre y el sufrimiento con serenidad y dignidad. Su lucha contra el cáncer de páncreas ha sido un ejemplo de valentía humana que merece respeto y reconocimiento.
Muchos recordamos además otra batalla compartida durante años juntos, epoca muy difícil en el País Vasco: la resistencia frente al terror de ETA.
Hubo una generación de hombres y mujeres que, pese a las amenazas, el miedo y el señalamiento social, decidimos no callar y defender la libertad. Borja Sémper estuvo entre quienes dieron ese paso al frente cuando no era fácil hacerlo. Y quienes vivimos aquella época sabemos perfectamente el precio personal y familiar que implicaba mantener las convicciones.
Por eso, en momentos como este, las siglas quedan en un segundo plano. La política puede separar ideas, estrategias o proyectos, pero la enfermedad recuerda algo más profundo: antes que políticos somos personas.
Yo en lo personal que es lo mas importante siempre estaré a tu lado Borja, porque cuando alguien atraviesa una prueba tan dura, lo importante es la humanidad, la cercanía y la capacidad de acompañar.
Yo hace un tiempo volví al redil de Cristo, la Virgen María me cogió de la oreja y me dio la oportunidad de amar a Cristo que es el camino, la verdad y la vida. Por ello desde una mirada cristiana, también hay una enseñanza en el sufrimiento afrontado con esperanza. La fe recuerda que la cruz nunca tiene la última palabra y que incluso en los momentos más oscuros puede aparecer la fortaleza interior, el apoyo de la familia y la mano de Dios sosteniendo a quien sufre.
La enfermedad muchas veces obliga a mirar la vida de otra manera, valorando lo esencial y dejando atrás tantas superficialidades del enfrentamiento político cotidiano.
El testimonio de Borja Sémper transmite precisamente eso: coraje, resistencia y amor a la vida. Y también deja una lección importante para una sociedad demasiadas veces dominada por el odio y la deshumanización del adversario.
Se puede discrepar políticamente y, al mismo tiempo, reconocer el valor humano de quien tiene enfrente.
Saber mirar lo bueno de los demás, tender la mano y reconocer el valor humano es también una forma de construir una sociedad mejor.
Ojalá esta nueva etapa venga acompañada de salud, paz y fortaleza para él y para su familia. Porque hay luchas que están por encima de cualquier partido, y una de ellas es la defensa de la vida y de la dignidad humana frente al sufrimiento.
A Borja Sémper solo cabe desearle fuerza, esperanza y una recuperación plena, rodeado del cariño de su familia, de sus amigos y de todos aquellos que le apreciamos de verdad.
Que nunca le falten la fe, el ánimo y la compañía de quienes han caminado junto a él en las batallas importantes de la vida.
Porque al final, las personas pasan, la política cambia, pero la amistad verdadera y la dignidad con la que uno afronta la adversidad permanecen para siempre.
Querido Borja, una vez me dijiste que en lo político no nos separaba tanto. Te digo que en lo humano siempre habrá un hilo que nos unirá en el cariño y en la amistad.
Aquí me tendrás siempre.
Aurrera Semper.
