
La casi inexistente agenda política nacional está absolutamente supeditada a la judicial.
Desde el Gobierno se afanan por desmarcarse de los incontables casos de corrupción —desgraciadamente para ellos— sin éxito y desde luego que muy tristemente para España. Las muletillas utilizadas por los sanchistas en su defensa son tan básicas que los abrasa por momentos pues los escándalos se solapan raudamente. La corrupción actúa como auténticas lenguas de fuego, de esas que arrasarán en breve los montes de las comunidades del PP convenientemente para tapar bocas y telediarios. Así lo creemos y así lo afirmamos.

Los escándalos hay que taparlos y si hay que mancharlo todo se hace bien quemando hectáreas, o zascandileando con trenes.
Desde las cloacas de Ferraz actúan como una mancha de petróleo en el mar. Que nadie se lleve a engaños, el PSOE seguirá actuando como lo que es, una organización criminal aunque haga aguas por diversas vías estructurales. Al mismo tiempo la banda del Titanic sigue sonando y para ello, los altos cargos se aplican disimulando y tratando de vender su ruinosa continuidad y su falsaria rutina de gobierno como un valor o una fortaleza, a la par que presuntamente es de suponer que se continuará (aunque con perfil bajo) la ejecución de sus labores criminales. Son una caterva de tarugos y su comportamiento los delata más si cabe pues ya los hemos calado. La actitud de serie o marca de la casa es idéntica a la transmitida por Ábalos, Koldo, Cerdán, Begoña, Leire, el hermanísimo o el ex líder del PSOE de Extremadura (Gallardo) ante los respectivos jueces que los investigan o juzgan resultando a todas luces tremendamente grotescos.
Los ministros y diversos portavoces del partido en todos los niveles administrativos en los que delinquen, repiten miméticamente las instrucciones que les son dadas desde Ferraz y Moncloa bajo la supervisión directa de los equipos legales, probablemente muy pendientes de la tortuosa selección de reseñas que según los editores de la prensa resultan más escabrosas para detallarlas sucintamente en los telediarios, o mediante interminables entregas desde los medios digitales.

Hace mucho que pese a la prensa del régimen y los miles de asesores el PSOE y por lo tanto el gobierno van a rebufo de los acontecimientos.
Echando la vista atrás (hace casi justo un año en vísperas del verano y del parón en el Congreso), recordarán que el PSOE y Sánchez estaban más o menos igualmente acorralados por el caso de su ex secretario general (Santos Cerdán), el cual ingresó en prisión el 30 de junio. De fondo para despistar al personal, retumbaban las reflexiones de los voceros del régimen mareando la perdiz respecto a la posibilidad real de que el gobierno tuviera atados los acuerdos necesarios para presentar a partir del mes de septiembre (fuera de plazo obviamente), los Presupuestos Generales del Estado, cuestión que finalmente no sucedió. Un año después Cerdán cumple religiosamente con el juzgado habiendo pasado a un cierto segundo plano por lo de Zapatero, el caso fontanera (el cual le salpica directamente), y el caso hermanísimo. Duro camino le queda al PSOE y a Sánchez hasta llegar al día 30 pues faltan aun las declaraciones de Begoña y el ex presidente Zapatero, pero por si acaso ante la necesidad de ganar tiempo tratando de llenar la agenda política de contenido fetén, el pasado miércoles, era “el one” quien soltaba una nueva bomba de humo o le colocaba a algunos por delante una nueva zanahoria colgada de un palo—si me permiten la expresión—, anunciando que va a presentar los Presupuestos del 2027.
Ardua tarea tienen los guionistas de Moncloa para llegar indemnes hasta final de mes a diferencia de los socios de investidura que pululan ajenos a lo que les deparará su futuro sin el paraguas de Moncloa. ¿Silencio cómplice, más engañifas o simplemente raciones de trampantojos como el de la Santa Anunciación de los nuevos presupuestos? Esta última entrega ha dado literalmente para un día, el mismo tiempo que los portavoces de los grupos parlamentarios (incluidos sus socios) han tardado en decirle al ministro de pega de Hacienda que se pire.
Es curioso lo del Frankenstein. No te quiero pero te aguanto. Me repugnas pero te necesito. Nos provocas un enorme asco, pero oye, que qué rico que sabe el rancho que me regalas por sostenerte y por eso mire usted, es necesario que se adelanten las elecciones porque no hacerlo es una irresponsabilidad pero eso sí, sin precipitarnos no sea qué. Así que parafraseando nada más y nada menos que a Carlos III para dar la sensación de que aquí arriba somos muy leídos: “vísteme despacio que tengo prisa”.

Feliz día de San Bonifacio
Españazuela a 5 de junio de 2026.

