
«No valoramos suficientemente la importancia que tienen los triunfos de la selección española de futbol para los emigrantes españoles»
La victoria del viernes pasado del equipo español sobre la selección belga, me hizo recordar el sentimiento de orgullo que exultaban los emigrantes españoles en Bélgica, en una noche semejante. Tuve la oportunidad de comprobarlo a finales de los noventa. Estaba con un grupo de malagueños que visitábamos aquel país para apoyar a los emigrantes hispanos. A mí me habían acogido en la casa del conserje del consulado de España en Lieja. Me ubicaron en un pequeño apartamento en la parte alta del edificio.
Aquella noche España jugó contra Bélgica y le ganó. No tardaron en concentrarse en la puerta del consulado, en la casa de España y en el bar casa Pepe, los emigrantes españoles para celebrarlo. Para ellos era un motivo de orgullo el presumir de su equipo ante los belgas. Los emigrantes, quieran o no, tienen un complejo de inferioridad debido a su desarraigo y la lejanía de su terruño.
Supongo que el viernes habrá sucedido lo mismo. Se habrán desquitado de la ojeriza permanente de valones y flamencos a los descendientes de aquellos tercios de Flandes. Aquellos que acamparon en aquella zona a lo largo del siglo XVI. Esta vez no enarbolaban picas y arcabuces, sino un coraje y una gran potencia con el balón.
Me gusta la tierra de Georges Simenon, las aventuras de Maigret y el río Mosa. Lieja es una ciudad muy hermosa (siempre en obras), pero me siento muy orgulloso de la Buena Noticia que ha sido para los emigrantes españoles la victoria hispana sobre los belgas. El lunes presumirán, en las fábricas y en las minas, de un equipo formado en parte por emigrantes deportistas, pero que se unen para darnos una serie de buenas noticias con sus victorias.
Aun recuerdo aquella noche en Lieja en el consulado. Hoy me imagino al Capitán Alatriste y al Duque de Alba portando la bandera española por las calles liéjelois. A los emigrantes españoles actuales, “que les quiten lo bailao”.

