¡MUY BUENOS DÍAS!
Jueves de madrugada, una pintura que mostrar. Hoy os ofrezco una joya, en la que he encontrado al contemplarla retazos de una vida en la que tal vez, sólo tal vez, alguno de vosotros podríais sentiros identificados al leer lo que he escrito a continuación. El deseo de aprender supera los obstáculos, si realmente es lo que quieres.
Bertha Wegmann. Soglio (Suiza), 1847 – Copenhague, 1926. Pintora. Impresionismo, postimpresionismo. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Berlín y en la Real Academia de Bellas Artes de Múnich. Fue la primera mujer en ocupar una cátedra en la Real Academia Danesa de Bellas Artes. Su estilo en la forma de expresarse produce una atmósfera única, en donde los sentimientos se reflejan de una forma espectacular. Retratos, paisajes. Sus obras se encuentran en infinidad de colecciones públicas y privadas, entre ellas el Museo Metropolitano de Arte, la Galería Nacional de Arte y el Museo de Arte Moderno.

«Resignación»
Ella, que salía cada mañana con el pronto despertar
a cargar aquella turba, precursora del carbón,
para llevar a casa unas monedas, familia que alimentar.
Ella, la mayor de cinco hermanos, pequeños ante sus ojos
¡Pero qué guerra que dan! y sus padres ya ancianos
exigiendo sin quererlo a la mayor, no hay piedad.
No pudo hacer unos estudios, no sabía leer, tan solo limpiar
el hermano mediano, la enseñaba cada letra, y la decía:
Tan solo tienes que juntar.
Cuando finalizaba el trabajo y los deberes del hogar
presta iba a la compra, con aquellas monedas ganadas
de su duro trabajar.
Nadie la reconocía, no sabían de su padre, madre o familiar
creían que era una mujer culta por su forma de actuar.
Vestía la mejor prenda, hecha con sus propias manos
con retales encontrados en el camino, eran andrajos;
les daba una apariencia, mostrando serenidad y paciencia.
Entraba a los lugares, usando cuatro palabras: Buenos,
días, tardes y gracias. No comentaba, no criticaba,
el silencio estaba por donde aquellos pasos dejaba.
Y cada noche, mientras en aquél hogar los demás dormían
se sentaba en un rincón sobre una silla vieja, dejando
una antigua tetera, su taza rasgada y aquél libro cuidado
con esmero y delicadeza, lápiz en mano, marcando palabras
desconocidas por ella, para que al día siguiente un hermano
la ayudase a descifrarlas y continuar, resignada a ser ella,
una mujer con rasguños, en cuya piel nos lo muestra.
Era el día una condición, el pensar en todos sin rendición
era la noche una bendición, sumergida en letras puso la pasión.
***
Desde vuestra revista digital La Paseata os deseamos que tengáis un hermoso día de jueves. Me marcho, pero os diré que ella, dio un giro a su vida gracias a aquellas lecturas y a mantenerse en silencio mientras otros murmuraban y cuchicheaban con palabras ciertas o inciertas.
MMB

