
«Me pareció un momento lamentable, antideportivo y muy alejado de los valores a promover mediante el deporte y sobre todo entre dos países hermanos de sangre»
No soy aficionado al fútbol, pero veo los partidos de la selección nacional y hay un detalle que ciertamente me sorprendió, comenzando por la actitud de Infantino al marcar España el gol de la victoria, pues le costó arrancar el aplauso.
Mientras en el césped se alzaba el trofeo, en las inmediaciones del MetLife Stadium, oficialmente llamado estadio Nueva York/Nueva Jersey durante el torneo, y en las pantallas del recinto, los colores de la bandera española tuvieron gran presencia, aunque no en todo, no sé si por error o por prepotencia.
Poco después de la victoria española, la ciudad de Manhattan se rindió a los campeones y el Empire State Building, la torre de JPMorgan Chase y otras sedes financieras se tiñeron de rojo y amarillo para celebrar la segunda estrella de España.
La polémica surgió cuando el MetLife Stadium se iluminó de celeste y blanco en el instante en el que el equipo español levantaba la Copa del Mundo de Fútbol.
La Federación Española expresó su malestar después de que el MetLife Stadium se iluminara con los colores argentinos en ese preciso momento.
Ante las más que lógicas quejas, la FIFA aclaró que «esos colores formaban parte del protocolo oficial de clausura del torneo y respondían a la identidad visual de la competición, descartando que se tratara de un homenaje o referencia a alguna selección en particular».

Yo la verdad es que no acabé de creérmelo, tras ver el favoritismo de la FIFA con Argentina a lo largo de toda la competición con los curiosos cruces en los que se enfrentó y de los que salió airosa con anulaciones de gol contrario y más que dudoso arbitraje.
Antes de la final auguré no juego duro sino juego sucio por parte de Argentina además de juego peligroso y posibles lesiones.
Quedó demostrado en el transcurso del partido, durante las brutales entradas, agarrones y bloqueos más propios de lucha libre que de fútbol que no tuvieron sanción, hasta la más que merecida tarjeta roja a Enzo Fernández por su más que intencionada e imprudente acción sobre Cubarsí en el minuto 93, cuando Argentina todavía no había enviado ni un solo tiro a puerta sobre España.
No digamos ya tras el incidente de malos perdedores provocado por el puñetazo en el pecho de Nahuel Molina a Rodrigo cuando el español saltó para celebrar con sus compañeros el título en el campo, que fue seguido por la actuación de algunos de los más sucios jugadores argentinos como el tal Leandro Paredes que recibió por ello tarjeta roja, todo tras el pitido de fin del partido, situación que padecieron Eric García y Gavi que terminó arrojado al suelo, y la vergonzosa actitud de todo el equipo albiceleste, jugadores y técnicos, excepto un jugador, dando todos la espalda al equipo español cuando levantaba la copa. En la imagen podemos contemplar que únicamente, con el número 21, el delantero José Manuel López mantuvo una honrosa y debida compostura cuando además los vencedores habían aplaudido y hecho el pasillo de honor a los contrincantes argentinos en el momento de subir al podio para recibir la medalla de plata, a pesar de la pésima actuación de algunos tras el toque de silbato al finalizar el encuentro.
Me pareció un momento lamentable, antideportivo y muy alejado de los valores a promover mediante el deporte y sobre todo entre dos países, y es lo que más me duele, que por encima de todo son hermanos de sangre.

