
«La medusa es un bicho antipático que te puede amargar el verano»
Como resultado final, una semana de picores y una marca indeleble en los lugares donde se agarraron las malditas “células urticantes”. El tratamiento es el de toda la vida: agua y ajo. ¡Y eso que son bonitas las medusas!
Esta anécdota me ha hecho recapacitar sobre la cantidad de “medusas humanas” que nos rodean a diario. Se encuentran escondidas y agazapadas esperando a los incautos que se sientan cautivados por su belleza y aparente inocuidad. Ya en la mitología griega describían a la medusa como: “una criatura ctónica (del inframundo) que sirvió como víctima, catalizador y símbolo de poder para los propios dioses griegos”.
Las medusas humanas son esa serie de embaucadores agazapados tras una apariencia normal y que te intentan estafar a diario con anuncios engañosos, timos a través de los medios, asombrosos productos a precio de saldo, compañías eléctricas que regalan el suministro, medicamentos milagrosos, llamadas angustiosas de un familiar en apuros (mentiras nacidas de la IA) así como relaciones maravillosas para las almas solitarias. Te amenazan con tantos otros sistemas maléficos pensados por las “medusas” de turno.
He vuelto a sumergirme en la mar salada con recelo. En tierra firme he aprendido a observar con lupa cualquier intento de estafarme a través de los medios. Desecho cualquier aviso bancario venga de donde venga. Pago gustosamente, pero sin sorpresas, el teléfono, la luz y el gas más caros del mundo. Pero, como pueda, a mí no me pica nunca más una medusa marina o humana. Estoy avisado y señalado.
De lo de Ceuta, mejor no hablar. Me recuerda un famoso cuadro de Gericault que se encuentra en el Louvre: “La balsa de la medusa”.

