
«La vida discurre siempre por un camino. Lo importante es elegir en cada momento el más adecuado»
Se ha puesto de moda realizar el Camino de Santiago. Parece ser que este se viene recorriendo desde el siglo IX. Primero discurría desde el sur de Francia. A lo largo de muchos años este se ha ido ampliando y ahora se ha ramificado y se practica desde muchas partes de la península ibérica.
Tuve la suerte de vivirlo hace casi veinte años. Este verano tenía previsto hacerlo de nuevo, desde el papel de coche escoba, acompañando a unos familiares que tenían previsto recorrerlo a principios de septiembre. Mi rodilla ha dicho que “nones” y me he quedado compuesto y sin camino.
No importa. El teléfono móvil y el “guasap” me han permitido seguir los avatares de estos días como si me encontrara in situ. Lo bueno es que la memoria permanece bastante fluida y me ha permitido casi repetirlo. Llegue en mi pensamiento hasta el monte del Gozo y desde allí contemplé las torres de la catedral Jacobea. Pude entrar por el Pórtico de la Gloria, salir por la puerta de Platerías y comer virtualmente en uno de los restaurantes de la calle Franco.
El camino de Santiago es uno de los “caminos” al que tenemos que acceder a lo largo de nuestra existencia. Pero su ventaja, en caso que lo decidas hacer, es que te hace olvidar las prisas y te permite “parar y pensar” sin influencias externas. La gran mayoría de los que lo realizan vuelven con un recuerdo imborrable.
La buena noticia de hoy es que la vida te permite realizar esta clase de caminos vitales sin moverte de tu sitio. Para pararse y pensar, sobra la parafernalia exterior y te permite recrearte en el silencio, atento a las voces que salen de tu interior.
Me parece un ejercicio mental extraordinario -para aquellos que están dominados por las prisas y los agobios- el realizar el Camino de Santiago, con una buena compañía que respete tus ideas, tus silencios y tus alegrías o tristezas. Todo esto unido a las ganas de vivir.
En esta ocasión he disfrutado de sus beneficios a través de mi esposa y algunos familiares, que han retornado llenos de vida, experiencias y pulpo gallego. Se trata de un crucero en tierra lleno de esperanza y emociones. Os lo recomiendo.
