Conversaciones en el andamio. Los Soprano. Por Francisco Gómez Valencia

Los Soprano.

«Déjenme que les cuente una vieja historia: Hace mucho conocí un conflicto directo de un mando intermedio con los Soprano» 

Alguno que de entre sus filas no quería bien a sus compañeros decidió en ausencia del acusado y por orden de quienes fueran, colgar una carta calificando a los delegados sindicales como reptiles infiltrados. Estos —los reptiles infiltrados—, fueron colocados expresamente por los dos supervisores regionales que tenía la empresa en Madrid cuyo afán era crear mal ambiente entre la plantilla y entre los miembros del equipo de dirección del centro (que era la central, “flagship” y piloto de la marca) contra su propio director, ya que el punto de negocio fue el único de toda la compañía que se negó a secundar una huelga impuesta por los sindicatos de clase, al tener los trabajadores de ese centro en particular mejores condiciones laborales debidamente pactadas con su director. Las condiciones eran más beneficiosas en todos los sentidos que las  que marcaba el propio convenio que ya es decir, llámenme loco: pero eso en el mundo de la empresa se conoce como gestión excelente de los recursos incluidos los humanos, hecho que catapultó su carrera a corto plazo casi de inmediato.

El asunto como era previsible terminó con una gran cagalera del responsable regional de RRHH plegado a los intereses del Comité de empresa y el despido improcedente del ejecutivo en cuestión en un par de días. Entre tanto y habiendo rechazado cobrar la liquidación, no concilió y se buscó la manera de que le defendiera desde el inicio algún abogado de CCOO (con un par). Mientras tanto perdió un juicio paralelo en el que se reclamaba la parte variable de su salario, debido a que el sindicato cambió al abogado sin avisar a su defendido y además se presentó en muy malas condiciones. Pese a todo y después del escándalo en el seno de la empresa, la misma se vio obligada a cambiar los objetivos variables y la forma de cobro al resto de los compañeros del susodicho a nivel nacional, por lo que algo estaría mal planteado.

Mi amigo, viendo el percal y recomendado por la primera abogada que le asignaron y con la que comenzó ganando, la pidió explicaciones del cambio y ésta muy decepcionada con su propia organización, le recomendó nada menos que irse en su nombre a pedir auxilio legal al despacho de Cristina Almeida (donde también colaboraba), hecho que casi le provocó una erección solo de pensarlo pues eso sí que significaba rizar el rizo.

Año y medio después de varios juicios hubo sentencia de estimación parcial por parte del Tribunal Supremo que daba la razón a ambas partes litigantes y mi amigo ahora sí, se prestó a recibir el cheque por la indemnización por despido improcedente cuestión que a esas alturas ya no era ni trascendente ni para él ni para su familia. Obviamente no tuvo que pagar las costas.

Posteriormente a la sentencia final, en la empresa se procedió al despido fulminante también de manera improcedente del director regional de la empresa pues este al conocer el despido apoyó a su colaborador y no a sus supervisores. También se produjo la degradación y traslado a un centro como adjunto a director de uno de los supervisores regionales implicados y el traslado forzoso del otro (pues eran dos los aspirantes a gánster) a otra región de España para realizar otras funciones de menor rango.

De nada sirvió que la mayoría de la plantilla testificara a favor del mando y en contra de su propia empresa aunque se ganó el primer juicio. De nada sirvió que el perjudicado demostrara que el documento no estaba firmado ni escrito a mano. De nada sirvió que la mayoría de la plantilla reconociera que la carta fue colocada en el panel informativo en ausencia de su responsable pues se encontraba en otra ciudad realizando formación para ascender gracias a sus méritos más que demostrados. De nada sirvió estar representado por CCOO es decir, uno de los dos sindicatos que le habían hecho la trece catorce, pues el menda era y sigue siendo un cachondo de la vida que se ríe hasta de Janeiro. 

Obviamente el personaje en cuestión se ubicó laboralmente en menos de 20 días en otra empresa del sector de mayor envergadura y con unas condiciones laborales mucho más satisfactorias. Desde entonces sus choques con esas dos angelicales fuerzas sindicalistas fue una constante en las diferentes empresas en las que prestó sus servicios, aunque en ningún caso lograron torcerle el brazo.

Es más, para salir de otra empresa uso a un liberado como chivato para acelerar la salida sabedor de que estos son los principales colaboradores de la dirección de las empresas. 

En otra ocasión y en otra empresa de otro sector en la que recaló (siempre manteniendo su línea ascendente) me contaba que negoció el convenio colectivo y varios conflictos enquistados desde hace años, trapicheando personalmente por separado asuntos personales y mejoras individuales con todos y cada uno de los miembros del Comité, en cuestión de una semana.

Hoy peina canas, sigue llevando bien colocado el paquete y sobre todo está aquí para contarlo porque él lo vale. Cuando nos vemos de Pascuas a Ramos por el centro de Madrid, mientras echamos unas cañas o unos vinos acompañados de alguna ración de gambas o langostinos en su defecto, solemos hablar entre otras cosas de los sindicatos con el cariño que se merecen porque es que hay que reconocer que cierto tipo de reptiles  son adorables.

Nota: cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia y siempre negaré reconocer que conozco al personaje de nuestras conversaciones de hoy. Es más, en caso de sufrir presiones, me personaré en la embajada americana solicitaré asilo y si me lo permiten me acogeré a la quinta enmienda antes que al jodido quintocolumnismo imperante en el universo sindicalista y empresarial español.

Feliz día de Santa Brígida.

Españistán a 8 de octubre de 2026.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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