Lugares de Madrid: La Garbancita Ecológica. Por Diego Pardos

La garbancita ecológica

«En su próximo viaje a Madrid visiten (además del Museo del Prado, el Santiago Bernabéu o el Valle de los Caídos) La Garbancita Ecológica, en el Puente de Vallecas»

La Garbancita Ecológica nace en 2010 como establecimiento logístico de los GAKs (Grupos Autogestionados de Konsumo) y está ubicado en Vallecas, en la calle Puerto del Milagro. He tenido que entrar en su página web para documentarme, pues nunca he estado en esta “cooperativa popular y ecofeminista de consumidores responsables”. Son sus fundamentos fundacionales la “Responsabilidad Social y el Desarrollo Sostenible”, donde “cada día hay que decidir quién manda: los jefes o el colectivo”.  He de confesar que el nombre de la tienda me produjo unas sensaciones contrarias y contradictorias cuando lo oí por vez primera. Fue gracias a la diputada de Unidas-Podemos en las Cortes, doña Ione Belarra Urteaga, que pude conocer la existencia del lugar. Pues la joven exministra pamplonica confesaba comprar sus alimentos allí, y de algún modo parecía aconsejar a sus gobernados que tal hiciéramos. Particularmente me queda un poco lejos, pero no pierdo la esperanza de visitar algún día el colmado vallecano, aprovechando, quizá, algún partido de fútbol del Rayo, de esos que cuentan habitualmente con la animada presencia de Rocío Monasterio. 

 

Decía que La Garbancita Ecológica me produce una sensación contradictoria, pues si bien su nombre me era muy simpático, el adjetivo me hacía desconfiar, tanto o más que el de La Lenteja Resiliente, pongamos por caso. El nombre ideal hubiera sido, a mi modo de ver, “La Garbancita Agrícola”. Conste que nada tengo en contra de los socios de tan benemérito negocio, y que nada me separa de los clientes que gastan sus ahorros en los turgentes melones y en las alegres berenjenas que allí se ofrecen. Dichos productos parecen buenos y baratos, libres de los sulfitos y sulfatos cada vez más frecuentes en nuestras importaciones alimentarias. Son, además, ecosostenibles y saludables, es decir el típico producto de la huerta española de tiempos pasados, años anteriores a la incorporación de España a la Unión Europea. Además, si uno observa su catálogo puede encontrar curiosidades como los “espaguetis de las estepas del Ebro”, unas olivas con algas y agua de mar o artículos de higiene femenina como “esponjas menstruales”. 

  

Talleres, cursos, compra “online” para madrileños, suculentos descuentos como “Colaborador” de este curioso almacén de “Economía Circular”… Hay algo que, sin embargo, me preocupa: La Garbancita Ecológica se encuentra muy cerca del parlamento regional o Asamblea de Madrid, y dado que la presidente de la Comunidad Autónoma ha declarado reiteradamente ser una apasionada de la fruta, podría darse la difícil situación de coincidir en la tienda con la señora Belarra, dando lugar al inevitable sainete. Me atrevo a sugerir, que dadas las circunstancias se negociara un encuentro en el Club de Tenis Vallecas, que es terreno neutral entre la Asamblea y La Garbancita, a fin de que jugaran un partidito doña Isabel y doña Juana y así resolver amistosamente, a raquetazo limpio, sus diferencias. Magnífica ocasión, además, para promocionar el chandayuso, traje de deporte muy de moda que, según dije en otra columna se vende en Bobo y Pequeño, el célebre comercio de la calle de Atocha. 

 

Sea como fuere, dejen que les recomiende la curiosidad de que en su próximo viaje a Madrid visiten (además del Museo del Prado, el Santiago Bernabéu o el Valle de los Caídos) La Garbancita Ecológica, en el Puente de Vallecas. Si yo viviera por la zona me acercaría por allí a menudo a comprar para reducir la “Brecha Metabólica”, aprovechando mis paseos biodiversos y agroecológicos.  Y es que además -he de confesarlo- me haría mucha ilusión poder saludar personalmente a doña Ione Belarra, miembro -supongo- del Colectivo Ecofeminista Las Garbancitas. Y todo ello, arriesgándome a que me cobre los productos una catedrática de Derecho Constitucional o un profesor de Microeconomía, que encima me echaría el sermón y la bronca… por mi falta de compromiso y participación. 

 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020).

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