Mi querida España, esta España mía… Por Antonio de la Torre

Mi querida España, esta España mía…

«España ha ido a peor, haciéndose mucho más evidente la ruptura social, después del muro que ha levantado durante ocho años el inquilino de la Moncloa»

Con motivo de llegar un año más al poco valorado en España DÍA DE LA HISPANIDAD, conmemorativo del Descubrimiento de América por Cristóbal Colón el 12 de octubre de 1492, recupero un artículo que hace ahora diez años, 22 de septiembre de 2016, publicaba en el Blog cordobés Desde el Caballo de las Tendillas, en el que empecé mis pinitos como analista político aficionado allá por un 3 de abril de 2014, en plena campaña expansiva de aquel VOX que había nacido a principios de ese año y que pasaría a una larga hibernación de cuatro años, justo dos días antes de que se editara mi artículo, es decir, apenas ocho meses después de su parto prematuro. Pero ese es otro tema que no toca ahora.

Decía entonces que, la semana anterior a la fecha del citado artículo, tuve el privilegio de asistir al acto organizado por The Hispanic Council, que se celebró en el salón de actos de la Deusto Business School de Madrid y, lo visto y escuchado allí, me hizo pensar en nuestra España, en medio de una mezcla de sentimientos contrapuestos: pena, desencanto, rabia y, finalmente, envidia sana. Sentimientos, añado ahora, que no sólo se mantienen, sino que se han incrementado ostensiblemente, paralelamente a la deriva que ha experimentado esta España nuestra en la última década, rematando la de la anterior, que marcó tendencia, aunque la cosa viene de antes, creo, pero tampoco me voy a extender en eso aquí, y analizaré en otro momento.

El acto en cuestión respondía al título de El Foro de la Herencia Hispana: “La huella de España en EEUU”, con motivo de la inauguración del Mes de la Herencia Hispana en EE. UU. E insistía entonces con un “Sí, lo que han leído, por muy sorprendente que pueda resultarles. No me negarán ustedes que les ha sorprendido, ¿verdad?”, porque supe en ese Foro que, en los Estados Unidos de América, dedicaban todo un mes a conmemorar la Herencia Hispana, mientras en la todavía llamada en parte de algunos países hispanoamericanos –cada vez menos, me temo– ‘Madre Patria’, nuestra querida España aquí, y en la otra parte esos países “hijos”, se quiere renegar de la verdadera Historia y de esa gesta comenzada el día que hoy se conmemora, hace más de cinco siglos, 534 años exactamente, que algunos tachan de “genocidio” indígena. Comprenderán ustedes, queridos lectores, la mezcla de sentimientos que citaba en el párrafo anterior. Me permito recomendar, entre otros, algunos libros que desmontan esta aberrante Leyenda Negra que buena parte de los españoles creen a pies juntillas desde el desconocimiento de esa verdadera Historia que antes decía. Me refiero a Imperiofobia y Leyenda Negra, de Elvira Roca (2017); Madre Patria, de Marcelo Gullo (2021) y el quizás menos conocido, pero no de menor interés, Historia desconocida del Descubrimiento de América, de Luis Antequera (2021, también).  

Historia desconocida del descubrimiento de América

A raíz de esa triste realidad de la tan ignorada, por muchos, como inconmensurable labor de España en América, me vino al recuerdo, y dejaba constancia de ella en el título de mi artículo, aquella bonita canción que nos dejó Cecilia, entre su corta discografía, después de que un trágico accidente segara su vida. Una canción incluida en su álbum ‘Un ramito de violetas’ de 1975 que, al parecer, fue “víctima” de la “terrible” censura franquista de “entonces” que cambió tres de los estribillos: “Esta España viva, esta España muerta”, “…nueva, …vieja” y “…en dudas, …cierta” por el conocido estribillo común “Esta España mía, esta España nuestra”, que también figuraba en la versión original y que se adoptó como único. Me pregunto qué epítetos hubiera puesto Cecilia de haber vivido la España de cuarenta años de “democracia” después y ¿qué diría hoy –añado–, tras los once siguientes a esos cuarenta, hasta los cincuenta y uno actuales, de su canción? Invito a los lectores a buscar ambas letras, original y “censurada” en “san Google” –lo que hice yo– para comprobar la “dureza” de la censura, que estoy de acuerdo en que no tendría que haber existido, pero que no debe ser exagerada tampoco, sobre todo la que prácticamente no existía en los setenta, que yo los viví con más de veinte años, por lo que sé de lo que hablo y he vivido el abuso que se ha hecho del término ‘censura’ por todo ese submundo de la ‘cultura’ que tanto o más daño ha hecho a nuestra, repito, y no me cansaré de hacerlo, querida España.

Hecho este inciso, que consideraba oportuno, si no necesario, volvía al tema central de mi artículo, la celebración del Foro de la Herencia Hispana: “La huella de España en EEUU”, que consistió en una “mesa redonda en la que se analizó la contribución de España en la historia de EE. UU., el rol de la comunidad hispana en la actualidad norteamericana y el escenario de cara a las elecciones presidenciales del 8 de noviembre siguiente” –las primeras que ganó Donald Trump– en USA. Estuvo moderada por Daniel Ureña, presidente que sigue siendo de The Hispanic Council en la que intervinieron, el escritor e investigador de cuestiones hispanas Borja Cardelús que aseguró que “hoy en día se está trabajando para vender mejor y poner en valor la herencia hispana” –por parte de esta institución, claro, no de las actuales autoridades españolas, como hemos visto no hace mucho en declaraciones de José Manuel Albares  esa marioneta que tenemos como ministro de Asuntos Exteriores– y repasó la influencia histórica de España en Estados Unidos, recordando que ‘las misiones españolas –allí– tenían como objetivo inculcar la cultura occidental a los nativos americanos y que muchas de las grandes misiones españolas se convirtieron después en ciudades como San Francisco o San Diego”, entre otras, y que, “a pesar de la huella demostrada por parte de destacadas figuras, militares y religiosos españoles en la formación de EE. UU., España ha hecho muy poca difusión de su labor en América y aún le queda mucho trabajo por hacer para recuperar la herencia hispana’. Afirmaciones que sin duda alguna siguen más vigentes aún, diez años después. 

El segundo ponente fue el malagueño Manuel Olmedo, una de las personas que más han trabajado para que la presencia de la Herencia Hispana en USA se hiciera patente, y que, en su calidad de Vicepresidente de la Asociación Cultural Bernardo de Gálvez , destacó el logro de haber conseguido que, el también de origen malagueño, que a finales del Siglo XXVIII fuera Gobernador de Luisiana y Virrey de Nueva España, Bernardo de Gálvez  fuera “nombrado en 2014 Ciudadano Honorario de Estados Unidos”, y cuyo retrato se exhibe en la exposición permanente del Congreso más de 230 años después de que se decidiera en la cámara baja del país, añadiendo que, “en el Congreso de los Diputados, hay pendientes dos proposiciones no de ley para reconocer la figura de De Gálvez”. El propio expresidente de los EE. UU. Joseph R. Biden, reconocía ante nuestro Rey Felipe VI, en su última visita a España, en 2024, que «Estados Unidos no sería un país independiente sin vosotros», parafraseando lo que había dicho George Washintong casi 250 años antes. También hizo hincapié Olmedo en “uno de los puntos clave de la presencia hispana en EE. UU.: el uso del español y su crecimiento”, alabando la tarea del Instituto Cervantes “como medio para difundir nuestra cultura e idioma”. Esa gran lengua que sólo en España y en su vigente Constitución (Artículo 3.1) se llama castellano, para no molestar a los principales enemigos de España, los nacionalistas independentistas en los que se ha estado apoyando nuestro todavía presimiente Frankenstein para rematar a España. 

Presencia España en EEUU DECDLT

Y volvía después a esos sentimientos contrapuestos a los que me refería al principio del artículo: pena, desencanto, rabia y, finalmente, envidia sana. El primero, pena, de ver cómo nuestra ansiada democracia ha traído, desde 2004 –incrementado sin duda desde 2018–, el despertar de “las dos Españas” de Machado, tirando por la borda el enorme sacrificio de muchos, y el no menos esfuerzo, de casi todos, llevado a cabo en la segunda mitad de los setenta, para acabar precisamente con eso, el enfrentamiento que dio lugar a una guerra civil entre 1936-39, cuando esas posturas violentas e intransigentes dieron lugar a tal anarquía que desembocó en el enfrentamiento de hermanos contra hermanos.

En segundo lugar, desencanto, viendo que esos esfuerzos que algunos hicieron y muchos seguimos haciendo por el bien de España y de su Historia, no tengan el debido eco en la mayoría de los medios de comunicación –casi todos, diría mejor, con honrosas excepciones últimamente–, que no dudan en consumir tertulias, páginas y noticias magnificando lo que rompe en lugar de lo que une. No menos que los anteriores, rabia, porque el ‘pueblo soberano’ –ese término tan manido y tan poco respetado, especialmente en los últimos años– sigue aguantando el ninguneo al que sus supuestos representantes políticos lo tienen sometido, sin que se produzca el más mínimo atisbo de manifestación pública o movimiento ciudadano serio y permitiendo insultos y vejaciones a los símbolos y leyes sin que nadie parezca dispuesto a acabar con semejante despropósito.

Por último, sana envidia, cuando veo al pueblo norteamericano que no sólo no renuncia a sus orígenes, sino que les dedica nada menos que un mes al año para recordarlos y que, por mucho que se pueda enfrentar en las campañas electorales, cuando elige o sufren cualquier tipo de agresión, son todos –no tantos, diría ahora, desde que el movimiento Woke ha hecho estragos, con la polarización también de la sociedad estadounidense– contra el mundo, en lugar de seguir anteponiendo los intereses partidistas y particulares a los generales del Estado y respetan y defienden sus símbolos por encima de todo, sin que unos descerebrados –que van en aumento– quemen la bandera o los retratos del Jefe del Estado e insulten a su Gobierno –decía entonces (2016), periodistas incluidos, cuando no protagonistas destacados– sin que pase nada en esa espiral de permisividad y de mal entendida “corrección política” en que se ha convertido nuestro pervertido sistema político, que sigue haciendo bueno el VALE TODO y su secuela NUNCA PASA NADA, aunque ahora parece que algunos jueces buenos estén haciendo que sí pase algo.   

Terminaba hace diez años diciendo que me temía que “la cosa no tenía pinta de que hubiera un cambio significativo –y pacífico–, al menos en el corto plazo. Mientras tanto… Mi querida España, esta España nuestra… sigue desmoronándose”. Y no me equivocaba, nuestra España ha ido a peor en lo político y en lo económico –aunque las cifras macro lo edulcoren un poco–, haciéndose mucho más evidente la ruptura social, después del muro que ha levantado durante ocho años el inquilino de la Moncloa. 

Veremos qué dan de sí los cuarenta y nueve días que faltan para la celebración de las elecciones generales anticipadas, que abren una rendija de esperanza, en los que vamos a ver cosas que seguirán caldeando el ambiente porque, como vengo repitiendo, este personaje autócrata, con tintes psicopáticos, morirá matando, y la tensión, como decía Zapatero en la campaña de 2008, le interesa para sus planes. Y ya sabemos lo que sucede con la fiera herida, y a esta “fiera” se le ha herido en lo que más le duele, su EGO. 

 

 

Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de "España, S. A.". Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

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