
«Guam o Guaján fue territorio español, gobernado como parte de la Capitanía General de las Filipinas desde el siglo XVI hasta 1898»
Tras anteriores incursiones en esta tierra y en esta materia que inicié en 2013, sacamos a la luz hoy, en estas jornadas alrededor del Día de la Hispanidad, esta lejana tierra olvidada y a unos españoles también olvidados que hace más de 500 años la sembraron de topónimos hispanos, lugares donde muchos dejaron su vida desde el momento inicial de su exploración, el asentamiento y poblamiento hasta su defensa final en el ocaso del Imperio Español.
No me olvidé de esta bella isla, la perla del Pacífico, en mis dos libros, de Editorial Actas, Españoles Olvidados del Pacífico (2020) y El Lago Español: De Elcano a la Ilustración, el Pacífico un Mar Hispánico (2025).
Recordamos en estas sencillas líneas a los españoles olvidados de la isla de Guaján, actual Guam.
… Pero… ¿dónde se encuentra esta isla?…

Pongamos sobre la mesa que el grave desconocimiento sobre nuestra propia historia es tan enorme que recuerdo, hace ya unos años, en una noticia televisiva que concernía a esta solitaria isla en medio del Pacífico, el presentador se sintió necesitado de aclarar: «para los que no sepan qué es Guam, aclaramos que se trata de una isla en medio del Pacífico que pertenece a los Estados Unidos».
…¡Y éste señor era el que sabía algo!, desde luego no tenía conocimiento de que la isla de Guam fue territorio español donde se hablaba español y vivían españoles durante el nada desdeñable período de 333 años, el triple de lo que lleva siendo norteamericana.

Guam, llamada Guåhån en lengua chamorro, y Guaján en español, término ya en desuso. Chamorro, en lengua chamorro: Chamoru, es la lengua hablada en la isla de Guam y en las islas Marianas del Norte donde comparte la oficialidad con el inglés. En algunos hogares en las Carolinas, sobre todo en Yap y Ponapé, también se sigue utilizando y está oficialmente reconocido. Como recordamos en este trabajo estas islas de Oceanía estuvieron vinculadas a España desde 1521 a 1898-1899. También la usan, en los Estados Unidos, algunos inmigrantes y descendientes de éstos. Es una lengua malayo-polinesia, en la familia austronesia, y tiene muchas influencias del español, llegando a haberse considerado que el chamorro hablado a finales del siglo XIX era un español-criollo.
Hablamos de una isla ubicada en el Pacífico Occidental, perteneciente a Estados Unidos como ‘territorio no incorporado’. Es uno de los dieciséis territorios no autónomos bajo supervisión del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, con el fin de eliminar el colonialismo. Guam fue territorio español, gobernado como parte de la Capitanía General de las Filipinas desde el siglo XVI hasta 1898. Se trata de la más grande y meridional de las Islas Marianas, con capital en la población de Agaña.

La isla de Guam o Guaján, que es como se llamó primero y mientras fue española, fue descubierta exactamente el 6 de marzo de 1521 al fondear allí los navegantes españoles para aprovisionarse de víveres y hacer aguada durante lo que sería el primer viaje de circunnavegación al globo terráqueo, un viaje que completó, como se sabe, el también español Juan Sebastián Elcano, nacido en las españolísimas tierras guipuzcoanas en la expedición de Fernando de Magallanes, que todavía dirigía la expedición y que habría de morir como consecuencia de un flechazo en las Filipinas sólo cincuenta y dos días después, el 27 de abril cuando fondeó en ellas para aprovisionarse.
Pero será Miguel López de Legazpi, gobernador, conquistador y poblador también de Filipinas, quien tome posesión efectiva de la isla el 22 de enero de 1565 y con ella, también de las islas vecinas, las luego bautizadas como Islas Marianas en honor a la reina Mariana de Austria, esposa de Felipe IV, sembradas todas ellas de bellos topónimos hispanos. Así pues, la colonización efectiva de Guam comenzó en el siglo XVII con la llegada de nuevos pobladores procedentes de la Nueva España, y más aún desde la llegada de un desconocido misionero español, el Padre San Vitores, en 1668.
En el año 1663 la reina Mariana de Austria, esposa de Felipe IV, encomendó como principal misión la predicación del Santo Evangelio en todas las nuevas posesiones españolas. Un momento crucial de la vida guamesa o guajanesa es la llegada a la isla del misionero jesuita mencionado, el beato Diego Luis de San Vitores, quien partió de Acapulco junto con Luis de Medina, Pedro de Casanova, Tomás Cardeñoso y Luis de Morales. Los jesuitas llegaron a la isla de Guam el 15 de junio de 1668, estableciéndose en la capital, Agaña. En un principio fueron bien recibidos por el cacique Quipuha, quien incluso se convirtió al Catolicismo, pero pronto estallaron graves revueltas en las que serán muchos los jesuitas, entre los cuales los propios San Vitores y Medina, que hallen el martirio, en una cristianización que tuvo episodios muy sangrientos. Estos disturbios no impidieron que el 2 de febrero de 1669 se levantara la iglesia parroquial de Guam. Los isleños se enfrentaron varias veces a los misioneros españoles hasta que llegó a reducirles el capitán Damián de Explana. En el año 1678 Juan de Vargas y Hurtado (28 de septiembre de 1678 – 24 de agosto de 1684), gobernador de Filipinas, dejó en Guaján una guarnición de 30 hombres a las órdenes de Juan Salas. Una vez pacificados los indígenas, volvieron los misioneros, quienes se establecieron en este territorio hasta el año 1899.

Guaján tuvo una importancia estratégica clave para España en el Pacífico convirtiéndose en el principal puerto de escala para el importante Galeón de Manila o Nao de la China, que cubrió la ruta transpacífica Acapulco-Manila portando las mercancías chinas y orientales. Administrativamente hablando formará parte de la Capitanía General de las Filipinas pero quedaría cultural y espiritualmente ligada mediante profundos lazos con Nueva España. Dicha ruta perduró desde 1565 hasta 1820 aproximadamente, cuando se independizaron los virreinatos americanos, convenientemente fraccionados por los intereses enemigos de España.
Así es como la colonización y evangelización de Guaján forma parte de la gran historia de España, y su pérdida es un episodio más de aquello en lo que podemos incurrir los españoles cuando nos abandonamos a la desidia y al pesimismo. Se trata en todo caso de una historia con su punto de surrealista, de esas que no nos podemos creer.

El 20 de junio de 1898, en el marco de la Guerra hispano-norteamericana que se saldará con la pérdida de varios territorios españoles de Ultramar, la flota constituida por cuatro naves dirigidas por el capitán de navío Henry Glass, que se dirigía a Filipinas para reforzar al almirante George Dewey en la toma del archipiélago, lanza tres andanadas de cañonazos.
En opinión del teniente de navío García «la flota americana vendría de paso para los puertos de la costa de China visitando al mismo tiempo algunos de los nuestros á fin de entibiar la tirantez de relaciones que desde algún tiempo antes venía existiendo entre los Estados-Unidos y España».
Para sorpresa de los norteamericanos, no reciben respuesta alguna sino que, bien al contrario, ve aparecer un bote con tres ocupantes, el teniente de navío Francisco García Gutiérrez, capitán del Puerto de San Luis de Apra, el médico militar José Romero Aguilar, el comerciante barcelonés Francisco Portusach Martínez, con cuatro marineros indígenas y el Cabo de Mar, todos de uniforme, que estaban afectos a la dotación de la Capitanía.
Tuve, en su momento, la oportunidad de leer las Memorias de mi abuelo José Romero Aguilar. Guerra Hispano-Norteamericana 1898. Rendición de Marianas. Capitulación de Manila. Viaje: Agaña-Cavite-Manila-Agaña, 20 de Junio al 17 de Septiembre de 1898. Memorias manuscritas que Jose Antonio y Federico Romero conservan de su abuelo José Romero Aguilar, médico militar destacado en las Marianas en las fechas que ocurrieron estos hechos.
También interesante la figura de Portusach, mercader y ballenero español y por un breve periodo de tiempo Gobernador de Guam. En los medios americanos del momento se referían a él como: Francisco Portusach o Frank Portusach, había obtenido la ciudadanía norteamericana en Chicago en 1888.
Momentos antes de atracar a la escala de estribor del navío americano, sobre la cubierta de popa se podían ver varios oficiales de uniforme blanco, como los españoles, que los miraban atentamente con prismáticos, y además algunos otros individuos vestidos de paisano, que eran periodistas y que con pequeñas máquinas fotográficas tomaban algunas instantáneas del bote que conducía a los españoles.
Llegados a las nueve y media al costado del Charleston, el doctor Romero preguntó en inglés al segundo comandante, que les observaba desde el portalón, si había alguna novedad sanitaria a bordo en cumplimiento del Reglamento de Sanidad Marítima. El oficial contestó que ninguna y les invitó a subir a bordo, conduciéndoles ante el capitán del navío, Henry Glass.
Una vez a bordo del buque, el oficial español… ¡pide disculpas a Glass por no poder haber podido responder a las salvas de cortesía recibidas desde el Charleston, buque insignia de la flotilla! El motivo… El cañón del fuerte no se encontraba en condiciones de hacer fuego desde hacía ya algún tiempo, los cañones de los fortines del puerto, hacía más de un siglo que no se usaban, estaban muy erosionados por el salitre marino y nadie quería dispararlos por miedo a que reventasen, «y, además, no tenemos municiones para ellos».
Glass, que no sale de su asombro, informa a la “delegación” que no viene en son de paz, que España y Estados Unidos se hallan en guerra y conmina a entregar a la isla.

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A todo esto, el teniente coronel de Infantería Juan Marina Vega, gobernador político-militar con sede en Guam, cuenta para la defensa de la isla con cincuenta y cuatro soldados, algunos lugareños armados y un cañón inservible.
Los norteamericanos traen el crucero protegido Charleston, con 2 cañones de 20 centímetros, 6 de 15, y unos 14 de otros calibres, y 600 hombres, y los transatlánticos Ciudad de Pekín, Australia y Ciudad de Sidney, conduciendo una División del ejército norteamericano al mando del general Anderson.
El Regimiento de Oregón norteamericano desembarca con la orden de destruir el castillo español, cosa que ni siquiera necesitó hacer por el pésimo estado en el que ya se encontraba, limitándose a apresar a la guarnición para llevársela a Filipinas y a izar el pabellón norteamericano.

Pero el conflicto estuvo a punto de desencadenarse si no hubiera habido coincidencias y desfases en el tiempo al hecho de que cuando la comisión española regresaba en la chalupa tuvieron tiempo de detener a la Sección de Artillería, formada por 56 hombres chamorros, que venía de Agaña con cuatro piececitas de bronce para «contestar al saludo de la escuadra y enviada por el Gobernador».
Menuda plancha, además de cómica y grave situación, ¿Qué hubieran pensado y hecho los del «Charleston» ?… en fin, hubo buena suerte al llegar a Piti antes que la Sección y poderle ordenar se volviese inmediatamente a Agaña sin corresponder a las reglamentarias salvas y saludos de ordenanza.
El 21 de junio, con una isla desguarnecida en la que sólo queda personal civil, el Administrador de la Hacienda Pública, José Sixto Rodrigo, constituido en nueva autoridad, declara nula la toma de Guaján por abandono, e iza de nuevo el pabellón español… aquello es la “reconquista”. Se hizo cargo del Gobierno interinamente, aduciendo el derecho de reconquista en nombre de España que él, como español y funcionario público, podía detentar al no haber otra potencia que se lo impidiera.
La situación se complicó después. En agosto llegó a la Isla una circular del Gobernador y Capitán General de las islas Filipinas. Indicaba al Gobernador interino, José Sixto, que, de acuerdo al Código de Justicia Militar, el mando se le confería al Gobernador Político-Militar de la Isla… Juan Marina, que había sido tomado prisionero. Hasta 1899 no se aclaró la cosa, cuando llegó en buque militar Brutus a dejar bien claro que España había perdido ya el control de la isla y del archipiélago.
Sólo unos meses después, en enero de 1899, una nueva flota norteamericana al mando del Comandante Edward David Taussig toma la isla de facto siendo su gobernador durante un breve período. Por el Tratado de París, con cuya firma celebrada el 10 de diciembre de 1898 se pone fin a la guerra hispano-estadounidense, y así la isla es cedida a los Estados Unidos junto con Filipinas, Cuba y Puerto Rico.

Hasta 1898 el nombre oficial de la isla fue Guaján, acorde con la pronunciación que representa la actual grafía en lengua chamorro. Como consecuencia de la derrota de España en la Guerra hispano-estadounidense, fue cedida a los Estados Unidos de América en 1898, momento a partir del que se comenzó a usar el nombre abreviado «Guam», por el Tratado de París, en el mismo momento en que España perdía Filipinas, Cuba y Puerto Rico. El mayor general norteamericano Francis Vinton Greene, alumno graduado de la Academia Militar de West Point en 1870, tomó posesión de la isla, de esta manera Guam se convirtió en una estación naval bajo jurisdicción del Ministerio de Marina de Estados Unidos. Para conmemorar dicha fecha se ordenó estampar sobre monedas norteamericanas y pesos españoles de Filipinas, que eran las piezas utilizadas en ese momento en todo el territorio, una marca que contenía leyenda “F.V.G” (haciendo referencia al mayor general Greene), “USA. GUAM” y fecha 1899 dentro de una estrella de cinco puntas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Guaján, ya conocida como Guam, será ocupada por Japón en 1941, y luego recuperada por los Estados Unidos tras la larga y cruenta batalla de Guam, que dura del 21 de julio al 10 de agosto de 1944. En 1950 se concede a la isla un régimen de autonomía y se otorga a los habitantes la ciudadanía estadounidense.
La base norteamericana de Guam que ahora parece ser posible objetivo de King Jong Un, es una de las más importantes del Pacífico, situada en una isla que fue española como decimos durante 333 años.
Por lo que se refiere a los restos de la presencia española en la isla, éstos se aparecen por doquier. Amén del Catolicismo que profesa el 85% de la población; de esa raza mestiza hispano-guajanesa que es el “chamorro”, mayoritario en la isla; de ese curioso idioma del mismo nombre híbrido del español, cuando no el propio español tal como lo hablamos en España; de los topónimos españoles que llenan la isla; y de los apellidos y nombres españoles que, como ocurre en Filipinas, aún portan muchos de sus lugareños.
De hecho uno de sus últimos gobernadores se llamaba Félix Pérez Camacho (2003-2011), fue relavado por otro hispano, Eddie Calvo, y aún hoy llegan a nuestros oídos nombres tan españoles como los fuertes “Nuestra Señora de la Soledad”, “Santa Águeda”, “Santo Ángel”, “San José” y “Santiago”, o los puentes de San Antonio y Tailafak en el Camino Real, el camino costero que une San Ignacio de Agaña, la capital, por cierto así llamada en memoria de San Ignacio de Loyola, con el puerto de Umatac y la Plaza de España, en la cual se pueden encontrar la Puerta de Tres Arcos, la Azotea y la Casa del Chocolate.
No quiero dejar de mencionar a Monseñor Miguel Ángel Olano Urteaga (1891–1970) fue un fraile capuchino vasco y el último obispo español de Guam, cargo que ocupó desde 1934 hasta 1945. Tras la ocupación japonesa de Guam, fue arrestado por las fuerzas imperiales en Agaña el 7 de enero de 1942 y deportado a Japón siendo recluido en un campo de concentración.
Tras la guerra y en una peripecia circular llegando a la India regresó brevemente a Guam, pero las autoridades de Estados Unidos impulsaron la expulsión del clero español por religiosos locales y estadounidenses, lo que llevó a su salida definitiva el 26 de octubre de 1945. El gobernador norteamericano no quería clero fascista ni franquista en aquel territorio.
Olano pasó los siguientes 15 años en Manila, viviendo en el convento capuchino de Lourdes en Ciudad Quezón y asistiendo a obispos locales en el sacramento de la confirmación. Visitó Guam varias veces, incluyendo un viaje en 1958 para asistir a la dedicación de la nueva catedral en Agaña. En 1968, participó en una misa con sus antiguos feligreses de Sumai en Santa Rita-Sumai. En 1960, Olano regresó a España, donde vivió en el convento capuchino de San Sebastián en su Guipúzcoa natal. Olano realizó su último viaje a Guam en 1970 para asistir a la consagración episcopal de su antiguo seminarista, Monseñor Felixberto C. Flores, el 17 de mayo. Olano le pidió entonces a Flores, quien era administrador apostólico de la diócesis en ese momento, permiso para vivir el resto de su vida en Guam. Flores accedió a su petición. El deseo de Olano era morir en su amada Guam y el 21 de mayo de 1970, pocos días después de obtener el permiso de Flores para vivir en Guam, Olano sufrió un infarto en la playa de Ypao, en Tumon. Fue declarado muerto esa misma noche en el hospital naval. El 26 de mayo fue sepultado en las criptas episcopales del santuario de la Catedral Dulce Nombre de María, siendo el primer obispo en ocupar una de ellas.
Esta es Guaján. Tan española como lo fue Cuba o Puerto Rico, Cádiz o Barcelona. Desconocida y olvidada de los españoles, tan poco interesados en nuestra historia cuando no deseosos de alterarla para olvidarla, en un extraño proceso del que probablemente exista algún parangón, aunque yo no lo conozco.
