
El encuentro de jóvenes de distintas “mentalidades” en Madrid, el pasado día 12, creo en mí una tremenda confusión
Uno ya tiene edad suficiente parra haber vivido todo tipo de manifestaciones, algaradas y reivindicaciones tumultuarias. Lo del pasado lunes fue distinto.
Al haber sido testigo en directo de toda la transición, me siento capacitado para reconocer las distintas alternativas con las que se desarrollan estas manifestaciones. Viví con pavor aquel 4 de diciembre de 1977, en el que participé, durante la manifestación a favor del día de Andalucía, que acabó peor que el rosario de la aurora. He presenciado por televisión las luchas callejeras en Cataluña y el País Vasco de hace algunos años. Cada día, a nuestro alrededor, se suceden todo tipo de manifestaciones. En todas ellas los manifestantes han planteado sus reivindicaciones de manera más o menos ordenada y la policía, cuando lo ha creído oportuno, se ha encargado de disolverlas.
Pero lo del lunes se desarrolló de otra forma. Un grupo de adolescentes, animado por no sé quien y enarbolando banderas del siglo pasado, se dirigieron al encuentro de otro grupo de adolescentes y algunos talluditos, que portaban pancartas reivindicativas y banderas republicanas y de otros países. Unos y otros rivalizaban por ver quién lanzaba los insultos más soeces y hacían gestos tales como cortes de manga y limpieza de los bajos con una bandera.
En medio, y como una especie de árbitros, los policías recibían insultos, y algún impacto, de ambos lados. Al final uno de ellos arrojado al suelo y pateado por un grupo de valientes.
¿Qué podemos esperar de estos jóvenes de ideas fijas, con una formación política y humana bastante deficiente? ¿De grupos que se mueven al compás de consignas, que reciben de los “tapados” de la política, que siguen escondidos en sus cuarteles de invierno, mientras estos “pringados” les hacen el trabajo sucio?
En mi juventud hablábamos con ilusión del “pueblo unido”. Los dirigentes políticos no se han enterado. Para ellos lo importante es señalar que los míos son los buenos y los otros son los malos. Como en las viejas películas del oeste. Como siempre los que pican son los jóvenes. De verdad que no les entiendo.
