En el jardín seco de Rick Deckard el proverbio japonés que nos alerta de la entropía: Si lo entiendes todo, debes estar mal informado.
En el Jardín Seco de Rick Deckard: Hoy el proverbio japonés que nos alerta de la entropía

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En el jardín seco de Rick Deckard el proverbio japonés que nos alerta de la entropía: Si lo entiendes todo, debes estar mal informado.


Los científicos están entusiasmados por que han descubierto que un gusanito congelado en Siberia hace milenios, ha resucitado al calorcito y anda por ahí tan campechano

Ante la conjura de la necedad sazonada con el discurso de la cobardía, el invierno avanza, pero yo sueño con Proserpina mito de la primavera, hija de Ceres, la Perséfone griega, y odio y siento celos de Plutón, dios de los infiernos, cuando pienso en sus manos, abrazándola, mientras perpetra su rapto, cuando sus dedos se hunden en su grácil muslo y en su vibrante costado, en un momento eterno del rapto que no quiero que suceda.


Los sôhei fueron una casta de monjes guerreros que ejercieron una enorme influencia política y militar en el país.
Divididos en cientos de sectas, enfrentadas o aliadas entre sí, su presencia en los campos de batalla fue constante desde las Guerras Gempei (siglo XII) hasta el final del periodo Sengoku (siglo XVI), defendiendo los intereses de uno u otro clan samurái, o los suyos propios.
Eran guerreros formidables, disciplinados y bien entrenados, movidos a menudo por la devoción religiosa, lo que los hacía aún más peligrosos.
De entre estos sacerdotes guerreros, los más misteriosos y temibles siempre fueron los yamabushi («guerreros de la montaña» o «el que se oculta en la montaña»): eran fanáticos seguidores de la doctrina Shugendô, cuyas técnicas de lucha se movían entre el esoterismo y un entrenamiento físico casi inhumano.
Los yamabushi siempre han habitado el terreno de la leyenda y la superstición, atribuyéndoseles poderes casi sobrenaturales.

Preciso con las palabras y poseedor de una excelente memoria, a la que no se le escapa un nombre, una fecha, o una precisa anécdota, el maestro José Antonio Sanz Domínguez de Vidaurreta (Guadalajara, 1937), es el claro ejemplo de las ventajas de ejercitar el músculo cerebral, el esfuerzo del estudio y el rigor de la precisión. Con 32 años se convirtió en el primer famoso millonario de España al ganar el popular concurso de TVE «Las diez de últimas» con su tema preferido: La biografía de Manolete. Para ello subrayó, memorizó y corrigió, porque en todas encontró fallos, las mas de setenta biografías del mito del toreo de la España de posguerra que se habían escrito y publicado en todo el mundo hasta el año 1969. Desde entonces ni comprende ni confía en la mayor parte de la gente


Muchos ciudadanos no pudieron leer, ni disfrutar obras como “Lolita” de Vladimir Nabokov, «A Hard Day’s Night» de los Beatles, o Doctor Zhivago de Borís Pasternak. En España yo si pude.

Lo descubro en el metro de París, hoy es el aniversario de Debussy. En la estación de Belleville. El calor es insoportable y un parisino joven, bien trajeado pero informal, deja en su asiento al salir “Le Echos”, uno de los periódicos especializados en economía mas vendidos en Francia.
Así que, con asiento y lectura libres, hasta mi transpiración se calma.
Voy camino del cementerio de Pere Lachaise, para rendir homenaje en sus tumbas a Oscar Wilde, Edit Piaf y Jim Morrisón.
Siempre he sido un mitómano y ahora, con las canas, refuerzo mis pasiones. Un titular del periódico prestado me llama la atención: “Debussy l’insaisissable”. Leo con interés y me sorprende mi comprensión de la documentada información porque desde hace algunos años disfruto con la versión del maestro Celibidache de los nocturnos y La Mer del compositor francés.
Resulta que hoy se cumplen 156 años de su nacimiento y la información, que por cierto a pesar de estar bien redactada y documentada aparece sin firma, ilumina algunas de la reflexiones del maestro que disfrutó tanto en vida de la poesía como para musicar los poemas de Baudelaire, Mallarmé, Verlaine y Gide. El impresionista de los tonos por amor a la evocación.
Comparto mi emoción y mi amigo Rafa, el gran realizador, prejubilado como yo, aporta a mis pensamientos una de sus grandes frases: “Cada vez estoy más convencido de que la música no es, en esencia, una cosa que se puede emitir en forma tradicional y fija. Se compone de los colores y ritmos”.
Y hay que reconocer que lo de los colores suma en el guateque de la sensibilidad. Creo que por eso en París al gran Debussy, con cariño, le llaman el “Whistler de la musique”. Esa ciudad siempre amó y reconoció a sus artistas.




El ‘Cantar de Heike’ (Heike Monogatari) es una epopeya clásica de la literatura japonesa que narra la cruda lucha por el poder entre dos clanes samuráis: los Genji (Minamoto) y los Heike (o Taira).
Es la obra que sentó las bases de muchos de los arquetipos y temas centrales de la posterior literatura japonesa, y aunque se publicó por escrito a comienzos del siglo XIII, se difundió principalmente a través de la tradición oral.
Podría decirse que su importancia cultural equivaldría a la de los cantares de gesta europeos, como ‘El Cantar de Mío Cid’ o ‘La Chanson de Roland’.


Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
