Resaca sentimental por sobredosis del genérico derecho a decidir. Por Manuel Artero

Reconozco mi mareo de los últimos días por abusar de la realidad política española y sus ficciones, claro está, y sobre todo por asomarme con inocencia a ese abismo social que plantean la mayorías de las noticias bomba y los titulares cañón. Pero sobre todo, intuyo que me afectan los disgustos que han asestado a mi corazón un montón de conocidos y amigos que, apresados en la telaraña publicitaria de los falsos conceptos, me recitan el falso mantra del derecho a decidir, con la soberbia propia de su autoestima como progresistas y esos ojos fijos y desorbitados que tan solo había visto antes en los sectarios creyentes de falsos y millonarios profetas.

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