Sin el lirismo de Brassens o la presencia física de Jacques Brel, Gainsbourg necesitaba crearse un personaje para poder salir a escena.
Serge Gainsbourg, mucho más que un personaje. Por Rafael Gómez de Marcos

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Sin el lirismo de Brassens o la presencia física de Jacques Brel, Gainsbourg necesitaba crearse un personaje para poder salir a escena.

Hay una magia especial en los faros que siempre me atrajo. Por lo solitarios, por lo poderosos, por lo que significan físicamente para los navegantes. Por lo que simbólicamente representan para mi. La luz frente a las sombras.

Lo descubro en el metro de París, hoy es el aniversario de Debussy. En la estación de Belleville. El calor es insoportable y un parisino joven, bien trajeado pero informal, deja en su asiento al salir “Le Echos”, uno de los periódicos especializados en economía mas vendidos en Francia.
Así que, con asiento y lectura libres, hasta mi transpiración se calma.
Voy camino del cementerio de Pere Lachaise, para rendir homenaje en sus tumbas a Oscar Wilde, Edit Piaf y Jim Morrisón.
Siempre he sido un mitómano y ahora, con las canas, refuerzo mis pasiones. Un titular del periódico prestado me llama la atención: “Debussy l’insaisissable”. Leo con interés y me sorprende mi comprensión de la documentada información porque desde hace algunos años disfruto con la versión del maestro Celibidache de los nocturnos y La Mer del compositor francés.
Resulta que hoy se cumplen 156 años de su nacimiento y la información, que por cierto a pesar de estar bien redactada y documentada aparece sin firma, ilumina algunas de la reflexiones del maestro que disfrutó tanto en vida de la poesía como para musicar los poemas de Baudelaire, Mallarmé, Verlaine y Gide. El impresionista de los tonos por amor a la evocación.
Comparto mi emoción y mi amigo Rafa, el gran realizador, prejubilado como yo, aporta a mis pensamientos una de sus grandes frases: “Cada vez estoy más convencido de que la música no es, en esencia, una cosa que se puede emitir en forma tradicional y fija. Se compone de los colores y ritmos”.
Y hay que reconocer que lo de los colores suma en el guateque de la sensibilidad. Creo que por eso en París al gran Debussy, con cariño, le llaman el “Whistler de la musique”. Esa ciudad siempre amó y reconoció a sus artistas.

Cumple dos cientos cinco años Wagner, el músico pensador, el del escándalo eterno por intentar atrapar, con melodías, la propia esencia del mund