«Abelardo y Eloísa nunca dejaron de amarse, aún viviendo la pena de experimentar un amor imposible y a la vez la dicha de morir sabiendo que se amaban».
Eloísa y Abelardo, un gran amor prohibido, pasión y desesperación. Por Susana del Pino

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«Abelardo y Eloísa nunca dejaron de amarse, aún viviendo la pena de experimentar un amor imposible y a la vez la dicha de morir sabiendo que se amaban».

Jim Morrison renunció a la lujuria del éxito para refugiarse en París, cuna de la bohemia, y continuar con su obra literaria.