Eloísa y Abelardo, un gran amor prohibido, pasión y desesperación. Por Susana del Pino

Eloísa y Abelardo, un gran amor prohibido, pasión y desesperación.

«Abelardo y Eloísa nunca dejaron de amarse, aún viviendo la pena de experimentar un amor imposible y a la vez la dicha de morir sabiendo que se amaban»

 Cuando hace años conocí la historia de los protagonistas de esta historia de amor que tuvo lugar en el siglo XII, la Alta Edad Media, me sorprendió por una parte el profundo y apasionado amor que sintieron los protagonistas y que aún hoy se puede sentir al leer sus escritos, por otro lado, lo cruel que el ser humano puede llegar a ser guiado y cegado por malos sentimientos como la ira, la intolerancia, la envidia y la sinrazón.

  El joven Pedro Abelardo (1079-1142) pertenecía a una familia noble y su futuro estaba proyectado por sus padres para la vida militar, sin embargo, la pasión por la cultura y el estudio de la filosofía y la teología le llevaron a ocupar el cargo de profesor en la Colegiata Notre-Dame en Melun (Isla de Francia) y después en la abadía de Santa Genoveva de la capital francesa. Fue adquiriendo cada vez más prestigio y consideración, de tal manera que en pocos años ocuparía un importante cargo en la Escuela Catedralicia de Notre Dame de París; su obra se extiende por varios campos como la lógica, la teología, la teoría del conocimiento y la ética. Su gran preparación y la defensa de sus teorías con fuerza y convencimiento le llevarían a duros enfrentamientos con otros filósofos del momento. 

Pedro Abelardo (1079-1142)

  El canónigo de Notre Dame de París, de nombre Fulberto, al conocer su valía le ofreció ser el tutor de su sobrina Eloísa. Pronto surgió el amor entre el eminente profesor y la alumna brillante, veinte años menor que él, e iniciaron un romance apasionado y desenfrenado que marcaría sus vidas para siempre.

  Estas palabras de Abelardo publicadas en su autobiografía Historia Calamitatum son testimonio del intenso amor que vivieron:

… ”Los libros permanecían abiertos, pero el amor más que la lectura era el tema de nuestros diálogos, intercambiábamos  más besos que ideas sabias. Mis manos se dirigían, con más frecuencia a sus senos que a los libros”… 

Eloísa de Argenteluil

  Eloísa de Argenteluil (¿1092?-1164) fue hija ilegítima de un noble francés cuya educación fue asignada al hermano de su padre, el mencionado Fulberto. El gran interés por el estudio y su preparación en lenguas, cultura       antigua, gramática, filosofía e historia clásica en general, la llevarían a formar parte del elenco de mujeres eruditas que protagonizarían un capítulo importante dentro de la historia de la cultura medieval.

  En la Edad Media, la sexualidad y el matrimonio concertado eran asuntos en los que se tenían en cuenta consideraciones de todo tipo, políticas, económicas, sociales e incluso en los que la Monarquía y la Iglesia eran parte influyente, por lo que no aceptar estas consideraciones o intereses significaba ir en contra de las normas establecidas. La historia de estos dos amantes desafía todas las reglas.

Abelardo y Eloísa

  Eloísa era una mujer muy avanzada en sus ideas, la opinión que expresa sobre el amor es para su época muy revolucionaria, en primer lugar, por el simple hecho de exponerla desde su propia experiencia, además de analizar su deseo amoroso afirmando que no existiría en ningún caso pecado de lujuria cuando el deseo sexual tiene lugar por efecto del amor auténtico y sin perversión, para Eloísa el amor se debe alejar de las reglas impuestas de la sociedad y por tanto del matrimonio. Defiende el amor verdadero como un sentimiento noble. 

   Sobre la unión matrimonial su opinión es muy clara, en la Edad Media el sacramento es tan solo una cuestión de interés material para muchas mujeres, pero no para aquellas que verdaderamente están enamoradas.

  Tras tres años de relación entre Eloísa y Abelardo su historia secreta es descubierta por Fulberto, que lleno de ira los separa; sin embargo, Abelardo logró rescatarla y disfrazándola de monja la secuestró, huyendo a Bretaña, en este periodo Eloísa dio a luz a su hijo Astrolabio que quedará al cuidado de la hermana de Abelardo que los acogió desde su llegada.

Abelardo y Eloísa

  Ante tal situación, Fulberto exigió el matrimonio, sin embargo, Eloísa se negaba al no querer dejar de ser una mujer libre, pero para alejar a la joven de la influencia de su tío, que la maltrataba, Eloísa aceptó casarse en secreto con Abelardo e ingresar en un convento donde su ya marido la visitaría con frecuencia.

Fulberto tuvo noticias de la situación, así como de las pretensiones del erudito Abelardo de no abandonar la Escuela Catedralicia de Notre Dame, cargo incompatible con el matrimonio y la paternidad. El malvado tío de Eloísa, cegado por sus deseos de venganza planeó su plan que consistía en contratar a unos sicarios para castrar a Abelardo. Así lo relata el propio protagonista en su autobiografía:

…»Una noche, uno de mis servidores, a quien habían comprado a precio de oro, los introdujo en la cámara retirada donde yo dormía y me hicieron sufrir la venganza más cruel, la más vergonzosa y que el universo conoció con estupefacción: me amputaron las partes del cuerpo con las cuales había cometido el delito del que se quejaban. Luego huyeron. Dos pudieron ser detenidos; fueron condenados a la pérdida de la vista y a la castración.  Uno de esos desgraciados era el sirviente del que antes hablé y que, ligado a mi persona, se había dejado corromper por codicia«…

  Eloísa se dirigía así a su amado en una de sus tras los desgraciados   que los separaron: 

… “ Tú pudiste resignarte a la cruel desgracia, incluso llegaste a considerarla un castigo al que te habías hecho acreedor por transgredir las normas. ¡Yo no, no he pecado! Solo amo con ardor desesperado; cada día aumenta mi rebeldía contra el mundo y crece más mi angustia. ¡Nunca dejaré de amarte! ¡Jamás perdonaré a mi tío, ni la Iglesia, ni a Dios por la cruel mutilación que nos ha robado la felicidad”…

Cartas de Abelardo y Eloísa.

  El sufrimiento del gran erudito le produjo una enorme frustración e ingresó en el Convento de Saint Denis. Más adelante se dedicó de nuevo a la enseñanza, con decisión y fortaleza interior; sus ideas heréticas, debates y discusiones filosóficas tomaron más fuerza, consiguiendo mayor fama y a la vez, adversarios y admiradores.

  La vehemencia en sus discursos y la intransigencia en los debates , no eran del agrado de los monjes de Clunny y el filósofo se retiró finalmente a la diócesis de (Espíritu Santo Consolador) Troyes donde llevaría una vida tranquila y austera; en 1140, durante el Concilio de Sens, perdió una discusión pública en la que fue vencido por San Bernardo, lo que le costó pena de prisión que fue conmutada por la reclusión en un monasterio, gracias a la intervención del abad de la Abadía de Cluny ante el papa . Murió a los sesenta y tres años tras una vida frustrada, víctima de una gran crueldad y con gran amargura al no poder estar junto a su amada Eloísa. Su cuerpo fue reclamado por ésta tras su muerte para ser enterrado en el oratorio dedicado al Paráclito (Espíritu Santo Consolador) mandado construir por Abelardo en su retiro en Troyes (Francia) para Eloísa, fallecida en 1164. Desde el siglo XIX sus restos yacen juntos en el cementerio de Pere Lachaise en París. 

Tumba de Abelardo y Eloísa

  Su historia de amor real, ha sido inspiradora para escritores o pintores a lo largo de los siglos. En el siglo XIV autores como Petrarca (1305-1374) lo refleja en su obra Cancionero a Laura, su amor platónico; el poeta inglés Alexander Pope (1688-1744) quedó fascinado por la historia de los dos amantes y lo refleja en su trágico poema Eloise a Abelardo en 1717, obra que tuvo una gran repercusión y aceptación.

  Jean -Jacques Rousseau (1712-1778) también se inspiró en la famosa historia de amor para escribir Julia o la nueva Eloísa, en la que el autor utiliza los hechos que protagonizaron los amantes para hacer reflexionar sobre los sentimientos humanos, el amor, la lealtad en el matrimonio, el deber, la legitimidad o la libertad; la obra tuvo un gran éxito en su época.

  En el Romanticismo, el tema resultaba muy atractivo para la literatura e incluso se llamó Eloísa a una variedad de rosa. El tema de esta trágica historia de amor y desgracia ha seguido inspirando en los últimos años al mundo cinematográfico con películas como La educación sentimental (1962).

  La correspondencia entre los amantes está considerada como una de la obra epistolar más importante de la época medieval en el siglo XII.

Abelardo y Eloísa. Amor y tragedia

  Con las siguientes palabras de una de estas cartas expresa Eloísa sus sentimientos con respecto a la triste situación que vivieron:

 …»Tú sabes amado mío lo mucho que he perdido al perderte a ti y como la mala fortuna-valiéndose por la mayor y por todas conocida traición- me robó mi mismo ser al hurtarte de mí«…

  Eloísa y Abelardo, un gran amor prohibido que aunque no se les permitió vivirlo juntos, lo sintieron tan intensamente que a pesar de la tristeza y el dolor alimentó sus almas. Nunca dejaron de amarse, aún viviendo la pena de experimentar un amor imposible y a la vez la dicha de morir sabiendo que se amaban.

 ….Y es que el amor, con el que somos capaces de conseguir grandes logros, es lo más maravilloso que podamos experimentar en nuestras vidas, porque sin amor nada tiene sentido.

                                                                                                   

 

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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