El animal humano que viene al mundo, sin guías o modelos acaba siendo un animal cualquiera y se moverá por impulsos, motivados por el deseo inconsciente de conservación
Hacer la sociedad mejor con el animal que llevamos dentro. Por Rodolfo Arévalo

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El animal humano que viene al mundo, sin guías o modelos acaba siendo un animal cualquiera y se moverá por impulsos, motivados por el deseo inconsciente de conservación

Me he dicho esta mañana al mirarme al espejo: “Sí, que ganen los cabeza hueca, a ver si se rompen la crisma contra la realidad del páramo estéril que siembran”. Luego, cuando me he reconocido en el azogue, me he dado cuenta de que los populistas y los falsarios de la educación, con sus palabras tratan de distorsionarla, doblegarla y corromperla. Pero estoy cansado de tanta miserable provocación y falta de responsabilidad.

Paso tímidamente a consulta cuando me llaman y entro en ese espacio en penumbra y decorado casi de forma medieval. Debo confesar que donde esperaba diván, no encuentro más que una gran silla de lo que parece piel dónde se refleja la luz de un flexo en el escritorio, con una pantalla verde de cristal. Lo que son los tópicos.