El aspirante a dictador, no votó en el contubernio del jueves 15-D y no cabe duda de que no es tonto ni de que debe estar muy bien asesorado.
Sanchascal, por caminos distintos, al mismo final: Entre 1934 y 1936. Por Antonio De la Torre

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El aspirante a dictador, no votó en el contubernio del jueves 15-D y no cabe duda de que no es tonto ni de que debe estar muy bien asesorado.

Lo que distingue a los que mandan no es tanto la ideología, pobremente, expresada, sino su extraordinaria capacidad para manejar la propaganda.

¿Seremos capaces los españoles de mejorar esa barbarie, convirtiendo el Valle de los Caídos en una gigantesca cantera de materiales de derribo?

Las catástrofes demográficas son periodos de mortalidad extraordinaria, debida a guerras, pestes y demás inclemencias.

Nunca lograremos agradecer los esfuerzos de nuestro presidente, el doctor Sánchez, por añadirse a la lista de los traidores de la historia.

Con la crisis de subsistencias nos encontramos ante un fenómeno que se creía periclitado desde las cartillas de racionamiento.

Nos encontramos entre la ceguera y las mordazas ante una afrenta al rigor histórico por parte de quienes tienen tanto que callar.

La eliminación del delito de sedición legitimando a los independentistas catalanes es el acto más grave contra el Estado desde el 23-F.

Si algo vale de las personas es su palabra y su integridad. Todo lo demás es accesorio como en esencia es su sanchidad, el perjuro de España.

Las dos últimas generaciones, en la época democrática, han supuesto una minoración progresiva de los casos de violencia extrema en España

En el día que el traidor presenta en el parlamento la despenalización de la sedición justo es afirmar que en la infamia nada es casual.

Los nietos de los derrotados que quisieron convertir España en una república soviética, quieren demoler la Cruz más grande del mundo.

Conviene recordar antes del cuadragésimo aniversario los antecedentes y el paréntesis de casi 50 años en la triste historia del PSOE.

Creo que sería o debería ser posible pues la esperanza es lo último que se pierde, pero he de reconocer que sería como pedir peras al olmo