
«Si algo vale de las personas es su palabra y su integridad. Todo lo demás es accesorio como en esencia es su sanchidad, el perjuro de España»
Cada día me veo más ojiplático cuando me miro en el espejo, ya sé que la palabra ojiplático, no existe, no bobostante, que tampoco existe, y como vivimos en una sociedad conformada a cada instante según la conveniencia política, para permanecer en el poder, de Pedro Sánchez Castejón, no es nada de extrañar que cada mañana permanezca así unos minutos, en silencio frente al espejo, con una cara de tonto que no sería insultante si no reflejara mi gran cabreo, con los políticos que dirigen el país.
Recuerdo que cuando tenía diecinueve años fui voluntario a filas, dado que elegía de este modo cuerpo y destino. Mis amigos estaban en Madrid y claro no me apetecía nada tener que ir a lugares que no conocía a pasar miserias. Por lo tanto elegí el Ejercito del Aire, concretamente la Escuela Automovilista, sita en Getafe. Hice mi instrucción de tres meses tras la cuál, como cualquiera que se precie juré bandera, juré defender mi país, frente a extranjeros invasores o frente a quienes quisieran cargarse la Constitución. No estaba el horno para bollos, todavía no habíamos salido de la dictadura de Francisco Franco, aunque al año siguiente enfermara y muriese en el setenta y cinco. Hice una cantidad de guardias y retenes de no te menees. Y por supuesto perdí el tan codiciado pase de pernocta, que me permitía dormir en casa.
Ya sé que hay gente que no tiene la más mínima dignidad y por ende tampoco tiene palabra, ni respeto, ni buen fondo, ni nada de nada. Esto es lo único que me hace asumir en cierto modo, como los independentistas, que dieron un golpe de estado, pueden mantener la “jeta” frente a los demás españoles. ¿Qué se creen? ¿Qué ellos son maravillosos, auténticos, los únicos seres inteligentes que hay en España y que por eso tienen derecho a partir su país en pedacitos ridículos?
Deberían saber que la mayor parte del comercio y mercancías que producen, la consumen los españoles de otras regiones, provincias y Comunidades Autónomas. Si un día consiguen por la cerrilidad de algún partido en el gobierno que busca apoyo para continuar en el poder su propósito, no sé cuál debería ser la respuesta, del resto de los Españoles, La mía desde luego sería vetar para mi la compra de cualquier producto que ellos comercialicen. Y peor, porque llevaría a otra guerra civil, la respuesta de los militares, puesto que en la Constitución figura el artículo que habla de que las fuerzas armadas tienen el deber y la obligación de defender la unidad de España, por no poner el país. ¿Qué pasa, que cuatro pelagatos engreídos, pueden poner firmes a todo el resto de españoles por sus sacrosantos cataplines? No lo sé, pero yo, desde luego, no me lo tomaría nada bien, porque dado que ya no tengo edad para combatir, debería convertirme en un perjuro de libro faltando al juramento de defender la unidad de mi país.
Cuando besé la bandera roja y gualda, no mentía, cuando juro, lo hago con convicción y asumiendo la responsabilidad, no como muchos polítiquillos, que juran de medio lado para que no se les note el ramalazo anti Constitucional. Si esto ocurre, o sea que no se pueda evitar un enfrentamiento, no perdonaré nunca a quién me deje por perjuro, porque si algo vale de las personas es su palabra y su integridad. Todo lo demás es accesorio, puede obviarse y nada cambiará, pero perderse el respeto a uno mismo, a sus amigos y familiares, no es de recibo, es quedar como quedan ellos cada vez que abren la boca con un rebuzno nuevo y diario.
Ya sé que para gustos están los colores, pero un país que lleva unido cinco centurias no debería desmontarse por el capricho de cuatro indios emplumados que consideran tener poco poder y dignidad, formando parte, solo de la segunda división política. Demasiado hacen el resto de españoles para que ellos puedan darse pisto y boato. Debería bastarles. Si no les basta solo puedo creer que todo se debe a un egoísmo exacerbado, a un yoyoismo de libro y a una estupidez de antología.
Todas estas son las razones por las que cada día me veo ojiplático cuando me miro en el espejo, ya sé que la palabra ojiplático, no existe, no bobostante, que tampoco existe, y como vivimos en una sociedad conformada a cada instante según la conveniencia política, para permanecer en el poder, de Pedro Sánchez Castejón, no es nada de extrañar que cada mañana permanezca así unos minutos, en silencio frente al espejo, con una cara de tonto que no sería insultante si no reflejara mi gran cabreo, con los políticos que dirigen el país. Total ¿Qué más le da a los menores?, al parecer como de esto no hablan nunca sus teléfonos móviles, es que no existe, y menos para una sociedad infantilizada, carente de valores y en gran parte enferma de psicopatías varias. Y como de todas maneras decirlo no sirve para nada, pues eso, que con su pan se lo coman.
