No hay líneas rojas en Moncloa. Prueba de ello es la reunión y consiguiente foto con defraudadores fiscales.
La Portada de Linda Galmor: No hay líneas rojas en Moncloa

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No hay líneas rojas en Moncloa. Prueba de ello es la reunión y consiguiente foto con defraudadores fiscales.

La historia pondrá a cada uno en su sitio, no me cabe ninguna duda de que a este sujeto lo exhibirán en un establo junto a otros utensilios de dudosa utilidad.

Fiestón gratis total de los Sánchez con sus amigotes en la Finca Quintos de Mora de Patrimonio Nacional. – Pon la tele que sale el Borbón…

Esto nos aísla cada vez más de los países democráticos y desarrollados y nos acerca a los países subdesarrollados y dictatoriales.

No hay separación de poderes. El Legislativo elije al Ejecutivo y este al Judicial. Los políticos se protegen y atacan utilizando al funcionariado-

Dentro de esa política de la perra gorda, antes de mantener la reunión con Feijóo, el “prolífico” copista doctor Plagio cum Fraude se fue a Barcelona para rendir pleitesía al presidente de la Generalidad-

Teniendo en cuenta el camino que nos ha impuesto, el impresentable y populista, Presidente Sánchez, es una lastima no haber pillado algo.

Medios, instituciones, partidos… se rinden ante su presencia. Sánchez, el Lobsang Rampa español, tiene a todos abducidos.

Algo hemos ganado en el PP Español estos últimos meses, porque parece que van dejando de ser tolilis para convertirse únicamente en toláis.

Sánchez aparca su querido Falcon en la Particularidad catalana. Toca reunión amistosa con el jefe de los fruitis.

No hay dinero para la compra de Telefónica. Da igual, Sánchez nos endeudará. Saldrá más caro: precio de compra más intereses del préstamo.

Le gusta jugar, lo malo es que juega con un juguete muy caro, el pueblo español, o al menos en contra de una parte muy importante de él.

Habiendo colocado al astronauta en Hispasat y a Miguelín en la Unesco, llega el momento de Pepeluí en Telefónica.

Felipe González, viajaba en un avión que el PSOE alquilaba para los desplazamientos de partido. Es la diferencia entre un hombre de Estado y un okupa del poder.