Ayer en la GranVía, ennmoquetada de fiesta por San Isidro, ante miles de vecinos, lo volvió a conseguir con su Orquesta de primeras figuras. Mastretta es único. Si hay algún músico en España con vida propia, original, ajeno a los vientos dictados por la moda y las campañas de publicidad, ese es Nacho Mastretta. Vivan los músicos.
Encima del escenario, además, es capaz de contagiar su arte al transformar los minutos en delicadas esencias de alegría y fiesta, ensueños y sentimientos que el alquimista parece saber gobernar con precisión. Por eso es un gran compositor de música para películas. Sus ritmos y melodías amplían y profundizan las imágenes, reales o las inconscientes de nuestro ideario colectivo, para convertirlas en mensajes que se clavan directos en el corazón y nos permiten así, escaparnos de la cotidianidad de nuestras vidas. Beetthoven lo expresó perfectamente «La música es la mediadora entre la vida de los sentidos y el espíritu» y Nacho Mastretta consigue en cada disco, y en cada actuación, seguir los dictados del maestro al pie de la regla. Y ayer, digo, lo volvió a conseguir.
