El Gran Verano del Juno I.- La singladura.

Después de un año con invierno duro incluido acerco el Juno al mar. Hasta el puerto de Altea, en Alicante, donde duerme arropado en esa primera noche por grandes yates. El Juno es un velero de seis metros cuarenta de eslora, diseñado y construido en lo astilleros polacos de Gdansk que hace ya muchos años importó desde Cartagena un ingeniero amigo mío, Pedro de las Heras, uno de eso hombres a los que se estima, respeta y quiere desde  la primera conversación y yo conseguí a través de uno de sus hombres de confianza, el genial Javier de Frutos,  especializado en la acción y amante, como todo el equipo, de la mar y la vela.

El Juno no duerme hoy: Vela armas. Le llega el olor a mar, esa música infinita de las olas acariciando los diques de abrigo y su estructura, intuyo como casi se despierta al soñar con imposibles ceñidas. Sueña con esas cosquillas en el casco y la tensión de la orza al navegar. Desde su proa todavía empaquetada divisa los grandes barcos pesqueros al abrigo del viento de Levante que se avecina. Y yo no me doy cuenta a pesar de que vuelvo a casa las nubes me dicen que se avecina tormenta.

A la mañana tras una buena limpieza comienza el rito de su armadura. Primero el foque, luego la Mayor. Le acoplo el motor de respeto que compré hace ya cuatro años. Me acompañan y trabajan ilusionados mi hija Regina, 14 años, y Berni,  19, primogénito varón de Bernardo, mi amigo alicantino: Un Viejo, capitán o patrón que ama los barcos y la navegación a vela y ha sabido trasmitir a su hijo la admiración por el viento y las olas y el respeto por el mar.

El motor va y los tres disfrutamos de la salida por el Puerto sin la necesidad de realizar mil bordos para enfilar la bocana. Afuera nos esperan el poder del viento y las calamidades porque yo no preveo la fuerza del Levante ni una necesaria revisión profunda de mi barco después de un año en seco. El jóven Berni, capitán intrépido, y amante de la velocidad del viento se ilusiona con la fuerza siete. El ha competido en mil regatas con su Laser, en el Mediterráneo y hasta en el Atlántico, y me dice que así son los días buenos, pero tampoco oye al viejo Juno, tan ilusionado con navegar que se olvida de aclararnos sus deficiencias en un obenque de acero, el tornillaje de la orza y la podredumbre en la caña del timón.

Y mar adentro, con olas de cuatro metros, Levante fuerza ocho, el Juno rompe uno de sus obenques, la caña del timón cruje y se desgarra, y por mi impericia tenemos que volver a puerto remolcados por la zodiac de salvamento.  Recuerdo a Conrad, «No hay nada más seductor y esclavizante que la vida humana en el mar» y me preparo para reparar al Juno. Nos esperan grandes singladuras.

Manuel Artero Rueda

Manuel Artero Rueda ha dedicado toda su vida profesional a la televisión en la empresa pública RTVE donde, en los últimos veinte años, y después de haber trabajado como ayudante de producción y realización. ha realizado su oficio de periodista como reportero en el programa Informe Semanal, para el que ha realizado mas de trescientos reportajes. Licenciado por la Universidad Complutense, es autor del libro "El reportaje para televisión un guiño a la noticia" , un práctico temario con el que ha impartido clases tanto en el Instituto Oficial de RTVE como en el máster de periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos. Desde el ERE inventado por Zapatero para TVE, dedica su esfuerzo y trabajo esta "La Paseata" un sencillo blog personal que con el paso de los últimos años, se ha convertido en una modesta revista electrónica en la que colaboran un grupo de amigos a los que une el amor a España.

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2 comentarios

  1. El mar que detiene la noche entre la malicia y la virtud. El puntillero y afligible mar, el gran impúdico, la gran impudicia. El mar, la meada que relaja.¿Cuajará algún día el mar? Cuando él nos cuaje a todos. El mar, de tantos colores como ahogados. Billones de ahogados. ¿Tomarán los ahogados el color del mar o será al revés? La mar: la gran puta con suspendida luna blanca llena de miradas, aburrida de ojos, pegajosa de suspiros, sin esquinas ni huecos donde ocultarse.¡Eh, marinero, no comprometas tu existencia, cuidado con el chorro de espuma de ballena!¡Saludos al curioso y taimado leviatán! ¡No despiertes a Nereo! Debes saber que en el mar existen partícipes de reconocida crueldad, amigos de las espantosas tempestades, nunca le des la espalda ni cierres los ojos pues es imposible conocer a todas sus olas, nunca le prometas hermandad ni pacto alguno pues te engañará. ¡Eh, marinero de agallas de roble, no llores como una niña! ¡Cuidado que no se pudra el velamen! ¡Calafatea a conciencia! ¡Orzad brioso! Ojalá tengas éxito al cruzar por el canal estrecho de agua de caoba, tendrás que hincar espuelas y singlar a todo viento tal como enseña la metafísica del buque.Suerte que ya murieron los cíclopes y lestrigones. ¿Quién dijo que dominamos los mares de color púrpura? El barco, embarazado de ojos, se enamora de horizontes que no existen, no te equivoques de mar y puerto.¡Colgad de la verga el escapulario mayor! ¡Agárrate bien a la cornamusa! ¡Cuida que los ahogados no sujeten la cadena del ancla! ¡Soplad, vientos del Sur!

    1. Brillante. El Barco Ebrio y toda la carga infinita desde mitológica y hasta sobre todo poética y romántica. La llama de Don Manuel , su palabra, pensamiento y tino, y tu Macaon, que no se quien eres, este comentario tuyo, brillante.

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